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Comentario homilético (domingo 16-6-013) del obispo de Tarazona

Comentario homilético (domingo 16-6-013) del obispo de Tarazona, Eusebio Hernández Sola

En este domingo en el que pasamos, tras la Pascua y las solemnidades que le han sucedido, a los domingos del tiempo ordinario. Una palabra puede muy bien resumir el sentido de las lecturas que hemos escuchado, esta palabra es la misericordia.

Ya en la primera lectura (2 Samuel 12, 7-10.13) aparece la misericordia y el perdón de Dios hacia el rey David, después de haber cometido un grave pecado. Tras la exhortación del profeta Natán, David reconoce su pecado: “¡He pecado contra el Señor!”. Y, recibe la misericordia de Dios, con las palabras de Natán: “El Señor ha perdonado ya tu pecado, no morirás”.

El Evangelio (Lucas 7, 36-50) es un nuevo canto al perdón y a la misericordia que Jesús expresa con la parábola de los deudores y con el gesto de la mujer que llena de agradecimiento a Cristo se coloca a sus pies y los cubre con besos y los unge con perfume.

Nosotros queremos hoy entrar en esa misma misericordia de Dios. Él nos ama y nos acepta como somos y siempre quiere perdonarnos de cualquier pecado. Por eso somos siempre dichosos de poder experimentar la misericordia transformante del Señor.

Para experimentar la misericordia divina sólo hace falta abrir nuestros corazones y, como David, reconocer nuestro pecado. Ésta es la gran alegría de los cristianos, sentirnos dichosos, como David o la mujer del Evangelio, por poder experimentar cada día en nuestras vidas la misericordia del Señor.

Debemos dejarnos asombrar y admirarnos por el beneficio de la misericordia de Dios, la ternura y el cariño, la paciencia y la comprensión, por el amor y el perdón. Es el mismo asombro de David y de la mujer que se pone a los pies de Jesús. Una realidad que cada día podemos experimentar y que Dios no se cansa nunca de darnos.

Experimentar esta misericordia es lo que a su vez nos ayuda a tener la mismas actitudes de misericordia y amor con aquellos que nos rodean. Si Dios nos ama, nosotros también estamos llamados a entender, amar, perdonar. Lo que debemos hacer una realidad en nuestros hogares, en nuestro trabajo y allí donde se desarrolla nuestra vida. Pero, a la vez, este amor nos impulsa a proclamar y anunciar a todos este mismos amor y misericordia, no dudéis que todo hombre y mujer lo necesita.

Para poder vivir en la misericordia de Dios, los cristianos tenemos el sacramento de la Penitencia. Por ello es importante acercarnos a él con confianza y de forma asidua. Los sacerdotes deben ser conscientes de esta misión importante que se le has confiado y facilitar el encuentro a todas las personas con el amor de Dios que transforma la vida e impulsa a vivir con mayor fuerza nuestra fe.

El papa Francisco, en su breve pontificado, ha hablado muchas veces de la necesidad que tenemos los cristianos de celebrar este encuentro con el Señor a través del sacramento del perdón y de la reconciliación. Él mismo expresaba la necesidad que sentía siendo Papa de poder administrar este sacramento, como hacía tantas veces siendo arzobispo de Buenos Aires.

En una de sus breves homilías en la celebración de la Misa diaria decía: “La confesión es, más bien, un encuentro con Jesús donde se toca de cerca su ternura. Pero hay que acercarse al sacramento sin trucos o verdades a medias, con mansedumbre y con alegría, confiados y armados con aquella “bendita vergüenza”, la “virtud del humilde” que nos hace reconocer como pecadores”.

Queridos hermanos, que sepamos acercarnos cada día a la misericordia de Dios, vivir en ella y pedirla cada vez que la necesitemos.

Con todo afecto os saludo y bendigo.

+ Eusebio Hernández Sola, OAR

Obispo de Tarazona



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