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¿Cómo seguir el proceso sinodal del Congreso de Laicos tres meses después? Algunos delegados reflexionan

El Congreso de Laicos «Pueblo de Dios en Salida» tenía, como lema, «hacia un renovado Pentecostés». En esa frase, la intención de invocar al Espíritu, pero también marcado el día de hoy, en el que la Iglesia fija su mirada en el mundo laical. Muchos planes han quedado alterados o anulados por la pandemia y el confinamiento. Hemos hablado con varios delegados que participaron en el Congreso para que hagan balance de este tiempo, y reflexionen cómo ven el futuro. Son los siguientes.

  • Felipe Santamaría, delegado de apostolado seglar de la diócesis de Santander. Es deportista profesional jubilado.
  • Puerto García, que acudió como delegada por la diócesis de Salamanca. Pintora y profesora.
  • Cecilia Cruz, delegada en el congreso de la diócesis de Tenerife.
  • José Manuel Rodríguez, representante de Frater (Fraternidad de Cristianos con discapacidad).

Ellos han vivido estos meses sorprendidos por la pandemia, pero también han encontrado un sentido cristiano a ella. Estas son sus reflexiones.

Felipe Santamaría: «Recluidos, hemos vivido la comunidad»

—¿Cómo has vivido estos dos meses?

—En dos tensiones. Una, que el acontecimiento quedaba enmudecido con lo cual, esa sorpresa y esa novedad que traes de Madrid del Congreso de laicos, queda opacada. Me producía preocupación. Por otro lado, he vivido este tiempo como un tiempo de reflexión personal, y por motivo de cargo, estos itinerarios, que como su palabra indica, son caminos que hay que indicar… las claves adonde queremos ir.

—¿Cómo has visto a la Iglesia en este tiempo?

—Me ha entristecido el miedo y la distracción que produce estar discutiendo dentro de la Iglesia cuestiones que no nos llevan a ninguna parte. Creo que la iglesia ha estado perfectamente posicionada, en el sentido de que en un momento en el que se nos pide recluirnos, hemos podido disparar situaciones y vivencias muy comunitarias.

—¿Ha cambiado algo en tu fe en estos meses?

—He retomado textos, personas que me han influido. Hoy tengo más claro adonde queremos llegar o donde animar el apostolado de la diócesis. Reconversión de la Iglesia al Reinado de Dios, de Ignacio Ellacuría. Tengo la gran suerte de que me lo entregó y firmó él. Esa reconversión de la Iglesia, tener presente el Reino de Dios y ser creíbles desde la presencia histórica. Hay una frase que me toca en esa lectura: «No podemos olvidar que el pueblo llegó al conocimiento de quién y qué era a través de un acontecimiento sociopolítico como es el Éxodo». Hoy, el laicado tiene que tener claro que la santidad es construir un mundo más humano. Está en Gaudete et Exultate, del Papa Francisco. Mi fe se ha reafirmado.

—Pentecostés. Y ahora que volvemos a salir, ¿qué?

—Don Manuel (Sánchez Monge, el obispo de Santander) ha aceptado nuestro planteamiento de hacer un grupo de animación, que colabore en toda la diócesis para hacer llevar el espíritu del Congreso. Teníamos previsto hacerlo ya, pero aún no podemos reunirnos todos por las limitaciones de la desescalada. Además, yo soy persona de alto riesgo, que llaman. Y es verdad que las parroquias, en junio, paran. Si se puede, en septiembre lo retomaremos, siempre está el interrogante de cómo irá la pandemia. Tenemos previsto que venga Isaac Martín, delegado de apostolado seglar de Toledo.

—Cosas buenas y malas de este tiempo.

—Me ha costado mucho parar, soy muy deportista. El primer día que se nos autorizó inmediatamente saqué la bici y ya estoy recuperando la forma, como le decía a un nieto mío. y eso que, como tengo dos perros en una finca, tenía la autorización para ir a darles de comer, y sí que he aprovechado para hacer algo de ejercicio allí, pero sin salirme de la finca, por supuesto.

