Cartas de los obispos Última hora

La ofrenda más valiosa es dar la vida (I)

Creo no equivocarme si, en nombre de Jaime Mozas y Basilio Servín, los capellanes del hospital en Barbastro, de Elena Palacín y de José María Sistac, nuestros delegados de pastoral de la salud, os hago llegar a todos los enfermos y ancianos de la Diócesis su afecto y gratitud por lo que sois y significáis. Y, al mismo tiempo, abrir este diálogo franco con cada uno de vosotros para poder atenderos humana y espiritualmente como os merecéis:

1º) ¿Qué necesidades, inquietudes, expectativas humano-espirituales tenéis?;

2º) ¿Cuál es vuestro papel protagónico en el Plan de acción pastoral de la Diócesis?;

3º) ¿Qué criterios se podrían arbitrar para que ningún enfermo y/o anciano pueda sentirse solo o desamparado?

Soy consciente de que a ninguno de vosotros —eufemismos aparte— se os escapa que lo verdaderamente sublime en esta nueva etapa que os toca vivir es ofrendar al Señor definitivamente la vida. No cabe duda que es la ofrenda más hermosa y la más valiosa. También la más difícil y arriesgada. Y sabéis de sobra que es preciso emplearse a fondo para poder estar a la altura.

Desde el cariño y el respeto más profundo que os tenemos os animamos a encarar esta etapa de la vida con dignidad, con elegancia, con serenidad, con madurez, con altura y profundidad de miras, con la confianza ilimitada en Aquél que sigue llenando de sentido vuestra vida. Es decir, que sigáis siendo, como hasta ahora, hombres y mujeres recios, ejemplares, y creyentes maduros.

La mayoría de la gente cuando llega este momento suele deprimirse porque con la jubilación laboral lo que sienten es que se les priva sobre todo del medio que les proporcionaba autoridad, prestigio, relevancia, significatividad, poder adquisitivo… es decir, los cimientos donde tenían sustentado el sentido de sus vidas. En nuestro caso, al menos teóricamente, tenemos claro que nuestra originalidad sigue estando en haber descubierto la vida, la vocación y la raíz de nuestro ser en Dios mismo. Por eso, esta etapa de la vida es también, sin duda, un verdadero tiempo de gracia y de fecundidad para quienes son testigos de Jesucristo aunque digan o hagan pocas cosas.

La próxima semana, si me lo permitís, os compartiré siete constataciones que desenmascaran algunostópicos culturales que creo que no son tan ciertos.

+ Ángel Pérez Pueyo
Obispo de Barbastro-Monzón

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