Opinión

Ciencia y fe: Vernon L. Smith, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

Ciencia y fe: Vernon L. Smith, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

Vernon L. Smith (1927-), diagnosticado Síndrome de Asperger, fue Premio Nobel de Economía en 2002 por haber establecido experimentos de laboratorio como una herramienta en el análisis económico empírico, especialmente en el estudio de mecanismos de mercado alternativos. Además se ha interesado por dar a conocer su fe, su conversión al cristianismo, llegando a poner muy en tela de juicio el materialismo y el cientifismo.

En la Conferencia dictada en Acton University, Grand Rapids (Mich.), el 15 de junio de 2016, dijo cosas tales como las siguientes:

¿Qué es la fe y cómo puede ser relevante tanto para la ciencia como para la religión? La respuesta que daré es una definición del Nuevo Testamento que también se aplica a la ciencia. En la carta a los Hebreos (11:1) se lee: «La fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve». Lo que se expresa ahí vale tanto para la ciencia como para la religión; a ambas les interesan las realidades invisibles de la verdad… Mi proceso gradual de conversión, que siempre agradezco, probablemente fue acelerado por la lectura de Jesús, el hijo de Dios, del poeta libanés Kahlil Gibran… Aunque el materialismo está vivo en la retórica de muchos científicos e intelectuales de hoy, el proceso de búsqueda de la verdad en la ciencia lo ha vuelto obsoleto. El materialismo, no Dios, está muerto. Si por un tiempo se pensó que Dios estaba muerto, ha resucitado. No hay conflicto entre ciencia y religión; que, para los estándares materialistas, ambas son igualmente aterradoras…Y qué gloriosa experiencia es estar vivos. Los científicos han dicho que fue un accidente, sin propósito. Nosotros los cristianos creemos que fue un acto de amor de nuestro Dios y nuestro Salvador, una fe que es compatible con los descubrimientos de ingeniería que llamamos ciencia. Gracias, damas y caballeros. Y que la paz esté con ustedes.

Lo dicen hasta los Premio Nobel en Economía: ciencia y fe no son incompatibles.

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