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Chile, año 2020.

Nadie puede dejar de horrorizarse con las imágenes de Chile de estos pasados días. Una turba de encapuchados asaltaron varias iglesias en Santiago de Chile y quemaron dos de ellas, reduciéndolas a poco más que ceniza y cemento.  Chile, año 2020, el que era uno de los países más punteros de Latinoamérica, ha caído en las manos de quienes no la quieren. Ningún país que quiera progresar emprende un camino semejante a este y en esta nación hay hoy quien busca enfangarla en el odio, el totalitarismo y la incultura. Ningún país sano camina por esta senda.

No te dejes vencer por el mal. Por el contrario, vence al mal, haciendo el bien” Romanos 12:21. Te pido, querido lector, leas los 21 preciosos versículos de esta Carta a los Romanos dentro den Nuevo Testamento. Ahí tenemos la clave. No caigamos en el proceder de quienes han destrozado templos católicos en ese precioso país. No les odiemos ni siquiera por un instante. Recemos por Chile y por el pueblo chileno.

Recemos por este mundo que en la peor situación posible está intentando ser gobernado por los peores. No desesperemos, porque aunque duelen ver esas imágenes y el jolgorio de quienes tiran la Cruz o destrozan imágenes de Santa María, o cuando prenden todo el templo y hacen caer sus torres, incluso cuando pintan dentro de los muros de la destrozada iglesia “Muerte al nazareno”, con todo, aunque duela, los cristianos sabemos que Jesús ya derrotó a la muerte, que la Iglesia ya superó las decenas de grandes persecuciones y que cuando vemos esas imágenes, lejos de llenarnos de odio, nace en nosotros una fuerza y un amor difíciles de explicar salvo para quien sabe que Dios es Amor.

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