Revista Ecclesia » Cinco síntomas y cinco remedios para la acedia espiritual según Jean-Charles Nault
Iglesia en España Última hora

Cinco síntomas y cinco remedios para la acedia espiritual según Jean-Charles Nault

«Necesitamos una regla de vida que no sea presentada como una obligación que viene de fuera sino como una aspiración del corazón del hombre que nos ayuda a estructurarnos». Estas han sido las palabras del abad de Saint-Wandrille, el benedictino francés Jean-Charles Nault, quien esta mañana ha compartido sus reflexiones sobre la acedia en la vida cristiana en  el VII Encuentro de Directores Espirituales, organizado por la Comisión Episcopal para el Clero y Seminarios y que se prolongará durante la jornada de hoy y mañana. 

Presentado por Joan-Enric Vives i Sicília, arzobispo-obispo de Urgell y presidente de esta comisión, las primeras sesiones han versado sobre «ese factor de división» que señalaba el Papa Francisco que es la acedia, la falta de cuidado espiritual, en la obra En Él solo la esperanza publicado por la BAC. 

«La acedia aparece bajo diversas manifestaciones en nuestra vida de pastores y es preciso estar alerta para poder discernirla bajo los ropajes con que se disfraza. A veces es la parálisis donde uno no termina de aceptar el ritmo de la vida. Otras veces es el pastor saltimbanqui que, en un vaivén, muestra su incapacidad de estar en sí fundado en Dios y en la historia concreta con la que está hermanado… Hay que entender bien que la acedia es un factor de división; que la vida es lo que une; y los que han sido ganados por la acedia no asumen la vida». 

A juicio de Evagrio Póntico, monje asceta al que se ha referido Nault a lo largo de su exposición, la acedia se ubica en la intercesión entre los apetitos carnales (gula, lujuria y avaricia) y las malas acciones espirituales (pereza, envidia, vanidad y soberbia).

Para Nault estos son los cinco síntomas en los que se manifiesta esta falta espiritual en la vida religiosa.

  1. Inestabilidad interior, presente en la necesidad de cambios y movimientos permanentes. 
  2. Excesiva preocupación por la salud. 
  3. Aversión para su propio deber de estado, huyendo de la realidad cotidiana con proyecciones hacia el futuro.
  4. Negligencia o excesos en la observancia de nuestra vida religiosa 
  5. Desánimo general, que puede llegar a una profunda crisis espiritual donde se ponga en duda nuestra vocación. 

Y estos son las propuestas que desde Evagrio Póntico y desde su experiencia contrastada como abad desde 2009 de Saint-Wandrille, Nault enumera. 

  1. Llorar: es el reconocimiento de que necesitamos ser salvados. Las lágrimas nos van a ayudar a transformar nuestro corazón de piedra en un corazón de carne.
  2. Equilibrio: una vida de oración, trabajo y descanso. 
  3. Método antirrético: hacer lo que Cristo hizo en el desierto. Contestar al mal pensamiento con una frase de la Sagrada Escritura. Pequeñas frases, sentencias, que cada uno puede usar cuando contestar a un pensamiento malo. 
  4. Meditación de la muerte: recordar a Dios y recordar a la muerte como el final de este camino y la gloria sin parangón que nos espera, según  dice san Pablo en la carta a los Romanos, después de pasar las dificultades de la vida presente. 
  5. Perseverancia: a juicio de Nault, este es el remedio principal. Es una llamada al aumento de fidelidad. 


O si lo prefieres, regístrate en ECCLESIA para acceder de forma gratuita a nuestra revista en PDF

HAZME DE ECCLESIA

Cada semana, en tu casa