 

Cecilia Cruz: «Desde Cáritas, he podido ver florecer la solidaridad»

—¿Cómo has vivido estos dos meses?

—Desde el servicio de la delegación, solo he podido acompañar y dejarme acompañar en la oración. También ha sido una oportunidad para unificarnos a nivel diocesano y apoyar las iniciativas que se iban generando, en lugar de ir cada cual a lo suyo. Y, a título personal, por mi trabajo en Cáritas, prácticamente no he vivido en confinamiento. He tenido que estar a pie de calle y ha sido complejo. He podido ver lo duro que ha sido, y está siendo, ésta situación para cientos de familias, para las personas en situación de calle. Pero también he tenido la suerte de ver cómo florecía la solidaridad de mucha gente que se volcó para colaborar con quienes lo estaban, y están, pasando mal.

—¿Cómo has visto a la Iglesia en este tiempo?

—Siento que hemos vivido como dos momentos, el de casi dejarnos derrumbar por no saber cómo actuar; pero sin dejarnos caer el Espíritu nos ha inspirado para sacar adelante muchos recursos para seguir estando juntos, aunque en la distancia. Hemos tenido la oportunidad de tener un espacio para el discernimiento, para redescubrir nuestra misión en la Iglesia y en el mundo. Habrá que esperar para ver cuáles serán los frutos de este discernimiento, pero confío que el Espíritu está e impulsa. Creo que ha sido premonitorio el lema, estamos viviendo verdaderamente «un renovado Pentecostés».

—¿Ha cambiado algo en tu fe en estos meses?

—Cambiado no, más bien ha crecido y se ha fortalecido. Vernos obligados a innovar, ha buscar nuevas formas de ser y estar en la Iglesia me ha confirmado mi misión y vocación al laicado.

—Pentecostés. Y ahora que volvemos a salir, ¿qué?

—Ahora toca tener la fortaleza de seguir en la línea de Pueblo de Dios en salida, de no tener miedo y salir a anunciar la Buena Noticia desde este renovado Pentecostés, que no sean solo bonitas palabras que hemos dicho en tiempo difíciles. ¡No vale volver a lo de siempre! Pidamos al Espíritu esa parresía que tanto necesitamos en estos tiempos para salir renovados y con el coraje de inculturarnos para hacer una Iglesia para el mundo de hoy.

—Cosas buenas y malas de este tiempo.

—Lo peor, no creo que sea lo más importante y estoy convencida de que no se mantendrá; es los conatos de división política, social y también dentro de la Iglesia. Lo mejor, la solidaridad que brotó a borbotones por todos los rincones de la sociedad, de la Iglesia y del mundo, algo que nos ha unido como ciudadanos, para tomar consciencia de nuestro papel por el bien común. Y, también, el ingenio y creatividad de saber sacar de una situación límite lo necesario para seguir dando respuesta a la misión de ser Iglesia en y para el mundo.

 

José Manuel Rodríguez: «Muchos han entregado su vida por los enfermos»

—¿Cómo has vivido estos dos meses?

—Renunciando a la Eucaristía diaria. Viéndola por TRECETV. Con tranquilidad y comunicándome con la familia y amigos por teléfono y Whatsapp. Orando porque todos sepan aceptar esta dificultad como una prueba.En Frater hemos tenido una persona que ha fallecido por no poder respirar pues necesitaba  un aspirador de flemas, pero como no se lo pudieron llevar falleció. También hemos tenido a otra persona ingresada por coronavirus y que la superó. Mientras tanto todos queriendo saber de su salud. Y todos nos hemos comunicado por teléfono o Whatsapp.

—¿Cómo has visto a la Iglesia en este tiempo?

