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Comunicar la fe, por Juan-Cruz Arnanz (Segovia)

Comunicar la fe, por Juan-Cruz Arnanz (Segovia)

Una de las grandes preocupaciones actuales de la Iglesia es la transmisión de la fe. Los  procesos de iniciación cristiana existentes en las parroquias han seguido fundamentalmente un modelo académico donde el centro lo ocupaba la trasmisión de conocimientos.

Con el paso de los años y el avance de la secularización, nos damos cuenta de que esto no es suficiente. La fe, es una realidad mucho más rica y compleja que meras ideas y, por tanto, requiere un ámbito adecuado donde se pueda testimoniar y comunicar. Lo decía en su primera encíclica el papa Francisco: «lo que se comunica en la Iglesia, lo que se transmite en su Tradición viva, es la luz nueva que nace del encuentro con el Dios vivo, una luz que toca la persona en su centro, en el corazón, implicando su mente, su voluntad y su afectividad, abriéndola a relaciones vivas en la comunión con Dios y con los otros. Para transmitir esta riqueza hay un medio particular, que pone en juego a toda la persona, cuerpo, espíritu, interioridad y relaciones» (Lumen fidei, 40).

De hecho, se empieza a pensar si en vez de transmitir la fe, no sería mejor hablar de «comunicar la fe». Transmitir, es un concepto que está más relacionado con el lenguaje y el acto de informar, mientras que comunicar implicar entablar una relación interactiva. Estas discusiones, que nos pueden quedar un poco lejos, no hacen sino poner de manifiesto lo que anteriormente apuntábamos, el mensaje cristiano no es sólo informativo, sino que es algo más.

En esta misma línea se movía el papa Benedicto XVI quien, allá por el año 2007, utilizó la expresión «lenguaje performativo» para referirse al mensaje cristiano, que implica el lenguaje informativo pero, nuevamente, es algo más. «Eso significa —decía el Papa— que el Evangelio no es solamente una comunicación de cosas que se pueden saber, sino una comunicación que comporta hechos y cambia la vida. La puerta oscura del tiempo, del futuro, ha sido abierta de par en par. Quien tiene esperanza vive de otra manera; se le ha dado una vida nueva» (Spe Salvi, 2).

En todo caso, y más allá de la terminología, el gran reto que tiene la Iglesia en este momento, como lo fue también en otras épocas, es generar en las parroquias y comunidades cristianas unos procesos de iniciación cristiana que sean auténticamente ámbitos donde se pone en juego toda la persona, cuerpo, espíritu, interioridad y relaciones. Como afirma el Catecismo de la Iglesia Católica, «la Iglesia, nuestra Madre, nos enseña el lenguaje de la fe para introducirnos en la inteligencia y la vida de la fe» (n. 171).

En esta misión de comunicar la fe estamos implicados todos los creyentes, pero muy especialmente los padres, ellos son los primeros responsables de la educación de sus hijos, y por tanto, si solicitan la iniciación cristiana de sus hijos, deben estar dispuestos a colaborar activamente con la parroquia y realizar ellos también su propio recorrido de profundización y maduración en la fe.

La Iglesia local de Segovia, por su parte, ha elaborado un Directorio de la Iniciación Cristiana que muy pronto, dentro de este Año de la fe, verá la luz y que esperamos contribuya a una mejor comunicación de la fe.

 

Juan-Cruz Arnanz Cuesta

Director del Secretariado de Comunicación Social de la diócesis de Segovia



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