Opinión

Católicos y científicos: Salvador Valdés, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

Católicos y científicos: Salvador Valdés, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

Salvador Valdés Buscaron, nacido en Irún, fue director de la Escuela de Ayudantes Técnicos de Laboratorio y docente de Física en la Escuela de Ingenieros de la Universidad de Navarra.”Devoto de la “Pilarica”… en su enfermedad el principal estímulo para él era recordar a su familia, sus alumnos, la Universidad, la Iglesia, el Papa y a San Josemaría. De todos ellos hablaba. De los amores de su vida, mientras “soñaba” con escribir un tratado de Física para sus alumnos” (www.unav.es). Otro científico y docente católico, estímulo para los que creemos, invitación a la fe para los que no creen.

José Miguel Sánchez Monge, también profesor de la Universidad de Navarra, cuelga de la web un obituario de tremendo interés al respecto, en el que se descubre el hombre normal que fue salvador, y cómo “anormalmente” afrontó las enfermedades y adversidades graves que la vida, y en última instancia el Señor, permitió para su santificación y también para la nuestra:

Salvador Valdés llegó a Navarra procedente de Zaragoza -donde se había graduado en Ciencias Físicas- en los años 60 para trabajar en “Potasas”, pero su vocación docente hizo que, casi desde su llegada, se incorporara a la Universidad de Navarra como profesor asociado de Física. Primero con una dedicación pequeña, dado su empleo en la empresa, poco a poco fue aumentando su tiempo en la Universidad.

Allí impartió clases teóricas y prácticas en las facultades de Ciencias, Farmacia y en la Escuela de Ayudantes Técnicos de Laboratorio -posteriormente Química Aplicada-, de la que fue director desde 1976 hasta 1990, cuando un derrame cerebral le apartó de la vida profesional.

En su juventud el profesor Valdés fue jugador de balonmano, algo que se reflejaba en su personalidad: fuerte, noble, directo, amigo de todos, buen conversador, con gran sentido del humor, preocupado por todos, alegre. Poseía una facilidad especial para conocer a sus alumnos y familias. Siempre tenía estudiantes a la puerta de su despacho, esperando para hablar con él.

Profesor entregado y riguroso, inspiraba confianza y cariño a todos los que le rodeaban. Por sus clases pasaron miles de alumnos, que le recuerdan con cariño. Su dedicación a la empresa, además, hizo de él un profesor con una especial preocupación por atender las enseñanzas prácticas y mejorar el laboratorio.

Fuerte en las adversidades que le deparó la vida: la muerte de su hija Paula en plena juventud, la enfermedad de su mujer, la suya propia. Desde que sufrió el accidente cerebral luchó con una fe envidiable por su rehabilitación. Primero en la Clínica Universidad de Navarra, luego en la Clínica Ubarmin, en su casa y, por fin, durante muchos años en el Centro Infanta Elena.

En este tiempo su familia -con su mujer al frente hasta que falleció- y sus hijas le rodearon de cuidados, compañía y cariño. Con una perseverancia heroica. De una forma admirable. Hasta el final.

Salvador Valdés Finalmente su vida -súbitamente interrumpida- fue un ejemplo para muchos. Descanse en paz.

No parece tras esta semblanza admitir como incompatibles fé católica y ciencia.

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