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Opinión

Concepto y fin de la iglesia

Un profesor de religión puso a sus alumnos como examen de fin de curso la siguiente pregunta: “Por dónde se entra a la Iglesia”. Todos, menos uno, contestaron por la “puerta”, y  uno sólo contestó por “el bautismo”. El profesor les dijo: El término Iglesia tiene dos acepciones, una, principal y originaria, que es comunidad y congregación de fieles cristianos, a la que se entra por el bautismo,  y otra, secundaria y derivada, referida al lugar y establecimiento de culto y reunión de cristianos, como son los templos parroquiales, a los que se entra por la puerta, pero la verdadera respuesta es por el bautismo.

 La Iglesia es la institución evangélica comunitaria creada por Jesús de Nazaret para que sus discípulos y fieles cristianos prediquen el reino de Dios o de los Cielos y vivan según sus enseñanzas, y puesta en marcha y en actividad  por la comunidad  primitiva cristiana y apostólica de Jerusalén. El evangelista Mateo la menciona tres veces. Las Actas de los Apóstoles, veinte y tres. Santiago el Menor, una. Juan evangelista, tres en su tercera Carta y veinte en el Apocalipsis. Pablo de Tarso, sesenta y cinco en sus catorce Cartas, definiéndola como El Cuerpo de Cristo, en el cual Jesús de Nazaret es la cabeza y el cuerpo son todos los cristianos  como Pueblo nuevo de Dios.

   Jesús de Nazaret comienza su predicación evangélica diciendo en la sinagoga de Cafarnaúm: “Ha llegado a vosotros el reino de Dios” (Mt.12, 21), y “ya está entre vosotros” (Lc. 17, 20).  Recorría toda Galilea diciéndoles a sus paisanos judíos en las sinagogas:”Mi reino no es de este mundo” (Jn.18, 36), sino que es espiritual, universal y escatológico.

 Espiritual, porque nos dice: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente, y amarás al prójimo como a ti mismo, en estos dos mandamientos contiene toda Ley y los Profetas” (Mt 22,37-40), y nos da: “Un mandamiento nuevo, amaos los unos a los otros, como yo os he amado, en esto conocerán que sois mis discípulos” (Jn. 13 34-35).

          Universal, porque manda a los apóstoles: “Id y enseñad a todas las gentes, bautizándolas y en el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt. 28, 18), y “enseñad el Evangelio a toda criatura, el que creyere y se bautizare se salvará, pero el que no creyere se condenará”  (Mc.16, 15-16).

Escatológico, porque nos manifiesta: “Vuestra recompensa en el cielo”(Mt.5,12). En este sentido: “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria se reunirán ante él todas las naciones, y como el pastor separa a las ovejas de los machos cabritos, así separará a unos de otros, poniendo a las ovejas a su derecha  y a los machos cabríos a su izquierda. Entonces dirá el Rey a los que está a su derecha, venid benditos de mi Padre a poseer el reino preparado para vosotros desde el principio del mundo, porque tuve hambre y me disteis de comer……. ¿Cuándo Señor te vimos con hambre y te dimos de comer? El Rey responderá, cuando lo hicisteis con uno de mis hermanos más humildes”……, (Mt 25, 31- 46).

 Históricamente la Iglesia, por interpretaciones y disputas dogmáticas y  disciplinarias de sus miembros, se dividió en diversas Iglesias, entre ellas, la  Católica, la Maronita, la Ortodoxa, griega y rusa, las Patriarcales de Oriente, la Luterana, la Anglicana episcopaliana, etc.….

Hoy día, vemos que este mundo actual es profundamente egoísta, hedonista y materialista, los hombres y mujeres se sienten fascinados por el poder económico y político, por su profesión y trabajo como medios de vida para conseguir su bienestar y disfrutar de la vida lo máximo posible, infravalorando y menospreciando los valores y virtudes religiosas, morales y espirituales. Es más, en muchos casos, los cristianos que  peregrinan en este mundo son ignorados, perseguidos y arrinconados .Ante esta realidad adversa, el papa, Juan Pablo II, había exclamado: “La Iglesia ha vuelto a ser la Iglesia de los mártires”.

El fin y la finalidad de todas las Iglesias es predicar y vivir el reino de Dios o de los Cielos como una comunidad espiritual, universal y escatológico de vida eterna, cuyos ciudadanos aman filialmente a Dios Padre y fraternalmente al prójimo, haciendo obras de caridad y misericordia, espirituales y materiales, imitando al samaritano compasivo del Evangelio y en este mundo, para que como recompensa, al final de nuestra vida terrena, el rey, Jesús de Nazaret, nos coloque a su derecha como  ovejas en el reino de Dios o de los Cielos.

José Barros Guede

A Coruña, 6 de marzo del 2014

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