Opinión

Católicos y científicos: THOREAU 200, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

Católicos y científicos: THOREAU 200, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

En este 2017 se cumple el 200 aniversario del nacimiento en Concord ( Massachusetts, USA) de Henry D. Thoreau (1817-1862). Además de estar reconocido como uno de los padres de la literatura estadounidense, se le considera precursor de la sensibilidad ecologista – magníficamente expresada en su obra “Walden”- y del pensamiento crítico ciudadano, respecto al cual es tenido como padre de la desobediencia civil.

Este yanqui que subyuga en la actualidad a los pocos autodenominados progresistas que lo han leído, fue un hombre profundamente religioso, de origen puritano y tendencia trascendentalista, con un planteamiento sincrético respecto al hinduismo, es decir, una auténtica empanada teológica, pero religioso al fin y al cabo, algo que cualquier intelectual que se precie, al menos en España, no se puede permitir si quiere ser leído y aceptado.

Aunque tomó en Harvard –por cierto, primera universidad norteamericana fundada gracias a la generosidad del clérigo John Harvard- lecciones sobre diversas disciplinas (ciencias, filosofía, matemáticas…) nunca alcanzó una formación académica sólida, por lo que resulta exagerado calificarle como padre de la ecología, etc.; sus conocimientos científicos fueron bastante limitados por lo que parece. No obstante, los escritos y conferencias de Henry D. Thoreau sobre la defensa de las libertades individuales, han sido mencionados como fuente de inspiración nada menos que por Mahatma Gandhi, el presidente estadounidense John F. Kennedy, el activista de los derechos civiles estadounidense Martin Luther King, Jr., William O. Douglas, o el autor ruso León Tolstói. Thoreau y sus compañeros trascendentalistas de Concord fueron una inspiración importante del compositor Charles Ives.

En su obra “Walden” Thoreau presenta su reflexión sobre la necesidad de preservar tanto la naturaleza y el planeta como lo más importante y para él única riqueza del ser humano, la felicidad, contraria al malestar que aqueja a la mayoría de los seres humanos, y para cuyo alcance tiene una importancia inconmensurable la amistad, y poco que aportar la banalidad de los eruditos de Harvard. Según el propio Thoreau, «Walden es un libro escrito para esa mayoría de hombres que está descontenta con su vida y con los tiempos que le ha tocado vivir, pero que podría mejorarlos. Y también para aquéllos en apariencia ricos, pero que en realidad han acumulado cosas inútiles y no saben muy bien qué hacer con ellas».

Pues todo ello fue compatible con el trascendentalismo, movimiento de reforma dentro de la Iglesia Cristiana Unitaria que subrayaba la relación personal con Dios, y que a Thoreau no pareció resultarle incompatible con la lectura de Darwin y la aceptación del concepto de evolución por él enunciado, sin que llegase a renunciar a su fe teísta y sin que llegase a adoptar la fe materialista. Para el trascendentalismo la ley natural es uno de los caminos para encontrar a Dios y a la felicidad del hombre. “El hombre fluye de inmediato a Dios cuando se abre el canal de la pureza” escribe Thoreau, y también “La mayoría de los lujos, y muchas de las llamadas comodidades de la vida, no sólo no son indispensables, sino obstáculos reales a la elevación de la humanidad”. Su idealismo le llevó a la aceptación del mito del buen salvaje en muchas ocasiones, mito ya caído por la investigación paleoantropológica.

En el estado avanzado de su tuberculosis, sus amigos estaban fascinados por su tranquila aceptación de la muerte. Cuando su tía Luisa le preguntó en sus últimas semanas si había hecho la paz con Dios, Thoreau respondió: «No sabía que nos habíamos peleado».

Más allá de la sensibilidad ecologista, en los albores de p.ej.- la ecología científica española, encontramos casos como el de Thoreau en los que la religiosidad ha sido perfectamente compatible y motor con el desarrollo de una disciplina científica, en personas concretas como por ejemplo Celso Arévalo, Ramón Margalef, Fernando González Bernáldez, Enrique Balcells, Pedro Montserrat, y un largo etcétera que ya hemos considerado aquí en Ecclesia.

Hoy, 12 de julio, se le rinde a Thoreau merecido homenaje científico en el Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) de Madrid.

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