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Iglesia en España

Con María, peregrino en la esperanza y en la paz, por el obispo de León, Julián López Martín

“CON MARÍA, PEREGRINO EN LA ESPERANZA Y EN LA PAZ”

             Queridos diocesanos:

Estamos en el mes de mayo, mes dedicado a la Santísima Virgen María en plena celebración de los 50 días de alegría de Pascua a Pentecostés. Ella acompaña a la Iglesia en cada una de las comunidades locales de los fieles como hizo en la espera del Espíritu Santo perseverando unánimes en la oración (cf. Hch 1,13-14). Cumplía así el encargo que Jesús le había hecho desde la cruz de ocuparse de Juan como madre (cf. Jn 19,26), y de todos los discípulos representados en él. En aquella espera, recuerda el Concilio Vaticano II, “María imploraba también con sus oraciones el don del Espíritu, que en la Anunciación ya la había cubierto a ella con su sombra” (LG 59).

Esta preciosa escena se repite misteriosamente cada vez que los fieles cristianos se reúnen para orar en común o para celebrar la santa Misa u otros sacramentos “con María la Madre del Señor”, como se dice en la plegaria eucarística. Es lo que ha sucedido en Fátima los pasados días 12 y 13 de mayo bajo la presidencia del Papa Francisco con obispos de todo el mundo que conmemoraron el centenario de la primera de las apariciones de María a los tres pastorcitos. Fue, como se había anunciado, una celebración de “acción de gracias por el don que Fátima representó para la Iglesia y para el mundo”. Con este motivo la Oficina de prensa de la Santa Sede había dado a conocer el logo y el lema de esa gran asamblea presidida por el Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia universal: un rosario en forma de corazón y la frase “Con María, peregrino en la esperanza y en la paz”.

El 13 de mayo de 2000 yo tuve la gracia de participar en una celebración semejante a la que acaba de tener lugar y en la que el Papa Francisco ha canonizado a los videntes de Fátima Francisco y Jacinta Marto “en la misma tierra que fue su cuna y que ahora es su altar”, en frase de san Juan Pablo II cuando llegó a Cova d’Iría. Entonces el Santo Padre acudió a Fátima, en palabras del entonces cardenal Secretario de Estado, no solo para beatificar a los dos “pastorinhos”, ahora canonizados, sino también como “un renovado gesto de gratitud hacia la Virgen por la protección que le había dispensado durante esos años de pontificado. Es una protección que parece que guarda relación también con la llamada “tercera parte” del secreto de Fátima”. Como se recordará, san Juan Pablo II estuvo a punto de perder la vida en el atentado que sufrió el 13 de mayo de 1981, fiesta de Ntra. Señora de Fátima.

¿Qué ha pretendido ahora el papa Francisco con su peregrinación a Fátima? Estaba claro que visitar el célebre santuario de Nuestra Señora al cumplirse el I centenario de lo que es ese bendito lugar. Ha sido, pues, una visita de “acción de gracias por el don que Fátima representa para la Iglesia y para el mundo”. Además ha permitido que fuera una inmensa muchedumbre los que han acudido allí para rezar con él pidiendo la conversión de los corazones a Cristo en el lugar que el hoy papa emérito Benedicto XVI denominó “corazón espiritual” de Portugal. De ahí el lema de la peregrinación citado en el título de esta carta: “Con María, peregrino en la esperanza y en la paz”.

Invito a leer y meditar sus discursos y especialmente la homilía en la Misa de canonización. Permitidme recoger estas palabras del Papa: “No podía dejar de venir aquí para venerar a la Virgen Madre, y para confiarle a sus hijos e hijas. Bajo su manto, no se pierden; de sus brazos vendrá la esperanza y la paz que necesitan y que yo suplico para todos mis hermanos en el bautismo y en la humanidad…”.

+ Julián, Obispo de León

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