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Clara Pardo: el hambre mata más que la covid
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Clara Pardo, presidenta de Manos Unidas: «El hambre mata más que la covid»

«No hay vacuna que pueda contra la indiferencia y más de 690 millones de personas pasan hambre hoy en el mundo». Así de contundente se ha mostrado la presidenta de Cáritas, Clara Pardo, en la rueda de prensa de presentación de la Campaña de Manos Unidas «Comparte solidaridad para acabar con el Hambre». En un acto desarrollado el 10 de febrero desde la Asociación de la Prensa de Madrid, y que pudo seguirse también de forma virtual, la presidenta de esta ONG católica ha asegurado que «aunque el hambre no es contagiosa, también mata, lo hace mucho más que la covid-19. Y contra el hambre no hay vacuna, sino una indiferencia vergonzante».

Por eso, Manos Unidas, como lo viene haciendo desde hace 62 años sigue trabajando para que el mundo «no pase de puntillas sobre esta crisis». De esta forma, Pardo ha afirmado que para salir de la crisis «debemos descubrirnos como mejores personas y demostrar que si todos ponemos de nuestra parte podremos hacer real “que el mundo sea de todos”».

Durante el acto, la presidenta de Manos Unidas quiso agradecer a todos los socios y donantes «que a pesar de las dificultades por las que hemos pasado durante este año, han seguido fieles a su compromiso con el que se han financiado este 2020 160 proyectos de emergencia, con 4,6 millones de euros en total.

En su Campaña 62, Manos Unidas se ha centrado en denunciar las consecuencias que la pandemia de coronavirus está teniendo entre las personas más vulnerables del planeta y en promover la solidaridad entre los seres humanos como única forma de combatir la pandemia de la desigualdad, agravada por la crisis sanitaria mundial, que castiga con hambre y pobreza a cientos de millones de personas en el mundo.

Por eso, Manos Unidas quiere que este año aumenten los contagios de solidaridad, y no los que llevan a la enfermedad y la muerte. Y por eso quiere que te contagies del mensaje de su nueva Campaña y que colabores en la labor que llevan haciendo desde hace más de seis décadas: acabar con el hambre el mundo, que padecen cerca de 800 millones de personas en el mundo.

Iniciativas para los más vulnerables

En la rueda de prensa, participó desde Jerusalén, Alicia Vacas, responsable de las Misioneras Combonianas para Oriente Medio y Asia, que trabaja en la promoción del diálogo interreligioso y en la defensa de los derechos humanos de los colectivos más desfavorecidos. Una de las diversas iniciativas de desarrollo que apoya Manos Unidas en la zona es la que apoya «a las mujeres africanas en busca de asilo, victimas de abuso y violencia que han vivido aún con más precariedad la pandemia».  El proyecto Kuchinate a través del cual fomentan el «empoderamiento» de estas mujeres, explicó Vacas, aboga por «la solidaridad por el cuidado común, por una economía integrada en un proyecto social y orientar esa energía con cauces nuevos». Este proyecto ha logrado unir a mujeres con una herida abierta, y formar una familia. «Se empezó a reunir a las mujeres para tejer juntas cestos de ganchillo. Así pasaron muchas tardes mientras se iban tejiendo, junto a las cestas, relaciones, confianza y complicidad…».

Hoy, este proyecto tiene como objetivo el bienestar y desarrollo psicosocial y profesional de estas mujeres. Además, facilita tanto su integración en la sociedad israelí como su reconocimiento como refugiadas por parte de la ONU y su reasignación a países de acogida donde puedan ser reconocidas como tales.

También intervino en el acto de presentación Raquel Reynoso, presidenta de la asociación SER (Servicios Educativos Rurales) trabaja en la promoción de los derechos humanos entre la población indígena, principalmente mujeres campesinas, de Ayacucho  en Perú. «Una de las zonas más castigadas por el conflicto armado interno que padeció el país y que se ha visto muy afectada por la actual pandemia del coronavirus», destacó Reynoso. Gracias a Manos Unidas «hemos comprobado que pese a que son tiempos difíciles para todos, hoy más que nunca nos toca ser solidarios. No solo hablamos de una solidaridad de nuestro entorno, de nuestro prójimo más cercano. Sino que necesitamos que esa generosidad traspase fronteras», concluyó.

La vulnerabilidad «se ceba» con la mujer

Ya en el turno de preguntas, ambas han respondido a ECCLESIA y han coincidido afirmando que la pandemia «no solo ha agudizado la vulnerabilidad de la mujer, sino los roles que ellas desempeñan, como es el cuidado de las personas». Por eso, ha explicado Reynoso, «mientras esto no se cambie, a ellas nadie las cuida ni las protege. Frente a cualquier crisis ellas se descubren como las más perjudicadas».

En el caso de Vacas, reconoce que esta situación que es dura para todos, pero las mujeres africanas «siguen sin recibir el status d refugiados, y los únicos trabajos a los que pueden acceder es la limpieza. Con esta crisis, la mayoría ha perdido su trabajo. Son mujeres que están solas, con niños a su cargo… A esto hay que añadirle un plus. Son muchas veces mujeres que salen de una red de seres humanos a las que a ellas les resulta fácil volver porque le ofrecen trabajo o dinero, por lo tanto más vulnerables si cabe».

 



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