—La Iglesia en este tiempo ha estado muy presente. Ha estado dando alimentos en todas las parroquias y uniéndose a ONGs. También Cáritas se ha multiplicado. Han sido muchos los párrocos que han transmitido las misas por youtube y streaming. Y el que no ha tenido medios técnicos para hacerlo, la han celebrado en su casa, por todos los parroquianos. Han llevado el viático y confesado en su casa al que se lo pedía.

—¿Ha cambiado algo en tu fe en estos meses?

—Mi fe ha ganado. Pues he estado confinado con mi esposa que también es católica y hemos compartido muchos momentos de oración, además de la misa y el rosario. He dado gracias a Dios por los muchos que se han acercado a Él, al llegar esta crisis.

—Pentecostés. Y ahora que volvemos a salir, ¿qué?

—Adaptarnos a un nuevo modo de vivir y preocuparnos muchísimo y personalmente por los parados y por los que no tienen ningún ingreso, para hacer lo posible para que tengan algo de comer. Confiar en el Espíritu Santo para manifestar nuestra fe a todos.

—Cosas buenas y malas de este tiempo.

—Lo peor, el odio que ha nacido en muchos católicos, de cara a los que mandan, por el hecho de  no estar de acuerdo con lo que hacen. Lo mejor: que muchos curas y laicos han entregado su vida, por atender a enfermos y familiares.

 

Puerto García: «Ha sido una montaña rusa de sentimientos»

—¿Cómo has vivido estos dos meses?

—A veces esperanzada al ver el valor y el orgullo de las personas que me rodean, al hablar con mi familia y mis amigas y al entender que era una cuestión de resistencia.

A veces angustiada cuando amigos cercanos murieron en la más absoluta soledad

A veces abatida por no saber cómo ayudar al alumnado en el trabajo, al sentir que no se llega aunque te esfuerces por llegar.

A veces enamorada de la vida, de las flores, del fruto, del sol, de la tierra donde se encuentra nuestro Dios, de una pequeña semilla de girasol.

A veces orgullos por pensar en cómo hacer para los otros, en buscar siempre para los demás.

A veces ensimismada y enrocada en una montaña rusa de sentimientos.

A veces comunicada sintiendo el frío de la pantalla y el calor de las palabras y de las sonrisas y besos de personas que un estando lejos han estado muy cerca.

—¿Cómo has visto a la Iglesia en este tiempo?

—Zarandeada, perdida, pero con un jalón en el centro. Jesús y su amor. Parece que vamos entendiendo que las tecnologías son necesarias y cada vez hay menos discusión.

—¿Ha cambiado algo en tu fe en estos meses?

—No, desde que nos conocimos, tenemos una relación estable… estamos preocupaos por el proyecto que tenemos en la parroquia, en la Unidad Pastoral Centro histórico de Salamanca, en Benin. Sabemos que aquí hay mucha gente que ya lo está pasando mal pero allí es peor, y es un compromiso adquirido desde el corazón.

—Pentecostés. Y ahora que volvemos a salir, ¿qué?

—A ver cómo hacemos para ayudar, porque noe s fácil. Hemos terminado el voluntariado del proyecto «Chiquitemplum» por Twitter, hay que recoger y pensar cómo volvemos el curso que viene. Estoy pintando flores y bodegones, montando un nuevo Templum para poder sacar fondos para Benin. Este tiempo he pintado mucho. Me he quedado sin papel, sin aceite de linaza… y conseguir material ha sido muy lento…

—Cosas buenas y malas de este tiempo.

—Lo mejor: el tiempo para pintar, y dará fruto abundante, siempre conectada. El contacto con la gente aunque estuviera fuera, la preocupación de los vecinos. Lo peor, las muertes sin sentido, el abandono de los profesionales que no han tenido para protegerse, la muerte y enfermedad de los ancianos. Tengo varios amigos y alumnos que han perdido a sus familiares en residencias. El caos de información, el caos a nivel laboral (que seguimos igual)…

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