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Claves a tener en cuenta por la covid-19 en este miércoles de ayuno y ceniza
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Claves a tener en cuenta por la covid-19 en este miércoles de ayuno y ceniza

Este Miércoles de Ceniza es algo atípico. A diferencia de otros años, debido a la covid-19, desde el Vaticano, en particular desde la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, se ha modificado el rito de hoy en todos los templos del mundo con el fin de evitar el contacto entre el sacerdote y los feligreses y evitar de este modo la posible propagación del coronavirus.

Nueva formula para protegernos al comienzo de  esta Cuaresma

Tal  y como se puede leer en el documento,  difundido el 12 de enero de 2021 por el cardenal Robert Sarah, prefecto de la Congregación, los pasos que se han de seguir son los siguientes: « pronunciada la oración de bendición de las cenizas y después de asperjarlas, sin decir nada, con el agua bendita, el sacerdote se dirigirá a los presentes, diciendo una sola vez y para todos los fieles, la fórmula del Misal Romano: «Convertíos y creed en el Evangelio» (Mc 1, 15), o bien: «Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás» (Gén 3,19). Tras ello, el sacerdote se limpiará las manos y se pondrá la mascarilla. Posteriormente, esparcirá la ceniza sobre la cabeza de cada uno sin decir nada a cuantos se acercan a él.

¿De dónde viene el rito del Miércoles de Ceniza y por qué ayunamos hoy? 

Se trata de una práctica cuaresmal que data desde finales del siglo II y principios del III, aunque sería en el año 385 que se empezaría a celebrar oficialmente en Roma.  En sus inicios, la ceremonia se llevaba a cabo en domingo, para ajustarse a los 40 días antes de la Semana Santa.

La Cuaresma es tiempo de oración, ayuno y limosna. Como indica el Papa Francisco en sus 50 tuits sobre la Cuaresma, este periodo, que arranca el Miércoles de Ceniza, supone el comienzo de un camino de preparación donde el Santo Padre nos anima a vivir «con auténtico espíritu penitencial y de conversión, como un regreso al Padre que nos espera a todos con los brazos abiertos».

La oración, tal y como expresa Francisco, «nos une de nuevo con Dios; la caridad con el prójimo; el ayuno con nosotros mismos. Dios, los hermanos, mi vida: estas son las realidades que no acaban en la nada, y en las que debemos invertir».



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