Carta del Obispo Iglesia en España

Con la mirada de Dios, por el arzobispo de Barcelona

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Con la mirada de Dios, por el arzobispo de Barcelona

Carta dominical del arzobispo metropolitano de Barcelona, Mons. Juan José Omella, correspondiente al 11 de junio de 2017. 

El domingo de la Santísima Trinidad –un día especialmente centrado en el misterio de Dios- tenemos cada año un recuerdo para nuestros hermanos contemplativos y nuestras hermanas contemplativas, a quienes tenemos cerca, en los conventos y monasterios de nuestros pueblos y ciudades. Ellos rezan por nosotros y por las necesidades del mundo, rezan para que el Reino de Dios se vaya extendiendo entre nosotros. Los contemplativos y las contemplativas nos recuerdan que los cristianos estamos llamados a cultivar la dimensión contemplativa que todos hemos recibido de Dios, cada uno según su estado de vida y sus posibilidades. La contemplación no es un don exclusivo de los monjes y las monjas.

El lema de la jornada Pro Orantibus de este año, citando la Constitución apostólica sobre la vida contemplativa femenina Vultum Dei Quaerere, es: “Contemplar el mundo con la mirada de Dios”. Aunque parezca imposible, en nuestro mundo hay muchos hombres y mujeres que se sienten llamados a dedicar toda la vida a la alabanza de Dios, a la oración de intercesión por sus hermanos y hermanas del mundo, al trabajo y a la vida en comunidad en el seno de un monasterio contemplativo. Es un motivo de gran alegría y de acción de gracias a Dios. Este es un signo más que revela que nuestro Dios no solo existe, sino que está vivo y es eficaz.

Estos hermanos nuestros que han acogido esta invitación de Dios son personas que han hecho una opción para toda la vida y que, a pesar de las exigencias, son muy felices. Su estilo de vida hace que no les veamos fácilmente. Han optado por el silencio y por la oración en su entrega a Dios. Esta radicalidad y autenticidad de vida de los monjes y las monjas de clausura suscita sorpresa, curiosidad y atracción en un ambiente a menudo marcado por la secularización.

Vivir en un monasterio no significa evadirse del mundo, desentenderse de la sociedad. La vida contemplativa es expresión del amor a Dios y no se puede amar auténticamente a Dios sin amar a la humanidad. Los hombres y las mujeres que Dios llama a la vida contemplativa son personas que aman la vida, solidarias con los hermanos y que, desde su vocación, también están comprometidas y colaboran activamente en la transformación del mundo. Su intensa oración unida a nuestra acción se convierte en motor de cambio interior y social. Nuestra acción necesita su plegaria.

De hecho, aunque parezca una paradoja, desde el monasterio están cerca de las necesidades eclesiales, pero también de nuestras inquietudes, tristezas y sufrimientos. ¡Cuánta gente los va a visitar para pedirles que recen por intenciones concretas! Viven con los ojos puestos en el Señor y el corazón abierto a las necesidades de los hermanos; un corazón que, haciéndose oración, hace que su vida sea apostólica y colabore en la redención del mundo.

Muchas gracias, hermanos y hermanas contemplativos. Desde el silencio, la adoración y la vida en comunidad, nos enseñáis a recordar al mundo la primacía de Dios sobre el mundo y a contemplar a éste con su mirada.

+ Juan José Omella Omella

Arzobispo de Barcelona

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