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Conferencia de monseñor Juan Antonio Martínez Camino: La fuerza de la debilidad (los sacerdotes y seminaristas mártires del siglo XX en Madrid)

La fuerza de la debilidad (los sacerdotes y seminaristas mártires del siglo XX en Madrid). Conferencia de D. Juan Antonio Martínez Camino

El viernes 10 de mayo se celebró la festividad litúrgica de san Juan de Ávila, patrono del clero español. Con ese motivo y a partir de las 11:00 horas, en el Seminario Conciliar de Madrid, se homenajeó a los presbíteros que este año celebran sus bodas de oro y plata sacerdotales. Los homenajeados fueron representados con unas palabras a cargo de Mons. José Cobo, obispo auxiliar de Madrid (bodas de plata) y D. Lucas Berrocal, párroco de Nuestra Señora de Europa, bodas de oro. Presidió los actos, acompañado por los obispos auxiliares, el cardenal D. Carlos Osoro, arzobispo de Madrid

La conferencia magistral fue impartida por monseñor Juan Antonio Martínez Camino, SJ, obispo auxiliar de Madrid, con el título de: La fuerza de la debilidad (los sacerdotes y seminaristas mártires del siglo XX en Madrid).

La mañana conclucon una Eucaristíaconcelebrada en la capilla del Seminario, presidida por el cardenalD. Carlos Osoro, acompañado de los obispos auxiliares: D. Juan Antonio Martínez Camino,D.José Cobo, D.Jesús Vidal y D. Santos Montoya; acompañó también el obispo auxiliar de Mendoza (Argentina) D.Marcelo Fabián Mazzitelli,junto con lo sacerdotes homenajeados.La jornada terminó con una comida fraterna.

Conferencia de monseñor Juan Antonio Martínez Camino

El santo patrono del clero secular español (sacerdotes diocesanos) y doctor de la Iglesia universal, san Juan de Ávila terminó su peregrinación por este mundo en Montilla (Córdoba) el 10 de mayo de 1568. Por tanto hoy celebramos el cuatrocientos cincuenta aniversario de su muerte.

Después de esta introducción agradeció, al Sr. Cardenal, obispos auxiliares, vicarios, sacerdotes y asistentes en general, la asistencia, especialmente a los sacerdotes que celebran las bodas de plata (26) y de oro (29).

Estoy muy contento, dijo, por poder compartir con todos vosotros, algunos de los pensamientos y sentimientos sobre un tema básico de la espiritualidad cristiana, como es la fuerza de la debilidad. He elegido el titulo con ocasión de la reciente aparición de un libro singular para nuestro presbiterio, pero también parra la Historia de la Iglesia de España y del mundo. Me refiero a la obra publicada por la BAC que se titula: “Martirologio Matritense del siglo XX”, en referencia a sacerdotes y seminaristas de la Diócesis de Madrid-Alcalá y otros martirizados en Madrid.

Divido mis palabras en dos partes. Primero una referencia a este libro y en un segundo momento, haré referencia a esa fuerza que se manifiesta en la debilidad, de la que nos habla tanto el maestro de Ávila (sanJuan de Ávila), como el Apóstol san Pablo. Confío que nos sirva en estos tiempos que nos ha tocado vivir.

Hace dos años, justamente aquí, don Andrea Riccardi, comenzaba su intervención, dando dos razones por las que estaba muy contento de ser invitado a hablar a los sacerdotes de la Diócesis de Madrid. Después de haber manifestado la amistad que le une a nuestro arzobispo el cardenal, Riccardi destacó el relieve especial que la Iglesia de Madrid tiene para los cristianos europeos en conservar la fe, comunicar la fe y vivir la caridad. A continuación citó otro aspecto menos conocido, que hace significativo a mis ojos, decía él, la Iglesia de Madrid, que es una Iglesia martirial. ConJuan Pablo II, bajo su impulso personal, he estudiado la historia de los nuevos mártires y estoy convencido, dijo, de que debemos abrir con más fe el testamento que nos han dejado y han dejado a esta Iglesia madrileña, dijo Riccardi.

