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Católicos y Científicos: Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

Católicos y Científicos: Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

De muchos modos y maneras han contribuído las mujeres al desarrollo científico de la humanidad, y no está de más decirlo, ahora, en las proximidades del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer.

La primera de ellas y más importante ha sido la de no negarse a tener hijos, de donde provenimos los científicos, y a participar de su educación. También han sido fundamentales para que algunos llegasen a ser grandes personajes de la ciencia, lo que se deduce de un sinfín de agradecimientos en los discursos públicos de ellos. Además, hay mujeres que han sido científicas consagradas. Pero hay otras, quizás menos conocidas, que han utilizado su fortuna para poner en marcha fundaciones. Este es el caso de Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno que falleció en Madrid en 2012 a los 88 años de edad.

 

Tal y como se recoge en la magnífica web de la fundación, “Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno perteneció a una familia de antiguas raíces en la Historia de España, y se caracterizó por su amor a la naturaleza y la preocupación por conservar su legado para las futuras generaciones. Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno y Julio Peláez decidieron constituir una fundación que, tras su muerte, conservara el patrimonio familiar y lo hiciera rendir en beneficio de la sociedad. Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno y Seebacher, nació en San Sebastián el 26 de octubre de 1923, y residió en Madrid toda su vida. Tatiana procedía de una familia de antiguas raíces en la Historia de España, cuyos orígenes se remontan a los Golfines de Cáceres, desde el siglo XIII, y a los Pérez de Guzmán el Bueno de Córdoba, descendientes del defensor de Tarifa y de Leonor López de Córdoba, la valida de la Reina Catalina de Lancaster. Tras una infancia y juventud vividas en su entorno familiar de la madrileña calle del General Martínez Campos, en 1949 se casó con Julio Peláez Avendaño, físico de profesión, quien le inculcó el amor a la ciencia y a la investigación. En 1953, el matrimonio se instaló en la madrileña Quinta Torre Arias, donde desarrollaron su amor a la naturaleza . Tras el fallecimiento de su padre en 1977, Tatiana pasó a ser la VIII Condesa de Torre Arias con Grandeza de España, XI Marquesa de Santa Marta y Marquesa de la Torre de Esteban Hambrán. Con el tiempo, Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno y Julio Peláez decidieron constituir una fundación que, tras su muerte, conservara el patrimonio familiar y lo hiciera rendir en beneficio de la sociedad. Tras el fallecimiento de su esposo en 2003, Tatiana regresó a su casa de Martínez Campos y, posteriormente, constituyó la Fundación, siendo su primera presidenta. Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno falleció el 1 de octubre de 2012, dejando como heredera a la Fundación que lleva su nombre. La Fundación es heredera de la visión de Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno sobre el desarrollo integral de la persona a través de una adecuada relación con la naturaleza, el progreso de la investigación científica y la formación de la juventud. La Fundación tiene como fines el estudio y cuidado de la naturaleza, el fomento de la investigación científica, la formación de los jóvenes y la conservación del propio patrimonio histórico-artístico.

El interés por la Ciencia le venía a doña Tatiana por su marido, Julio Peláez Avedaño que había estudidado física. El conde consorte abandonó la investigación cuando en 1949 contrajo matrimonio con la condesita de Torre de Arias. El enlace se celebró en la iglesia de San Jerónimo el Real. La novia, rezaban las crónicas de entonces, vestía traje de falla y velo de encaje antiguo, que perteneció a su abuela.

La fundación no hace acepción de credos: sus convocatorias se resuelven de un modo absolutamente aconfesional, en base a la excelencia de los proyectos, lo cual no es incompatible para que desde la excelencia académica se financien actos de educación ambiental, conservación del patrimonio de la Iglesia Católica, etc.

Durante toda su vida Tatiana vivió su fe católica sin complejos, al igual que su esposo. También con discreción, sin alharacas. Así lo atestiguan quienes convivieron con ella. Ambos fallecieron cristianamente, como habían vivido, después de recibir los santos sacramentos. Tatiana encargó para el eterno descanso del alma de su marido misas gregorianas. Y su legado ha hecho y está haciendo mucho bien a la ciencia, con becas, premios, etc. También la finca en la que la condesa vivió hasta sus últimos días, la Quinta Torre Arias, fue donada al Ayuntamiento de Madrid para hacer un parque público, siendo alcalde Tierno Galván, no precisamente muy católico, lo cual engrandece más si cabe a la condesa y su amplitud de pensamiento y miras.

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