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¿Cómo comienza la andadura de las Hermanas Trinitarias de Madrid?

¿Cómo comienza la andadura de las Hermanas Trinitarias de Madrid?, por fray José Borja

Con una sencilla Eucaristía en la Iglesia del Monasterio de la Encarnación de Madrid comienza la fundación del Instituto el 2 de febrero de 1885.

El texto evangélico que el padre Méndez lee y comenta, deja claros el espíritu y horizonte de la obra. “Buscad ante todo el Reino de Dios. El resto se os dará por añadidura” .

Ese mismo día, en una pequeña casa alquilada, del Paseo del Obelisco (hoy Martínez Campos), se abre la primera puerta del Instituto.

En ella inicia la andadura de la obra la primera comunidad formada por seis jóvenes que, abrasadas en el amor divino, del que hacen partícipes a los demás, afrontan las dificultades que les van viniendo.
Sus nombres: María Ana Allsopp, Carmen Sáiz, Mercedes Solá, Ángeles Pascual, Eladia Casanova y María Alcoy.

Todas conocían la realidad eclesial y social en la que habían de encarnar el proyecto divino, pues “Ya desde mucho tiempo venían dedicándose a obras de celo, visitando hospitales para enseñar en ellos la doctrina cristiana a las enfermas, y asistiendo a las escuelas dominicales para atender a las jóvenes obreras” .

Después de los Ejercicios Espirituales, dirigidos por el padre Méndez, comienzan a acoger a las primeras jóvenes. Reciben a las que ya han caído en diversas esclavitudes, sobre todo en la prostitución, y a las que aún no han caído, para evitar que caigan. Dejan claro desde primera hora, la doble dimensión del apostolado: prevención y rehabilitación. La obra crece rápidamente.

En medio de las dificultades, están convencidos de que es una obra de Dios que Él cuida sin cesar. Así lo refleja madre Mariana en el primer aniversario de la fundación: «¡Oh Jesús de mi corazón!… ¡Quién iba a imaginar que el proyecto que nos confiaste, comenzado con tantas dificultades aunque con el alma llena de gozo, iba a extenderse tanto! Tú has cuidado de tu casa con prodigio tras prodigio» .

Al año de la fundación la casa se queda pequeña: las constantes solicitudes de jóvenes para ser acogidas, y de aspirantes para ingresar en la comunidad, requería más espacio.
Respondiendo al fin de la Fundación comprenden que el Señor quería dar ensanche a la Obra, y en 1886 se trasladan a una casa más grande en la calle Ferraz.

(Historia. Web Trinitarias)

Fray José Borja.

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