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Chile y las preguntas

Me han impresionado las imágenes de las iglesias ardiendo en Chile. Conozco del contexto y las circunstancias solamente lo que la prensa aquí nos traslada –con todo lo que eso significa de prevención e intereses…-: que las protestas y el descontento comenzaron hace un año por reivindicaciones sociales de las que se han adueñado –como siempre- los grupos más ideologizados de izquierdas con reacciones violentas y todo para poner el foco en derogar la constitución del país, heredada de los tiempos de Pinochet, que se vota en referéndum su continuidad estos días. Puedo imaginar que ahí meten a la Iglesia en el mismo saco que la dictadura y por eso los ataques a los templos.

Supongo que es un análisis más que muy simplista e incompleto y que si mis amigos chilenos pudieran leer esto –he vivido con chilenos, tengo amigos que viven allá, es un país que me agrada mucho, institucionalmente tenemos vínculos la provincia española de los dominicos con Chile… – me darían un pescozón por no entender nada de nada. Seguro que me hablarían de las profundas desigualdades sociales, de la herencia de Pinochet, o de los afanes revolucionarios de la izquierda, del odio a la Iglesia al orden y a todos los valores, etc… pero ya lo siento, soy rehén de las noticias que aquí nos llegan y de cómo nos las cuentan… o de cómo las leo yo, todo sea dicho.

El caso es que me ha impresionado esa reacción violenta contra dos templos de Santiago, ver las imágenes de los violentos prendiendo fuego y celebrando las llamas y la destrucción, ver las fotografías de los saqueos y las protestas despierta terribles ecos. Y por qué no decirlo, también miedos y alarmas. Cuando las barbas de tu vecino veas cortar y tal. No quiere uno ser profeta de calamidades, ni agorero ni nada de eso… pero verán ustedes, el mundo está complicado, la polarización amenaza cada vez más, y oye, no sería la primera vez que nos sorprende la realidad con aquello que ni queríamos ni esperábamos.

No sé si es forzar en exceso las analogías, pero sin las reacciones violentas –todo sea dicho- también aquí tenemos movimientos sociales ideologizados en la izquierda que en aras de supuestas reivindicaciones sociales quieren acabar con un régimen y un modelo social dicen heredero de la dictadura. También aquí se mete a la Iglesia de manera acrítica, ideologizada, y anticlerical –ya saben eso de Baroja de que en España siempre vamos tras los curas o con cirios o con palos…- en el saco de los agentes del sistema a derribar. La gran diferencia por la que ahora las calles no estallan seguramente es porque aquí están en el gobierno y allí no…

Creo que estamos en una situación en la que nadie sabe bien qué hacer con todo esto, cómo abordarlo. Y menos que nadie los creyentes. Y a mí, tan sólo me quedan preguntas.

¿Cómo se dialoga con quien no quiere hablar? ¿Cómo se trata de tender la mano a quien no quiere cogerla? ¿Cómo presentar un rostro de Iglesia a quien sólo ve lo que quiere ver? ¿Cómo vencer prejuicios anticlericales con quien es incapaz de mirar fuera de sus anteojeras? ¿Cómo recuperar el valor de la pluralidad, del respeto a quien no piensa como yo, no cree como yo, defiende claves distintas, en fin, el sentido último de la democracia de convivir con los distintos? ¿Se puede desarmar a la revolución con la palabra, la cordura, el testimonio? ¿Hay que continuar haciendo autocrítica para ello? ¿Sirve para algo ese camino o es un constante ceder y ceder y ceder que sólo fortalece al otro? ¿Toca un replanteamiento de esquemas comunicativos, de formas de hablar, de estar, de predicar? ¿Con qué horizonte, buscar consensos, o defender identidades? ¿Cabría pensar también en cierta manera en hacer frente de otro modo? ¿Cómo y cuáles serían? ¿Es esto la batalla cultural?

Muchas preguntas y pocas respuestas. Pero sobre todo una. Una pregunta clave que debería ser la primera y que por eso dejo para el final. ¿Qué es lo más evangélico en todo esto? ¿Cómo se pone la otra mejilla, cómo se es manso y humilde, cómo se ama al enemigo, cómo se busca la paz, y a la par se es firme, claro y fiel y se defiende la libertad, el bien, la belleza, la justicia, la identidad, la fe? ¿Cómo amar siempre y en todo?

Vicente Niño Orti @vicenior

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