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Coloquio en el ITVR: Transformación, oportunidad y esperanza en la vida consagrada
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Coloquio en el ITVR: Transformación, oportunidad y esperanza en la vida consagrada

«La vida consagrada está en un momento de transformación» (Xiskya Valladares). «La vida consagrada está en el umbral de la esperanza» (Liliana Franco). «La vida consagrada está en un momento de grandes oportunidades» (Teresa Maya). Con estas tres frases, y a modo de resumen, ha concluido la mesa redonda celebrada en la tarde de este martes 18 de enero en el Instituto Teológico de Vida Religiosa (ITVR), segunda jornada de esta 50 Semana Nacional del organismo de los Misioneros Claretianos. Moderado por el leonés Luis Alberto Gonzalo Díez, director de la revista Vida Religiosa, han participado en el acto «tres mujeres que son testimonio de una vida religiosa activa y actuante»: la presidenta de la Conferencia Latinoamericana de Religiosos (CLAR) Liliana Franco; la expresidenta de la Leadership Conference of Women Religious (LCWR) estadounidense, Teresa Maya; y la religiosa nicaragüense y experta en cultura digital Xiskya Valladares.

Hermana Liliana Franco, presidenta de la CLAR.

Decálogo para una cultura del cuidado

La intervención de la presidenta de la CLAR ha versado sobre la cultura del ciudado. Liliana Franco, religiosa de la Orden de la Compañía de María, ha recordado que la cultura del cuidado nace allí donde terminan las actitudes egocéntricas, la autorreferencialidad y el individualismo mezquino, y ha señalado que «para nosotros, consagrados, cuidar de la dignidad humana y del bien común debe ser el horizonte que anime y oriente nuestra consagración». «La compasión —ha dicho— no puede ser un apéndice fruto de la sensibilidad, debe ser la consecuencia de las opciones que hemos hecho del deseo de seguir en radicalidad y coherencia a Jesús».

La presidenta de la CLAR ha presentado desde Bogotá un decálogo sobre la pastoral del cuidado en el que deben estar —ha dicho— el acompañamiento, la escucha como actitud vital que nos sitúa en lugar del otro, el discernimiento como escenario del Espíritu, los procesos que den continuidad y protagonismo a los acompañados y el cuidado de la casa común.

«La vida religiosa no debe aplazar más la decisión de abandonar esos placenteros sillones de la sala de televisión», ha enfatizado. «La salida misionera es el camino: ubicarse ante la realidad con entrañas de misericordia, dejarse desacomodar por la realidad».

La cultura de la colaboración

Desde Texas, la hermana Teresa Maya ha hablado de la cultura de la colaboración en el seno de la Leadership Conference of Women Religious (LCWR), la conferencia de religiosas —una de las dos que hay en Estados Unidos— de la que esta religiosa de las Hermanas de la Caridad del Verbo fue nombrada presidenta en 2017. Nacida en Ciudad de México, Maya ha relatado cómo en Estados Unidos las tensiones vividas en los últimos cuarenta años con una parte de la jerarquía—«hubo momentos de verdadera tensión con los ordinarios locales»— generó «un frente común y un sentido de solidaridad» entre las congregaciones. Así, ha recordado la escisión habida en 1971 gracias al apoyo de «un grupo de obispos que estaba convencido de que de la LCWR se desviaba de las verdaderas enseñanzas de la Iglesia»; el agravamiento de la situación después de que en la visita de san Juan Pablo II de 1985 la presidenta Theresa Kane pidiera al Pontífice que las mujeres fueran incluidas en todos los ministerios de la Iglesia; y, por último, la visita apostólica anunciada por el Vaticano en diciembre de 2008 a todos los institutos religiosos de los Estados Unidos: más de 450 de las dos Conferencias, en total.

Maya ha llamado a colaborar desde la actual vulnerabilidad del momento presente, en el que la pandemia ha golpeado con fuerza a las comunidades religiosas. «La vida consagrada está entrando en una etapa de profunda transformación, pero las religiosas de los Estados Unidos creen en el futuro. No solo lo esperan o lo tratan de predecir, lo promueven», ha dicho antes de señalar que muchas religiosas jóvenes están reclamando más intercongregacionalidad. «La vida consagrada que conocimos, a la que entramos, está terminando, pero eso no quiere decir que muere, sino que se transforma».

Xiskya Valladares.

Cultura en red

Xiskya Valladares, por último, ha reflexionado sobre la cultura en red. Doctora en Comunicación y cofundadora de iMisión, plataforma para la evangelización en Internet, la religiosa nicaragüense, de la Congregación Pureza de María, ha dicho que esta nueva cultura en red no debería extrañarnos en la Iglesia pues —llámese «comunidad», «asamblea», «sínodo», «concilio»…—, forma parte de su ADN.

Valladares ha pedido «un cambio de mentalidad que no se quede en palabras» y que, por el contrario, «nos haga tomar conciencia de lo que nos jugamos al acoger o ignorar la importancia de la actual cultura en red». En este sentido, ha insistido en la necesidad de formación —no se puede reducir a unas horas o unas semanas, sino que debe abarcar todos los itinerarios— y de revisión profunda de las estructuras.

Intercongregacionalidad

Ya en el coloquio, las tres ponentes han sido preguntadas por la intercongregacionalidad, que «no es difuminar los carismas, sino enriquecerlos», en palabras del moderador. «Mientras no dejemos lo mío por lo nuestro es muy difícil la intercongregacionalidad», ha dicho la hermana Teresa Maya. «Es la palabra de moda, una aspiración, una meta. Yo digo: Bendita pandemia, bendito momento que vivimos que nos está obligando a hacer intecongregacionalidad aunque no queramos…».

La hermana Liliana ha remarcado que para que haya intercongregacionalidad tiene que haber «una disposición a la humildad, salir de los esquemas de soberbia y suficiencia en los que nos hemos situado tradicionalmente». «Y la motivación —ha añadido— tiene que ser el Reino. En la CLAR hemos visto que la intercongregacionalidad funciona cuando responde a proyectos comunes para hacer posible el Reino: la Amazonía, la trata… Requiere reaprender, despojarnos de estilos, modos y maneras, y también de acompañamiento y formación. No se trata solo de unirnos para hacer cosas, sino de reaprender una nueva manera de vivir nuestra consagración y eso requiere formarnos e intentar actitudes nuevas».

La hermana Xiskya ha rematado con estas palabras: «Nos tenemos que dar cuenta de la realidad, hay cosas que ya no podemos hacer solos; no somos autosuficiente y nos necesitamos».



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