Revista Ecclesia » Clara Pardo, presidenta de Manos Unidas: «No olvidemos las pandemias del hambre, la pobreza y la desigualdad»
Destacada Iglesia en España Última hora

Clara Pardo, presidenta de Manos Unidas: «No olvidemos las pandemias del hambre, la pobreza y la desigualdad»

La presidenta de Manos Unidas, Clara Pardo, pidió este 16 de junio «no olvidarse de las como el hambre, la pobreza y la desigualdad». Así lo explicó el 16 de junio en la presentación de la Memoria la presidenta de la institución.

Manos Unidas aprobó el pasado año 506 nuevos proyectos por un valor de más de 29 millones de euros que, junto a los iniciados en años anteriores, superaron los 800 proyectos en marcha en 53 países de África, Asia y América. Una suma que supera los 14,3 millones de personas atendidas, lo que se traduce en una multiplicación de su acción en un año marcado por la pandemia y su impacto en los más pobres.

Pardo quiso agradecer «la implicación y el compromiso» de los 6.344 voluntarios y 144 personas contratadas que «se empeñaron en sacar adelante nuestro trabajo, conscientes de que la dura realidad de la pandemia también significaba, para millones de personas más allá de nuestras fronteras, una grave amenaza que se sumaba al hambre y la pobreza».

«Prometimos salir juntos de la crisis»

Asimismo, recordó que «nos prometimos salir todos juntos de la crisis: Que estas palabras no sean en vano, todavía estamos a tiempo». A este respecto, durante el turno de preguntas quiso subrayar la responsabilidad de los gobiernos a la hora de hacer llegar las vacunas a los países más necesitados. «No pueden sacar pecho cuando dicen que van a enviar mil millones de vacunas a los países más pobres. Tiene que ser un deber y una obligación, no una limosna».

La presidenta de Manos Unidas también recordó que la ONG ha seguido trabajando durante 2020 en distintos ámbitos, entre los que destacan el sector salud, que aglutinó la mayor parte de los proyectos, el 39%, mientras que el sector de alimentación, fue el que concentró más fondos (casi 9 millones de euros).

Protagonistas sobre el terreno

La presentación de esta Memoria tuvo lugar en la Asociación de la Prensa de Madrid, pero los trabajos de Manos Unidas sobre el terreno fueron los protagonistas a través de tres video conferencias.

Franklin Menezes, sacerdote y director de los servicios sociales de Calcuta alertó de la grave situación que atraviesa el país en relación a la emergencia del coronavirus, así como «el incremento agudizante de la trata y el trabajo infantil».

El director de Seva Kendra Calcuta, socio local de Manos Unidas en India, achacó la virulencia de la segunda ola de coronavirus en el país asiático a «una cierta complacencia, por parte del gobierno y de los ciudadanos, al pensar que India había salido victoriosa de la pandemia y esto condujo a la relajación. Así que no nos preparamos para afrontar la segunda ola. Llegó como un tsunami que nos despertó a todos de nuestro letargo».

El padre Menezes, se refirió a los cerca de 300 millones de trabajadores migrantes que hay en India como el sector más afectado por las consecuencias de la covid-19. «Era insoportable ver las imágenes en los medios de comunicación de la difícil situación de los migrantes que caminaban miles de kilómetros hasta sus casas, llevando a sus hijos sobre los hombros y sus escasas posesiones a la espalda, soportando el calor y el hambre. Muchos murieron en el camino. Estas imágenes nos perseguirán durante los próximos años», lamentó.

Para el religioso indio, los niños y niñas se han visto también muy afectados por lo ocurrido durante este año: «Al estar encerrados en las casas diminutas sin ir a la escuela, están experimentando aislamiento social, rutinas interrumpidas y acceso restringido a la actividad recreativa y, todo esto, ha afectado profundamente a su bienestar psicológico», explicó.

Brechas de desigualdades sociales y económicas

También Pedro Camajá, director de Fundebase en Guatemala, activista político, defensor de derechos humanos en Guatemala y director de Fundebase, socio local de Manos Unidas que lleva 25 años trabajando con los pueblos indígenas y campesinos en el país centroamericano, hizo un repaso de lo que el coronavirus y las medidas de restricción de movimiento «implementadas con excusa de la pandemia», han supuesto para las comunidades más pobres de Guatemala. «Estos impactos confirman las grandes brechas de desigualdad social y económica que existen en el país», aseguró Camajá.

«El gobierno aprovechó el contexto de la pandemia para imponer el estado de sitio en lugares donde hay intereses extractivos. Estas medidas son un claro mensaje de represión contra defensoras y defensores de derechos humanos; de hecho, en el año 2020 aumentaron las agresiones contra este colectivo, llegándose a contabilizar 1004 agresiones de todo tipo, el nivel más alto del último cinco años», denunció el activista guatemalteco.

Para el director de Fundebase, «otra de las graves consecuencias de la pandemia, ha sido el incremento de la violencia intrafamiliar y contra las mujeres, que las estadísticas oficiales sitúan en el 5% pero que, sin embargo, informes extraoficiales aseguran que ha sido mucho más elevado» explicó.

Camajá relató, también, cómo los conocimientos y prácticas ancestrales de las poblaciones indígenas, tanto en el ámbito sanitario como en el agroecológico, fueron fundamentales para que las familias campesinas indígenas pudieran hacer frente a las consecuencias de la pandemia. «Las familias indígenas que viven y trabajan la agroecología, lograron autoabastecerse de alimentos y gracias a la generación de excedentes en la producción familiar, fueron los principales proveedores de alimentos para sus comunidades ante las limitaciones de movilidad», expuso.

 

 

 

Por su parte la religiosa zamorana, Pilar Cobreros, misionera de la Congregación de Siervas de María Ministras de los Enfermos y directora del hospital Dschang en Camerún, agradeció a la ONG su impulso durante la emergencia sanitaria en el país. Además, pidió no olvidar la situación actual del acceso a las vacunas. «La gente piensa que la pandemia no existe y que con las vacunas le inoculamos el virus», admitió con preocupación.

Desde Camerún, aseguró que uno de los sectores de población más afectados por la pandemia ha sido la población anglófona desplazada «que han dejado sus hogares por la inestabilidad y violencia existente en su región y se han establecido en Dschang para poder sobrevivir y para que los jóvenes puedan continuar con su formación académica», comentó.

La religiosa riojana, socio local de Manos Unidas en Camerún, explicó la situación de la vacunación en el país africano. “En Camerún, ahora mismo, nos enfrentamos al problema de la vacunación. Aunque en los medios de comunicación se habla mucho del tema y se muestran algunas fotos de personalidades vacunándose, la realidad es que a la gente de a pie, por lo menos en nuestra zona, aún no ha llegado nada. Por ejemplo, a nosotros, personal sanitario, no se nos han ofrecido ni notificado nada. Hay mucha confusión y la opinión de la mayoría es que, aunque venga la vacuna, la gente no se va a vacunar”.

Para la hermana Cobreros los retos a los que se enfrenta Camerún son muchos: “si quieren salvar Camerún, el primer reto es que el Gobierno proporcione a la población medidas sanitarias básicas. En las zonas rurales la precariedad de recursos es impresionante. Por ejemplo, en esta zona nuestra el conseguir agua… es todo un reto.  El acceso a la Sanidad es toda bajo pago y la calidad deja mucho que desear… porque el Gobierno está totalmente fuera de lo que realmente pasa en la población y en la realidad de Camerún”, denuncia.



O si lo prefieres, regístrate en ECCLESIA para acceder de forma gratuita a nuestra revista en PDF

HAZME DE ECCLESIA

Cada semana, en tu casa