Continuó Martinez Camino, después de esta referencia a Riccardi, indicando que llevaba ya dos años trabajando en este libro, que quiere ser una humilde contribución a esa referencia que hacía Riccardi: que vayamos abriendo con más fe el testamento que nos han dejado los mártires.

Empiezo con una referencia a este libro, su novedad, su gestación y su contenido.

Se trata de una especie de diccionario biográfico, que recopila los datos fundamentales de la vida y la muerte de 427 sacerdotes y seminaristas de Madrid o muertos en Madrid, víctimas de la persecución que tuvo lugar en 1936. Son breves alusiones, la más extensa ocupa 4 páginas. Pero contamos con una visión panorámica de todos ellos, suficientemente documentada y contrastada. Es ésta la novedad y aportación de este libro: 427 sacerdotes y seminaristas que padecieron esa persecución. Casi todas las diócesis de España ya tenían su propio martirologio, algunas desde hace muchos años; por ejemplo, Barcelona desde 1943, Toledo desde 1945, Cuenca desde 1947, Valencia desde 1951. En Madrid aparece ahora. El paso del tiempo nos ha permitido tener una obra mejor elaborada y documentada. Ha sido un trabajo durante más de 4 años, con un grupo de personas amplio, que trabajando en archivos han hecho posible el libro que ahora se presenta. El punto de partida del trabajo fueron seis listas de sacerdotes que no coincidían. Una es la de don Antonio Monterode su libro “Historia de la persecución religiosa en España 1936-1939”. Es interesante destacar que este Martirologio Matritenserecoge 62 mártires que no aparecen en el estudio de Antonio Montero. Montero aporta seis nombres que da equivocadamente como mártires, y que hemos visto que no fueron martirizados, incluso uno que murió en el 2014.

De los 427 mártires, podemos decir que 350 eran sacerdotes con oficio eclesiástico en Madrid, 24 eran capellanes castrenses, 11 eran seminaristas de Madrid. Los restantes hasta 427 no tenían oficio en Madrid, pero vivían en Madrid o habían venido a esconderse a Madrid o los habían traído sus verdugos a Madrid. El libro contiene diversas tablas o índices en los que los mártires aparecen y pueden ser localizados según distintas referencias: por lugar de nacimiento, por edades, por fecha de martirio, por lugar actual de la sepultura, por pertenencia diocesana, por oficios, por lugar de ejercicio del ministerio. Tiene, asimismo, listados generales por orden alfabético de apellidos y/o de nombres. También tiene índice de lugares y de autores.

Algunas cifras globales en referencia a las provincias, el libro constata que 85 eran de Madrid, 44 de la capital, y 41 de otros municipios; de Guadalajara 31, de Burgos 25, de Toledo 25, de Segovia 21, de Jaén 19, etc. En cuanto a edades, el más joven 16 años (seminarista) y el más anciano 94. De todos ellos es destacable que más de la mitad no se sabe, hasta la fecha de hoy, dónde fueron enterrados.

¿Cómo afrontaron su martirio? Queda claro que todos eran conscientes de lo que les esperaba. Conscientes que por ser cura o seminarista, tenían la muerte cercana. Lo tenían asumido. Sabían lo que había pasado en Méjico diez años antes, conocían lo que había pasado en Rusia, lo que venía pasando en España desde 1931 y en particular desde 1934. Por ejemplo, el joven párroco de Collado Villalba, Ignacio González Serrano, tenía 28 años, leía con frecuencia una biografía que acababan de publicar los jesuitas sobre el P. Agustín Pro, hoy beato, que había sido asesinado en 1927. El cura de Villalba llevaba este libro en el bolsillo y había manifestado: “Yo cuánto daría por ser mártir como el Padre Pro”. A los diáconos que fueron ordenados sacerdotes en la capilla de este Seminario el 6 de junio de 1936, el obispo don Leopoldo, les dijo “el que tenga madera de mártir, que de el paso”. Y todos dieron el paso. No quisieron abandonar sus parroquias, porque el buen Pastor no abandona su rebaño. Así el párroco de San Martín de ValdeIglesias, que precisamente se apellidaba Pastor, (Ángel Pastor Sánchez) de 50 años, le advirtieron del peligro, pero no quiso abandonar la parroquia. Y así muchos más. En el libro se hacen las referencias pertinentes.

