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Condolencias de la Santa Sede por la muerte de Filaret, metropolitano ortodoxo de Minsk

El Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos ha expresado sus condolencias a la Iglesia ortodoxa rusa tras la muerte, el 12 de enero, del metropolitano de Minsk, Filaret, exarca patriarcal emérito de toda Bielorrusia. El dirigente eclesial, que tenía 85 años, había dado positivo en covid-19 y pasado casi un mes ingresado en un hospital de la capital.

Filaret, explica el organismo que preside el cardenal Kurt Koch, fue presidente del Departamento de Relaciones Eclesiásticas Exteriores del Patriarcado de Moscú de 1981 a 1989, contribuyendo desde esa responsabilidad al desarrollo de las relaciones entre la Iglesia ortodoxa rusa y la católica. Desde 1990 —tras la caída del muro de Berlín— y hasta 2013, lideró la Iglesia ortodoxa en esta nación, «comprometiéndose con el renacimiento espiritual del pueblo bielorruso y con la consolidación de las buenas relaciones entre los cristianos». La carta de condolencias de la Santa Sede va dirigida a su sucesor en Minsk y Zaslavsk, el metropolita Veniamin.

Obispo y agente del KGB

Nacido en Moscú en 1935, Kirill Vakhromeev, su nombre secular, fue uno de los más destacados dirigentes de la ortodoxia rusa. De hecho, según ha recordado la agencia AsiaNews, su nombre figuró en dos ocasiones en la terna de candidatos a patriarca de Moscú, la última, en 2009, en la elección que deparó el nombramiento del actual patriarca, Kirill (Gundjaev). En esa ocasión, Filaret retiró su candidatura en la última ronda de votaciones para favorecer la designación de su rival.

Ordenado sacerdote por el entonces patriarca Aleksei I en 1961, el dirigente bielorruso fue consagrado obispo solo cuatro años después, en 1965, convirtiéndose en uno de esos «jerarcas breznevitas» (en alusión a Leónidas Breznev, secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética) a los que se pidió que defendieran los intereses comunistas soviéticos en la política nacional e internacional. De hecho, fue un agente activo del KGB, siendo el de «Ostrovsky» su nombre en clave.

El metropolitano emérito de Minsk llevaba ya tiempo fuera de la vida pública. Su voz, por ejemplo, no se oyó tras la represión por parte del régimen de Aleksandr Lukashenko —a quien había apoyado en el pasado— de las multitudinarias manifestaciones habidas en agosto por el presunto fraude electoral. El Presidente bielorruso, el único que ha conocido el país desde la independencia, lleva 26 años en el poder gobernando la nación con mano de hierro, sin que la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) haya reconocido hasta ahora ninguno de los comicios celebrados allí desde 1995. En su día, Lukashenko fue el único miembro del Partido Comunista nacional que votó en contra de la disolución de la Unión Soviética.

Filaret obtuvo numerosos reconocimientos estatales «por sus servicios al renacimiento de los pueblos bielorruso y ruso». Entre ellos están la Orden de la Patria de tercera clase, la Orden de la Amistad de los Pueblos, la Orden de Honor, la Orden de Francysk Skaryna y la Orden de Rusia para el Servicio a la Patria de cuarta clase. En 2006 recibió, asimismo, el título de Héroe de Bielorrusia.



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