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Si se callase el ruido

Con los ojos del amor

Siempre que paseo con mi padre vuelvo llena de energía. Disfrutamos juntos de las conversaciones pero sobre todo de estar. De estar juntos. De comentar las cosas más sencillas. De lo esencial. Me llega su ternura. Su sonrisa bondadosa. Su felicidad.  Su agradecimiento por cada pequeño gesto. A él no le hace falta mucha teología para saber, vivir  y anunciar que Dios está en lo pequeño, que la aceptación de lo que viene es fundamental en la vida y que con amor y  esperanza todo se puede.

Mi padre, a sus 80 años, nos lo enseña cada día. Es un hombre que cuida, que está pendiente de los demás, que sonríe ante las dificultades, que nos hace fácil la vida. Y más que fácil: nos hace ver que cada día es único y que solo dando se puede ser feliz.

En esta mañana tan cercana a la llegada del Niño, ya en casa de vacaciones, en silencio, mi padre me sigue recordando que esta Navidad tiene que vivirse con más esperanza que nunca.

El Papa hoy en la audiencia ha pedido “meditar en silencio ante le pesebre y dejar que renazca en nosotros  el ‘estupor’ por la forma maravillosa en la que Dios ha venido al mundo. Esto hará renacer en nosotros la ternura-  ¡Y hoy necesitamos mucho la ternura!”.

Parar, contemplar, ver de verdad a los que tenemos al lado, a los más cercanos, con los ojos del amor, será anunciar la Navidad. Muchas veces en esta vorágine de prisas, de trabajo, de compras, no vemos a los que nos necesitan,  a los que nos reclaman tiempo sin decirlo o una palabra amable porque no han pasado un buen día. Son nuestros cercanos. Nuestro prójimo más próximo. Son nuestra familia y amigos, que piden sin pedirlo, calidez y ternura. Solo eso. Tanto y tan poco. Será nuestro reto en estos días, cuando en Belén se va a producir la mejor de las noticias, la que cambió el mundo.

Hagamos que José, María y el Niño, cuando nos miren llenos de paz y amor, desde el portal de Belén, vean a personas extraordinarias en lo cotidiano, en las dificultades, a personas que brillan  y  que anuncian esa alegría que viene de Dios. ¡Alegrémonos! y pensemos que  el Señor hace “nuevas todas las cosas” (Apocalipsis 21:5).

¡Feliz y gozosa Navidad!

23 de diciembre de 2020

Cristina del Olmo
@olmocris



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