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Clausura del Año Jubilar de las Dominicas de Belvís (Santiago de Compostela)

Clausura del Año Jubilar de las Dominicas de Belvís (Santiago de Compostela)

LAS MONJAS DOMINICAS DE BELVÍS CLAUSURAN HOY SU AÑO JUBILAR EN EL 700 ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN DEL MONASTERIO 

Monseñor Barrio presidió la Eucaristía y agradeció “los regalos que Dios ha ido derramando” a lo largo de este periodo

La comunidad de Monjas Dominicas de Santa María de Belvís, en Santiago de Compostela, clausuró hoy su Año Jubilar, en el que la comunidad ha conmemorado los 700 años de la fundación del monasterio, que se produjo en el año 1314 por las monjas del Monasterio de Santa María de Zamora. En el templo, como es sabido, se venera a la Virgen del Portal, la figura cuyo hallazgo motivó la fundación del convento en  el siglo XIV.

En su homilía, monseñor Julián Barrio dijo que “celebramos esta Eucaristía confiados en que este Año Jubilar ha contribuido a purificar la fe, revitalizar la religiosidad y renovar la vida cristiana. La Iglesia ha acogido a todos, animándoles a ser testigos del amor, de la bondad y de la misericordia de Dios”. El arzobispo compostelano indicó, también, que “como escribía la Madre priora de este Monasterio, “todo este año de Jubileo ha sido de una riqueza inconmensurable. Alabanza, Perdón y Gracia: tres regalos que Dios ha ido derramando a cada uno de los peregrinos que se han acercado. La comunidad dominica contemplativa se ha visto enriquecida desde el momento que se puso a trabajar para acoger a todas las personas que han querido vivir este Jubileo. Un trabajo a veces “no visible” que se ha desarrollado día tras día desde nuestro convento pero con la certeza de que “Dios ama al que da con alegría”.

 

En su carta, la priora recordaba, además, que “en este Año de Gracia, el Señor también nos ha bendecido con el don de tres hermanas que se han consagrado a Él para siempre con el compromiso de los votos perpetuos y con la Profesión Temporal de una hermana nuestra, que, tras sus dos años de noviciado, se compromete a vivir los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia”.

Fundado en el siglo XIV por Teresa González, el monasterio fue reedificado en época barroca por el arzobispo mexicano Monroy, de la orden de los Dominicos. La iglesia es obra de Fernando de Casas y Novoa. Lo más destacado del edificio es la fachada del comulgatorio en la que Fernando de Casas utiliza su característica decoración geométrico-vegetal.

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