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Celebrar la paz

CELEBRAR LA PAZ

El pasado 11 de noviembre se organizó un gran evento en París para celebrar el centenario del armisticio que puso fin a la Primera Guerra Mundial. Asistieron líderes políticos de todo el mundo y todos hablaron de un encuentro histórico.

Las palabras del presidente francés resumen el espíritu del acto: “Sólo hay un combate que vale, el combate de la paz, el combate de un mundo mejor”. Indudablemente, son palabras sabias que resumen el sentir de todo hombre y mujer de buena voluntad, pero que no siempre coinciden con la tozuda y triste realidad que se vive en muchas partes del mundo y en nuestra propia sociedad.

De ahí nuestra pregunta y nuestra reflexión en el contexto de la celebración de la Jornada Mundial de la Paz que tiene lugar cada 1 de enero: ¿Tenemos hoy motivos suficientes para celebrar la paz? ¿Cómo celebrar la paz en un mundo roto y en una sociedad dividida? La historia de los últimos cien años y el panorama que nos ofrece el mundo actual nos llenan de dudas, cerrándonos muchas puertas a la esperanza: las situaciones límites que se viven en no pocos lugares salpicados por nuevos y añejos conflictos bélicos –inducidos muchos de ellos por intereses económicos y estrategias geopolíticas de los mismos países que estuvieron en el acto de París–, el crecimiento de la desigualdad, los graves problemas ecológicos, las dificultades para encontrar soluciones al fenómeno migratorio, la falta de entendimiento político en nuestras mismas sociedades desarrolladas…

Sin embargo, la esperanza no puede faltar en cualquier celebración de la paz, pues, aunque somos conscientes de que la guerra y la violencia forman parte de nuestra historia, también sabemos de los esfuerzos de muchos por construir la paz. Por eso, con palabras del profeta Isaías, nuestra esperanza activa nos hace contemplar un mundo en el que “sus espadas se convertirán en rejas de arado y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación ni se adiestrarán más para la guerra”.

Y, en esta esperanza, toda celebración de la paz conlleva el compromiso de trabajar por la justicia. Por una paz positiva que reduzca las desigualdades, proteja a los más débiles, cuide el medio ambiente, elimine las discriminaciones, genere desarrollo… “El desarrollo es el nuevo nombre de la paz” afirmó con voz profética Pablo VI hace ya 50 años en momentos también muy oscuros para la humanidad. Desarrollo integral de la persona y para todas las personas y naciones.

Todo ello sin olvidarnos de que esta paz positiva solo será posible si el mundo actual realiza una apuesta sólida y decidida por la educación; pues solamente desde ella se puede conseguir la paz del corazón, que es la paz del perdón y la reconciliación.

Luciano Soto,

miembro del Equipo de la Delegación de Apostolado Seglar

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