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Católicos y científicos: san Agustín, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

Católicos y científicos: san Agustín, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

Tras las muchas lágrimas de su madre Agustín de Hipona (354-430) se convirtió al cristianismo y fue catecúmeno de san Ambrosio. Se retiró con unos compañeros a vivir en una pequeña propiedad para hacer allí vida monacal. Años después esta experiencia fue la inspiración para su famosa Regla. Lo eligieron para ser presbítero ante las necesidades existentes, y luego para ser obispo, tras lo cual organizó una especie de monasterio de presbíteros

A los diecinueve años rechazó la fe en nombre de la razón abrazando el racionalismo. Y es que dicen que la lectura de Hortensiusde Cicerón despertó en Agustín el gusto por el estudio de la filosofía, ciencia en la que sobresalió. Tras su conversión descubrió poco a poco que razón y fe no están en oposición, sino que son complementarias. En cuanto a sus estudios, los padres le favorecieron de manera determinante con todos los estudios entonces posibles: primeras letras en Tagaste, de los 6 a los 13 años (361-367), Gramática en Madaura (367-370) y Retórica en Cartago (371-374), estrenándose como «gramaticus» en la escuela de Tagaste en el curso 374-375. Durante seis años (375-381) regentó una escuela de Retórica en Cartago, abriendo otra en Roma el año 383, y finalmente se presentó un concurso público para cubrir la cátedra de Retórica de la Casa Imperial de Milán y obtuvo el primer puesto. Allí se encontró con Jesucristo, tras alcanzar el cénit de su carrera académica y de su desasosiego interior.

Ya cristiano, comentando un fragmento del evangelio de Juan (17,3), dijo:

El Señor, con sus palabras y acciones, ha exhortado aquellos que ha llamado a la salvación a tener fe en primer lugar. Pero a continuación, hablando del don que debía dar a los creyentes, no dijo: «Esto es la vida eterna: que crean», sino: «Esto es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios, y a aquel que tú has mandado, Jesucristo».

Agustín de Hipona dijo a los racionalistas Crede ut intelligas(«cree para comprender») y a los fideístas: Intellige ut credas(«comprende para creer»). San Agustín quiso comprender el contenido de la fe, demostrar la credibilidad de la fe y profundizar en sus enseñanzas. Señaló además que la lectura de la Biblia no debía ser literal Dejó dicho para los científicos de todos los tiempos que «Busquemos con afán de encontrar y encontraremos con el deseo de buscar aún más».

Ya en el siglo IV, en su obra ‘Interpretación literal del Génesis’, para indicar que si una lectura literal del mismo contraría la evidencia científica hay que leerlo no literalmente, dejó dicho que

Sucede de hecho muchas veces que un no cristiano tenga conocimiento o bien por una razón evidente o bien por experiencia personal sobre la tierra, el cielo, u otros elementos de este mundo, o sobre el movimiento, la revolución o también el tamaño y distancia de los astros, o sobre los eclipses del Sol y de la Luna, sobre el ciclo de los años y de las estaciones, sobre la naturaleza de los animales, de las plantas, de las piedras y todas las cosas de este género. Sería una cosa vergonzosa, dañina y necesaria de evitarse a cualquier precio, si aquel escuchase a un creyente decir cosas absurdas sobre aquellos argumentos, como si fueran propias de las Escrituras. Cuando han encontrado a un cristiano sostener su propio error en nuestros libros sagrados en aquello que conocen perfectamente, ¿como tendrán fe en estos libros cuando le hablen sobre la resurrección de los muertos, sobre la esperanza de la vida eterna y sobre el Reino de los Cielos, desde el momento que juzguen que esos escritos contengan errores relativos a cosas que han podido conocer ya por propia experiencia o mediante cálculos matemáticos seguros?”.

El padre de la Genética, Gregorio Mendel, fue fraile agustino, y por ello sus enseñanzas fueron proscritas en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Fray Luis de León, profesor en la Universidad de Salamanca; Fray Joaquín Peña, misionero en China, miembro de la Real Academia de la Historia y Bibliotecario y archivero del monasterio de San Millán de la Cogolla o fray Ángel Martínez Cuesta, historiador de la Orden; o de los que ya hemos dado cuenta en Ecclesia Digital como el padre Enrique Flórez que dio nombre a un instituto del CSIC —institución fundada por católicos que cumple ahora 80 años—, Angel Rodríguez de Prada, Severino Rodríguez, Luis Villalba Guillermo Antolín, o Francisco Méndez …

Algunos de ellos fueron asesinados por el Frente Popular, que mató más científicos que la Inquisición, como Arturo García de la Fuente, o Sabino Rodrigo, o Gerardo Gil Leal, o Matías Espeso, o Mariano Revilla, Bernardino Alvarez, Diego Ventaja.

Son sólo algunos ejemplos de cómo los Agustinos han conciliado ciencia y fe a lo largo de la historia, y lo siguen haciendo por ejemplo regentando el Real Centro Universitario El Escorial de la Universidad Complutense de Madrid.

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Sobre el autor Alfonso V. Carrascosa Santiago

Alfonso V. Carrascosa es Doctor en Ciencias Biológicas y científico del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), dedicado a la investigación en Historia y Documentación de las Ciencias Naturales en España (HISTORNAT). Coordina el Grupo de “Historia de la Microbiología Española” de la Sociedad Española de Microbiología (SEM), y realiza difusión de la cultura científica. “Como es obvio, lo manifestado en sus artículos no tiene por qué coincidir con el posicionamiento, ni reflejar los puntos de vista de las instituciones en las que desarrolla su actividad”.

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