¿Dónde está el poder? ¿Está el poder de lado de los verdugos o del lado de las víctimas inocentes que mueren? ¿Es el perdón por un bien mayor? ¿es un signo de debilidad o más bien la manifestación de un poder más fuerte que el odio y la muerte? Esta es la cuestión. Es la pregunta que nos plantea la muerte de los mártires, comenzando por la muerte de Cristo. No es una pregunta marginal en la fe cristiana. Pregunta que se puede formular de muchas maneras, pero aquí está en juego el ser del cristianismo. El ser o no ser de verdad sacerdotes de Jesucristo. San Pedro Poveda, el único sacerdote diocesano, en España, mártir del siglo XX escribía: el discípulo no puede ser mas que el Maestro. Es preciso padecer con Cristo. Es el cristianismo adulterado de los que pretenden librarse de preocupaciones, de persecuciones. Los mártires nos marcan el camino. No se puede servir a Dios y al poder; al poder del tener, ni al poder de la fama. Ese “ego” que engorda con el tener cosas y con el tener fama. No hay felicidad sin sufrimiento. No hay caminos fáciles. Todo andar debe pasar por la cruz. Sufrir con Cristo para contar con Cristo. Esta es la lección de san Pablo. San Pablo mencionaba que llevaba una espina en la carne. ¿Qué espina era esa de la que habla en el cp.12 de la carta 2ª carta a los Corintios?

“…Yo podría gloriarme de alguien así, pero no de mí mismo, a no ser de mis debilidades. Aunque si quisiera gloriarme no sería ninguna locura, porque estaría diciendo la verdad; pero no lo hago, para que nadie piense que soy más de lo que aparento o de lo que digo. Por eso, para que yo no me creyese más de lo que soy por haber recibido revelaciones tan maravillosas, se me ha dado un sufrimiento, una especie de espina clavada en el cuerpo, que como un instrumento de Satanás ha venido a maltratarme. Tres veces le he pedido al Señor que me quite este sufrimiento, pero el Señor me ha dicho: “Mi amor es todo lo que necesitas, pues mi poder se muestra plenamente en los débiles.” Así que prefiero gloriarme de ser débil, para que venga a residir en mí el poder de Cristo.  Y me alegro también de las debilidades, los insultos, las necesidades, las persecuciones y las dificultades que sufro por Cristo, porque cuanto más débil me siento, tanto más fuerte soy…»

(2 Cor12,5-10).

Se han realizado multitud de interpretaciones. Algunos han pensado en las llamadas tentaciones de la carne en referencia a la lujuria. San Juan de Ávila piensa que san Pablo se refiere a una debilidad aún mayor: ambicionar la ambición, que se alimenta de bienes materiales frente al poder de Dios manifestado en la cruz. Y con frecuencia -esa mundanalidad espiritual- se lleva a cabo con pretexto de labores apostólicas y de amor a la Iglesia. Con tanta frecuencia se cae en esa postura semejante a la pregunta de los 12 apóstoles, que en el momento previo de la Ascensión se acercan y preguntan a Jesús: ¿es ahora, Señor, cuando vas a restaurar el reino de Israel? Seguían pensando, como lo habían hecho siempre, que el poder del Mesías, la fuerza del Mesías era como el de los poderes de este mundo. No había sido suficiente ni la advertencia del Tabor, ni siquiera los encuentros con Jesús resucitado. Jesus les dará la fuerza del Espíritu para que sean sus testigos hasta el confín de la tierra.

