Editoriales Ecclesia

Claves de la JMJ 2019 Panamá, la JMJ del canal y de las minorías

Claves de la JMJ 2019 Panamá, la JMJ del canal y de las minorías

Creadas en 1985 por san Juan Pablo II, en una de sus más hermosas y proféticas intuiciones pastorales, las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ) se han convertido en un clásico insustituible en la vida de la Iglesia, hontanar indiscutible de gracia y de renovación en la vida de la fe y del testimonio en tantos cientos y miles de jóvenes y de adultos. Concebidas desde el comienzo en dos fases y convocatorias —la edición diocesana de Roma, el Domingo de Ramos, y la edición internacional cada dos o tres años— las JMJ han sobrepasado ya ampliamente su mayoría de edad, y llegan a Panamá en su trigésimo cuarta edición general, décimo cuarta edición internacional.

Roma (1985 y 2000), Buenos Aires (1987), Santiago de Compostela (1989), Czestochowa (1991), Dénver (1993), Manila (1995), Paris (1997), Toronto (2002), Colonia (2005), Sídney (2008), Madrid (2011), Río de Janeiro (2013), Cracovia (2016) y ya, en 2019, Panamá y muy probablemente Lisboa, en 2022, avalan la universalización y la grandeza de esta iniciativa pastoral, que, además, con el paso de los años ha sabido renovarse continuamente.

La presencia del Papa, la condición peregrina de sus participantes, su amplia y exhaustiva preparación, su desarrollo multitudinario y festivo y su inserción en la vida y programación pastoral de las Iglesias locales, de las conferencias episcopales y demás instancias eclesiales han sido y son algunas de las características de este verdadero Pentecostés, de este, como acabar de afirmar Francisco, “evento tan importante y tan hermoso en el camino de la Iglesia”. Las JMJ es el sueño hecho realidad, siquiera en su preparación y celebración, y la siembra generosa de un mundo mejor, un mundo más de Dios y más de todos los hombres.

Junto a todo a ello, cada JMJ, lo dijimos ya antes, ha sabido ser distinta, ha sabido adaptarse al lugar y contexto de su celebración y de aportar savia nueva. Y ello, se visibiliza todavía más si cabe en la presente JMJ de Panamá.

Y es que la JMJ 2019 Panamá está llamada a ser la JMJ del canal, en toda la literalidad del término por aquello del canal de Panamá… y en su significado simbólico y alegórico de cauce, encuentro, puente, istmo, comunicación, intercambio, fusión, fecundidad, etc.. En segundo lugar, esta es también la JMJ de las periferias existenciales y no solo geográficas (antes vimos la condición itinerante y universal de las anteriores JMJ) porque pocas veces como en este caso se ha pensado más en una JMJ en las minorías, en quienes llevan otros ritmos y calendarios y en los jóvenes que padecen injustamente serios problemas, como continuas crisis sociales, económicas y políticas, como migración forzada, violencia, narcotráfico, exclusión, deficientísima educación y una larga etcétera de desigualdades sociales. Y una nueva prueba de todo ello ha sido la celebración en sus vísperas de la primera Jornada Mundial de la Juventud Indígena, que, a su vez, ha servido de preparación a la gran cita de estos días.

En tercer lugar, la JMJ 2019 Panamá es la primera de la historia que llega tras un Sínodo de los Obispos dedicado a los jóvenes. Tres meses después del mismo y mientras Francisco elabora la correspondiente exhortación apostólica postsinodal, la JMJ de Panamá se convierte en un segundo tiempo del Sínodo, en una nueva oportunidad de escucha y acompañamiento recíproco entre los jóvenes y el resto de los miembros de la Iglesia.

Todo ello hace, pues, de esta cita panameña una JMJ muy del gusto y del estilo Francisco y muy cuajada de esperanza.

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