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Católicos y científicos: Rafael Martínez Molina, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

Católicos y científicos: Rafael Martínez Molina, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

Rafael Martínez Molina (1816-1888) fue un médico anatomista y cirujano fundador de la que es considerada más importante institución científica relacionada con las ciencias naturales de la España contemporánea: la Real Sociedad de Historia Natural

Recibió religión católica en la escuela, concretamente en la Escuela de Latinidad de San Andrés de su ciudad natal, con fray Alonso Jurado y Rus, y más tarde estudió Dialéctica, Ontología y Matemáticas con fray Antonio Yeguas en el convento de los franciscanos. Además,queriendo ser cura católico estudió Filosofía en la Universidad de Granada en la que consiguió el grado de bachiller en Filosofía con la máxima calificación en 1836. Después realizó los cursos de Física Experimental y Química, y el primer año de la carrera de Medicina, en la misma Universidad. Finalmente estudió en Madrid en el Colegio Nacional de San Carlos los siete cursos de la carrera de Medicina, siendo ya entonces Facultad de la Universidad Central. María Dolores Rincón González explica de pé a pá su impresionante curriculum en su biografía

Fue un notable cirujano y contó con una nutrida clientela, cuyos ingresos le permitieron crear en su propio domicilio el Instituto Biológico, dotado de rica biblioteca, de laboratorio de química, de un gabinete histológico, así como de una colección de productos farmacológicos y de aparatos imprescindibles en los inicios de la moderna bacteriología. Aquella institución privada y gratuita se convirtió a partir de 1868 en un círculo activo que propició los métodos experimentales aplicados a la medicina y a las ciencias biológicas; Martínez Molina procuró desarrollar entre sus discípulos la afición al cultivo de las especialidades destacando su importancia en 1863 (Importancia de las llamadas especialidades). Fue único valedor, de manera significativa, de los doctores Maestre de San Juan, Cajal, y Simarro en sus respectivas y fallidas oposiciones a cátedra. Todo ello permite vincular la figura de Martínez Molina con el despertar de la ciencia española (especialmente las ciencias biomédicas) registrado durante el último tercio del siglo XIX: Martínez Molina aportó su magisterio, y dio a conocer las teorías aplicadas en el extranjero por medio de las traducciones de obras tan significativas como el manual de anatomía microscópica de van Kempen (1863), discípulo de Th. Schwann, la anatomía descriptiva de Sappey (1954-1958), o los tratados de Nelaton (1855-1859) y Guerin (1871).Cultivó también la antropología física. En su obra ‘El hombre considerado en sus relaciones y bajo la influencia de los agentes naturales’, Discurso leído en la solemne inauguración del curso académico de 1878 a 1879 en la Universidad Central, Rafael Martínez Molina, dijo cosas como las siguientes:

‘… él (refiriéndose al ser humano) es el único animal animado, en expresión de Bernardo, y es el único que tiene el sentimiento de la divinidad, de lo infinito, de la inmortalidad y de la gloria, el único que extiende sus deseos más allá de su vida, el único que posee la noción de la virtud reguladora de sus deseos en el convencimiento de un Ser Supremo justo dispensador de premios y castigos… Confieso ingenuamente que al enunciar los términos de estos problemas (refiriéndose a la evolución) me siento desfallecido y sin fuerzas para emitir una sola palabra sobre puntos tan arduos y trascendentales de la historia del hombre sobre la tierra. Es el deber como católico de acatar lo que la fe me enseña …Séame permitido no pasar adelante en este punto y terminar diciendo si plego a la omnipotencia divina engendrar al hombre siguiendo el procedimiento descrito tan gráficamente en la Sagrada narración bíblica, también pudo emplear acaso con mayor asombro de su hechura el plan trazado en la moderna ciencia de la evolución y que si antes que la ciencia no hubiera hablado el inspirado autor del Génesis cuya autoridad acatamos, la ciencia de Lamarck y de Darwin mercería para nosotros las mayores simpatías… basta que la materia organizada obedezca a las leyes que el Supremo Hacedor le dicto en el día de la Creación…Decir generación espontánea es establecer la autonomía y actividad de la materia, es romper la valla eterna que viene separando al mundo orgánico del inorgánico, es conceder al acaso el gran panorama del universo, es abrir la puerta a doctrinas disolventes, es en fin cercenar la omnipotencia divina que quiso que cada ser recibiera su existencia de otro ser análogo, obedeciendo a las leyes inmutables de la descendencia…Por mi parte no vería cernirse sobre mi cabeza espesos nubarrones preñados de chispas eléctricas mortíferas el día en que se nos diera como evidente un hecho de generación espontánea. Todavía quedaría ileso el gran principio de que el Supremo Hacedor había creado a la materia haciendo la susceptible de cambiar de estado y de manifestar su actividad de mil maneras obedeciendo siempre a condiciones y leyes impuestas por el mismo Creador. Todavía sería cierta la descendencia en el Reino orgánico de seres análogos preexistentes… la educación religiosa ha de ser uno de los objetos preferentes de los encargados de enseñar a la juventud porque esta enseñanza es la que nos da a conocer los vínculos que unen a nuestra parte inmaterial con el autor de todo lo creado, la que regula los deberes de la criatura con el Criador, la que nos dice el culto que más le agrada y la que nos da resuelto el problema de la otra vida de la manera más conforme con las aspiraciones del corazón humano…en mala hora se ha encomendado en algunos países solo a la familia y no a la universidad el cuidado de la educación religiosa, nada más a propósito en efecto para favorecer el divorcio entre la ciencia divina y la humana, y nada más opuesto a nuestra tendencia en este trabajo que es la de armonizar una ciencia con otra para los que tenemos la dicha de haber nacido en el seno de la Iglesia Católica y nos profesamos y nos gloriamos de profesar la única religión verdadera, para los que estamos convencidos de que ha nde marchar unísonas la verdad religiosa y la verdad científica…’

¡Madre mía, qué problemón tenemos con el laicismo y la historiografía laicista!

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Sobre el autor Alfonso V. Carrascosa Santiago

Alfonso V. Carrascosa es Doctor en Ciencias Biológicas y científico del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), dedicado a la investigación en Historia y Documentación de las Ciencias Naturales en España (HISTORNAT). Coordina el Grupo de “Historia de la Microbiología Española” de la Sociedad Española de Microbiología (SEM), y realiza difusión de la cultura científica. “Como es obvio, lo manifestado en sus artículos no tiene por qué coincidir con el posicionamiento, ni reflejar los puntos de vista de las instituciones en las que desarrolla su actividad”.

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