Testigos. Todos los cristianos son testigos y lo son de manera especial los mártires. Mártir testigo de sangre, igual que Cristo. Con Jesús, testigos de Cristo. Es lo que san Pablo entiende. La fuerza se realiza en la debilidad. Y así escribe: “…mi amor es todo lo que necesitas, pues mi poder se muestra plenamente en los débiles.” Así que prefiero gloriarme de ser débil, para que venga a residir en mí el poder de Cristo…”. Es así como me alegro de los insultos, las persecuciones las dificultades que sufro por Cristo. Porque cuando me siento débil, tanto más fuerte soy.

San Juan de Ávila asumió con fervor la doctrina de san Pablo. Se cuenta que un padre dominico, que consideraba a Juan de Ávila como un hereje, en una ocasión se escondió, mientras predicaba san Juan de Ávila. Cuando le preguntaron el parecer, el dominico contestó: “vengo de oír a san Pablo comentándose a sí mismo”. San Pablo sufrió por el evangelio y san Juan de Ávila fue perseguido, sufrió la cárcel. En la carta segunda escribe: el entendimiento de la Escritura no existe sin la persecución. San Juan de Ávila aprendió en un año de cárcel más que en todos sus años de estudio. La fortaleza en la flaqueza es más perfecta.

El estamento que nos han dejado los mártires, nuestros hermanos los sacerdotes y seminaristas, mártires del siglo XX, es providencial. Dios Providente sabía que necesitamos hoy, tal vez como nunca, estos testimonios. El siglo XX ha sido el tiempo de la apoteosis del superhombre; un siglo de las violencias más terribles de la historia. Los ídolos de ese siglo se mostraron, como suelen siempre, sedientos de sangre. Eran ideologías ateas y totalitarias, de diversos signos políticos, que se hicieron con el poder para tratar de imponer supuestas soluciones totales a los problemas humanos. Todo debido a una supuesta superioridad moral, avalada por una (en este caso cierta) superioridad técnica. En ese contexto del siglo de la violencia y de las víctimas, fueron más numerosos que en toda la anterior historia del cristianismo los seguidores de Jesucristo, que pagaron con su vida el precio de la fe. No es una peculiaridad de España. Los números son asombrosos, en particular en Europa.

No sabemos cómo seguirá, ni cómo acabará el siglo que estamos comenzando. El siglo XX es el siglo de los mártires. Esta nube ingente de mártires, son testigos privilegiados del único verdadero poder, que es el poder de Dios. El poder del amor y la misericordia de Dios. Un poder más fuerte que la muerte, que nuestros pecados. Elmartirologio matritenseestá al servicio de ese testamento de los mártires, no está al servicio de ninguna causa política, ni social. No está contra nadie. Si alguien lo usara para acusar a alguien no lo utilizaría en su verdadero sentido. Su sentido es que resplandezca el poder de Dios. Si nos enorgullecemos de esta herencia, no es por deseo de revancha, sino para que quede de manifiesto el extraordinario poder de Dios que ha estado actuando en todo tiempo y lugar, también en el siglo XX. Poder que se ha manifestado en la humildad humana de los mártires e incluso en la humanidad de sus perseguidores. Y segundo que por la intercesión de san Pablo, de san Juan de Ávila y de santos y beatos mártires del siglo XX en Madrid, todos nosotros que somos indignos sacerdotes de Cristo, no tengamos miedo de sufrir con Cristo, sino que deseemos compartir su cruz gloriosa, de modo que su poder resplandezca en nuestra debilidad para su gloria.

Madrid, 10 de mayo 2019

José Manuel Coviella Corripio

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1 comentario

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  • Dios mío, que bien te expresas.
    Menudo cierre de artículo haces al final.
    Qué valientes fueron y tus palabras llenan por completo ese vacío que deja la muerte en el Sagrado Oficio de la revelación de Dios y su Poder en la Luz.
    Eres un genio José Manuel al expresar tanta cordura en la Misión sacerdotal.
    Enhorabuena, me has hecho vibrar con el Amor en el Sacrificio por el ejemplo de no abandonar la Misión en Cristo.

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