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Santa Misa en Chipre: El Papa pide «cristianos iluminados y luminosos»

El Papa Francisco preside este viernes, 3 de diciembre, la Santa Misa desde el Estadio GSP de Nicosia, en la capital de Chipre, en el marco del Viaje Apostólico que ha llevado al Pontífice al país del Mediterráneo y posteriormente a Grecia.

En la memoria de San Francisco Javier el Papa ha celebrado la Santa Misa en el Estadio Neo GSP de Chipre, donde ha explicado el Evangelio en el que Jesús cura «no solo a un ciego, sino dos». Lo significativo,ha explicado, es que «piden ayuda juntos». Se trata del «signo elocuente de la vida cristiana, el rasgo distintivo del espíritu eclesial» que es «pensar, hablar y actuar como un ‘nosotros’, saliendo del individualismo y de la pretensión de la autosuficiencia que enferman el corazón».

Los dos ciegos, al compartir sus sufrimientos y con su amistad fraterna, nos enseñan mucho. «Cada uno de nosotros de algún modo está ciego a causa del pecado, que nos impide “ver” a Dios como Padre y a los otros como hermanos. Esto es lo que hace el pecado: distorsiona la realidad, nos hace ver a Dios como el amo y a los otros como problemas». Es la obra del tentador, «que falsifica las cosas y tiende a mostrárnoslas bajo una luz negativa para arrojarnos en el desánimo y la amargura».

Son esos los motivos por los que el Papa ha señalado el segundo paso, «el de llevar “juntos” a Jesús nuestras heridas». Y es el motivo por el que «frente a cada oscuridad personal y a los desafíos que se nos presentan en la Iglesia y en la sociedad” somos llamados “a renovar la fraternidad”, puesto que, “si permanecemos divididos entre nosotros, si cada uno piensa sólo en sí mismo o en su grupo, si no nos juntamos, si no dialogamos, si no caminamos unidos, no podremos curar la ceguera plenamente». 

Anunciar el Evangelio con alegría

Aunque Jesús había recomendado a los ciegos, tras haberlos curado, que no dijeran nada a nadie, ellos, sin embargo, hicieron lo contrario. No fue para «desobedecer al Señor», sino simplemente porque «no lograron contener el entusiasmo» del encuentro y de su curación. De ahí que el tercer y último paso indicado por el Papa haya sido el de «anunciar el Evangelio con alegría», signo distintivo del cristiano.

Renovar la confianza en Jesús, ha dicho que «escucha el grito de nuestras cegueras» y que «quiere tocar nuestros ojos y nuestro corazón, atraernos hacia la luz, hacernos renacer y reanimarnos interiormente », ha concluido.

 

Presencia «vivificante» para los demás

Al final de la Santa Misa se ha producido el agradecimiento de monseñor Selim Sfeir, arzobispo de Chipre de los Maronitas. Un agradecimiento que se convierte en Acción de gracias a Dios, por Su amor incondicional por cada uno de nosotros, por «permitirnos ser responsables los unos de los otros», por representar Su presencia «vivificante» para los demás.



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