Tiempo de caminar

Comunicación en tiempos de pandemia

«La Iglesia ha perdido una oportunidad de oro para hacer eso que siempre dicen de ayudar a los más necesitados. Y no está haciendo nada».

La frase, desde luego, impacta. La escuchó un buen amigo en el marco de una reunión de agentes sociales, en la que se trataba de ver cómo dar respuesta a la crisis social y económica que se está generando tras la crisis sanitaria. Pero el lugar y las circunstancias casi son lo de menos, pues seguro que muchos de vosotros habéis escuchado o leído algo similar en las últimas semanas. Muy significativo fue el tuit de una conocida periodista y escritora, expresado en el mismo sentido, que tuvo un aluvión de respuestas deshaciendo ese falaz argumento … pero ninguna rectificación por su parte.

La ayuda de la Iglesia desde el inicio de la pandemia es innegable. Al menos para quien quiere acercarse a la realidad sin prejuicios. Quienes estamos al tanto de la información religiosa, o somos más cercanos a la realidad eclesial, lo conocemos de primera mano, con testimonios que valen su peso en oro. El problema entonces es saber por qué no llegan al sentir mayoritario de la sociedad.

Un pequeño análisis personal me ha llevado a dos conclusiones. La primera, que para los grandes medios de comunicación, las noticias de Iglesia prácticamente no interesan. Tampoco, parece ser, para algunos medios «de la casa». No generan conversaciones, no dan «clicks» en las webs. Más allá de monjitas cosiendo mascarillas y jugando al baloncesto en sus ratos libres, no interesa. Y tenemos seminarios llenos de transeúntes, inmigrantes dando a luz en casas de la Iglesia donde están acogidas, sacerdotes que entran en hospitales a acompañar enfermos, y miles de voluntarios pendientes de mayores y dependientes. Pero no interesa. Solamente cuando han vuelto las llamadas «colas del hambre», la realidad les ha desbordado y no han tenido más remedio que sacar informaciones de la labor de Cáritas, que es la Iglesia misma hecha caridad para con los más necesitados.

La segunda conclusión es más a nivel interno. A veces los cristianos llevamos muy al extremo aquello de que nuestra mano izquierda no sepa lo que hace nuestra derecha. Y al final, lo que no se comunica, no existe. Reconozco que yo misma tuve mis dudas al inicio de toda esta crisis, de cómo dar a conocer la labor de la diócesis sin sobrepasar esa fina raya que separa informar y presumir. Es complicado, cierto. Sin embargo, hay que dar el paso y explicarlo. Todos a una, porque aquí no sirven clasificaciones ni divisiones: todo es Iglesia.

Y «vender» esta información a los medios, ser nosotros mismos proactivos y darlo a conocer al conjunto de la sociedad. Dar a conocer esas grandes historias que hacen grande la comunicación humana..  Y no sólo a los propios medios de Iglesia, que son siempre los primeros interesados en ello. Hay que pescar en mares más grandes, levantar teléfonos y hacer lo que el propio Jesús nos dejó mandado: «Id y contar lo que habéis visto y oído». No podemos esperar a que otros nos pregunten, porque no lo van a hacer. Nosotros, todos los cristianos, pero especialmente los periodistas que nos dedicamos a información religiosa, tenemos un deber misionero que no podemos dejar atrás.

Hace unos días nacía el portal iglesiasolidaria.es, que recoge todas las iniciativas de la Iglesia desde el inicio de la pandemia. Es un primer gran comienzo, que sólo espero que no llegue demasiado tarde. Levantar argumentarios como aquel con el que he comenzado el artículo va a costar mucho. Pero vamos a intentarlo.

Print Friendly, PDF & Email