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Concierto de Navidad: El Papa pide a los artistas generar la luz de la belleza para el mundo

El papel del arte en el momento histórico crítico que estamos viviendo, azotado por una pandemia que en el sufrimiento está haciendo que todos nos redescubramos interdependientes. Este fue el foco del discurso del Papa esta mañana a los artistas que actuarán en el concierto de Navidad de este año en el Vaticano. Una Navidad, no dejó de recordar el Pontífice, de “luces tenues”, que nos impulsa a pensar y rezar por los que sufren.

Del arte a la empatía, a una nueva socialidad

La creación artística, por lo tanto la “percepción y contemplación de la belleza”, en la lectura que el Papa hace de ella a los artistas, tiene en sí misma “tres movimientos”. El primero es el de los “sentidos”, generado por el asombro, el segundo el que toca la interioridad y el alma humana, despertando “recuerdos, imágenes y sentimientos”, y luego un tercero, que es el “sentido de la esperanza, que irradia también sobre el mundo circundante”: En este punto, el movimiento exterior e interior se fusionan y, a su vez, afectan a las relaciones sociales: generan la empatía capaz de comprender al otro, con el que tenemos tanto en común. Es una nueva socialidad, no sólo vagamente expresada sino percibida y compartida.

Desde el arte, una sensación de paz que conduce a la armonía

Del triple movimiento desencadenado por el arte, “el asombro, el descubrimiento personal y el compartir”, se genera “un sentido de Paz que nos libera – dice el Papa citando el testimonio de San Francisco de Asís – de todo deseo de dominio sobre los demás, nos hace comprender las dificultades de los más pequeños y nos empuja a vivir en armonía con todos”. Una armonía que está ligada a la belleza y la bondad”.

La creatividad puede generar luz en la pandemia

El vínculo entre la armonía, la belleza y la bondad tiene sus raíces en el Génesis, donde encontramos – explica el Papa – el adjetivo “bueno” que en hebreo se traduce en un sentido amplio como “armonioso”. Y desde la belleza de la Creación también podemos entender cuál es “nuestro papel en el mundo ante tanta grandeza”, los artistas -dice Francisco- son conscientes de ello, los que, como decía San Juan Pablo II, “percibiendo en sí mismos la chispa divina de la vocación artística” están llamados a ponerla al servicio de la humanidad, o, como decía San Pablo VI, son “amantes de la belleza” que el mundo necesita para no hundirse en la desesperación. Incluso en el desconcierto causado por la pandemia, su creatividad puede generar luz. La crisis ensancha “las sombras de un mundo cerrado” (cf. Encíclica Hermanos, 9-55) y parece oscurecer la luz de lo divino, de lo eterno. No cedamos a este engaño. Busquemos la luz de la Natividad: atraviesa la oscuridad del dolor y de la tiniebla.

Los artistas llamados a transmitir la verdad y la belleza

Así que las últimas palabras del discurso del Papa se convierten en una verdadera apelación a los artistas, “custodios de la belleza”, cuya vocación “alta y exigente” es transmitir “verdad y belleza” con “manos puras y desinteresadas”: Ambos infunden alegría en nuestros corazones y son un “fruto precioso que resiste el desgaste del tiempo, que une a las generaciones y las hace comunicarse con admiración”. Hoy como entonces, esta belleza se nos aparece en la humildad del pesebre. Hoy, como entonces, lo celebramos con un espíritu de esperanza.



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