Opinión

Católicos y científicos: Pietro Chiocchetta

Pietro nació en en Verona, donde asistió a la escuela secundaria clásica. El 20 de junio de 1944 ingresó en el noviciado comboniano, mientras la guerra estaba llegando a su fin. Después del año canónico, asistió a teología primero en Venegono y luego en Roma, en la Pontificia Universidad Urbaniana. El 16 de abril de 1949 fue ordenado sacerdote y dos meses después se graduó en Literatura y Filosofía en la Universidad de Padua.

Después de aprobar el examen de Teología (28 de junio de 1949), fue llamado por el Superior General para enseñar Historia y Patrología de la Iglesia en el Escolasticado Teológico de Venegono Superiore, convirtiéndose en Prefecto de Estudios en los años 1951-1953. Mientras tanto, asistió a cursos de especialización en la Pontificia Facultad de Teología de Milán y fue llamado para dar lecciones en la Escuela Libre de Ciencias Históricas «L.A. Muratori» en Verona y en la Ambrosiana de Milán.

En 1954, después de graduarse en teología con la tesis «Significado de la historia y sentido histórico a la luz del misterio de Cristo», fue enviado al Líbano para prepararse para la misión en Sudán. Pero de inmediato la solicitud vino del Cardenal Fumasoni-Biondi, quien era el portavoz del Consejo de Facultad de la Universidad Urbaniana, para que lo tuviera como maestro: ingresó como Oficial de Historia y Teología del Protestantismo. En 1955 asumió la presidencia de Historia de la Iglesia, convirtiéndose en profesor «ordinario» en 1962. En 1967 también se hizo cargo del curso de metodología científica general para todas las facultades de la Urbaniana, así como miembro del consejo de la facultad.

A pesar de haber pasado más de 35 años enseñando, ocupó varios otros cargos: Presidente de Studium Combonianum (1965-1991), Rector de la Pontificia Universidad Urbaniana (1971-1974 y 1983-1986); Consultor de la Secretaría para los no cristianos, de la Congregación para las Causas de los Santos (1971-2013), de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos (desde 1979) y de la Comisión Teológica. También fue Postulador General del Instituto desde 1986 hasta 1996. Todas estas presencias en los diversos departamentos y al servicio del Instituto indican la inmensidad de su conocimiento y la confianza que había adquirido con sus «informes escritos».

Esto y más puede encontrarse en la web de los Combonianos, orden religiosa misionera que, como es tradición en este tipo de religiosos de la  Iglesia Católica, siguieron sin titubeos las intuiciones de su fundador san Daniele Comboni y creyeron en el hombre africano. En 1864 Comboni había escrito su Plan para la Regeneración de África, un ambicioso proyecto para hacer viable la evangelización en el continente negro: salvar África por medio de África, es decir, con los propios africanos. Por eso, abrieron escuelas primarias en los lugares más apartados de la misión y hasta centros de estudios superiores en las grandes ciudades. El mismo Comboni creó tres institutos para los africanos en El Cairo y posteriormente los Misioneros Combonianos fundaron el Comboni College of Science and Technology  en Jartum, transformado posteriormente en Universidad.

Pero es que además, como ocurriera en la América española, los misioneros aprendieron y difundieron las lenguas africanas de los pueblos con los que trabajaron. Muchos de ellos elaboraron las primeras gramáticas y diccionarios; otros se convirtieron en grandes etnólogos y etnógrafos. Fue una de las señas de identidad de unas personas que creyeron en el hombre africano, en su valía y en su cultura. Las Misioneras Combonianas, fundadas por Comboni en 1872, crearon en Asmara a mediados del siglo XX la primera Universidad de Eritrea, entonces perteneciente al imperio etíope. Esta actividad cultural formó siempre parte esencial de una evangelización impregnada de regeneración, un término que acuñó Daniel Comboni en su propio Plan.

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