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Opinión

Con olor a oveja, por José Moreno Losada, sacerdote

Con olor a oveja, por José Moreno Losada, sacerdote

En Teología nos explicaban la tesis teológica de la “Comunicatio Idiomatum” en lo que se refería a las naturalezas en Cristo, aquello de lo divino y de lo humano, lo que se decía de una y se podía decir de la otra al mismo tiempo.

Ahora, este Papa nos lo pone en román paladín con aplicaciones prácticas; nos dice que esta Iglesia que está enraizada y fundamentada en la Trinidad divina tiene que oler a oveja, y lo dice mirando a los pastores que tienen en sus manos el servicio del magisterio -el más- aclarando que sólo se puede ejercer siendo ministerio -el menos-; o sea, que el mejor modo de vivir desde Dios no es otro que entrar en el idioma de la encarnación, porque así es como se ha dicho el Señor, en su humanidad. Ya nos decía Juan de la Cruz que, a partir de ahí, Dios se ha quedado mudo en Jesús de Nazaret, en su humanidad se ha dicho totalmente lo divino. La propia Cristología, por tanto, nos reclama vivir el ministerio a pie de calle, al hilo de la vida del pueblo, en la comunidad, caminando a la par, sabiendo ir delante para animar, en medio para acompañar y detrás para acoger y consolar, sin que se pierda ninguno de los que nos han sido dados.

Traigo a colación esta reflexión porque en estos días de agosto está entre nosotros un sacerdote, José Murillo Tejada -“Joseíto”-,  que lleva casi toda su vida ministerial en Cataluña. Él es de Extremadura, en concreto de Granja de Torrehermosa (Badajoz), y está celebrando sus cincuenta años de sacerdote en este pueblo querido del que yo también soy parte. Ha querido celebrarlo aquí con nosotros porque él no ha perdido su identidad de origen y de misión. Fue aquí donde creció, se hizo persona, se formó como sacerdote y dio sus primeros pasos en la Diócesis de Badajoz.

En sus primeros años, al visitar la familia y gente de los pueblos extremeños en Cataluña, sintió que allí hacía falta ministerio sacerdotal que acompañara a los que iban desde aquí buscando su pan y su futuro, pero que fueran acompañándolos, compartiendo la experiencia e iluminando evangélicamente la misma y viviéndola en primera persona como uno más. Y con el deseo de “oler a oveja” –como pide ahora el Papa Francisco- pidió permiso, cogió sus maletas y se fue, como un emigrante más, a aquella iglesia catalana y a aquel país. Tuvo claro el criterio de encarnación en su doble sentido: no perder identidad de origen y saber integrarse positivamente en la nueva realidad.

De este modo, ha conseguido ser uno de los sacerdotes más valorados en el presbiterio de Barcelona, precisamente por esa doble fidelidad, saberse extremeño siendo fiel catalán y viceversa. Ha tenido cargos y responsabilidades en la Iglesia Diocesana, y su querida parroquia. Pero no sólo lo ha hecho con su persona y su quehacer sacerdotal, sino que esa luz le ha guiado en su pastoreo.

José ha ayudado a la gente a no perder referencias de identidad extremeña, a valorarla y ponerla en alza en la cultura catalana como una aportación, a la vez que ha sido  semilla, grano de mostaza y levadura para que ciudadanos extremeños bien preparados supieran estar en la política y cultura catalana, desde su origen, haciendo país con ilusión y ganas: generando ciudadanía auténtica para todos. Desde ahí han salido concejales, alcaldes y hasta ministros que, teniendo origen extremeño, han dirigido  la política catalana. Por eso, en esta celebración de su cincuenta aniversario sacerdotal en nuestro pueblo común de origen, quiero estar unido a él  y darle gracias por lo que me ha aportado siempre como referente sacerdotal. Para mí es un ejemplo de cómo ser fiel al pueblo, saber ser a la vez pastor y oveja, sin perder el olor  ni el dolor de las que más lo necesitan y nos demandan con sus gritos callados. Él lo vivió con el pueblo que emigró en los años sesenta y, ahora, cuando se acerca su jubilación, lo vuelve a vivir con una nueva emigración más globalizada.

En una reciente entrevista, él comentaba y comparaba estas dos experiencias: “Al comienzo, nos encontramos con un barrio muy distinto; ha cambiado, pero cuando yo llegué fueron aquellos aluviones de gente joven de Andalucía, Extremadura, Galicia, de todas las regiones de España. Entonces, yo intenté, pues, meterme con ellos en los bares, en el trabajo, en la calle, para ver la realidad de la persona, del trabajador y del mismo barrio. Fue el momento aquel en que empezaron a salir de los pueblos, los pueblos se diezmaron, sobre todo hubo algunas economías o regiones de entonces que quedaron diezmadas, sobre todo el sur de España, Andalucía, Extremadura, donde había los grandes latifundios que todo estaba en manos de cuatro o cinco. Como se decía de Extremadura es tierra rica hombres pobres, porque la mayoría del proletariado no tenían nada. La salida emigración fue una solución, no solamente la interna, también la externa, Alemania, Francia. Al comparar la inmigración actual con aquella, la diferencia  diría que era más fácil conectar, ahora cuesta, porque a pesar de que uno se esfuerza en querer compartir con las personas de diferentes países, no es fácil, por una parte y por otra, distintas culturas, en el barrio tenemos distintas lenguas, distintas religiones, esto ha cambiado mucho. Hay dos sectores; en el que estamos ahora hay gran cantidad latinoamericanos y, en el barrio de los bloques, La Florida, hay, más bien, magrebíes, distintas lenguas y religiones. De todos modos, en el trato que yo he querido tener con ellos, no me he fijado en diferentes religiones y lenguas, sino en intentar conectar, pero sí que hay diferencias entre antes y ahora. Entonces, se creó un barrio joven que, al pasar los años, se ha envejecido, pero se ha iniciado esta nueva inmigración, pues tuvimos hace unos diez o doce años que pocos niños se veían por la calle. Yo recuerdo que, cuando empecé en la enseñanza, en las academias, las clases eran reducidas de espacio pero muy densas de alumnos, sala reducida con sesenta, setenta alumnos y llegó un momento que aquello cambió, y las clases se quedaron vacías; ahora, con la nueva inmigración, las clases se ven llenas de nuevo”.

Como se puede observar, las circunstancias cambian, pero el pastor sigue en medio de ellos, queriendo oler y saber cómo servir más y mejor al pueblo; es el ejemplo de un pastor universal dispuesto a caminar donde el pueblo vaya y le necesite, tanto en lo que se refiere a lugar como a estilo y la pastoral correspondiente. Me da que nuestro hermano José entendió bien aquella lección de la  “Comunicatio Idiomatum” en Cristo y, desde ahí, está viviendo su ministerio, siendo fiel al verdadero magisterio, del que fue maestro y señor lavando los pies a sus discípulos y sabiendo vivir de un modo conciliado y comunicativo, hasta en el ser extremeño y catalán a la vez, sin ruptura ni división.

  José Moreno Losada. Sacerdote



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