Opinión

Católicos y científicos: Modesto Lafuente, por Alfonso V. Carrascosa

Modesto Lafuente Zamalloa ( 1806 – 1866) es tenido por el máximo exponente de la historiografía nacional española, escritor costumbrista, es definido en el Diccionario Biográfico de la Real Academia de Historia como político liberal católico. Por todo ello va cayendo en el olvido, y su obra no es en la actualidad precisamente muy demandada, pero no por ello resulta menos interesante mencionarla por ser un perfecto antídoto contra el laicismo.

Bien jovencito y durante la Guerra de la Independencia recibió la orden menor de la tonsura, igual que lo había hecho su hermano mayor, Manuel, clérigo. Siguió estudiando en el seminario de Astorga, donde fue bibliotecario  y ocupó la cátedra de Filosofía. En 1834  fue nombrado por el gobierno liberal miembro de la Real Junta Eclesiástica para la reforma del clero. Cuando el Decreto de 8 de octubre de 1835 de Mendizábal prohibió a los obispos ordenar nuevos curas y luego recolocó a los monjes como párrocos, Lafuente dejó la carrera eclesiástica, y fue nombrado secretario de la junta diocesana de León, constituida, como en todas las provincias, por el gobierno de Mendizábal para resolver las cuestiones administrativas derivadas de la supresión de conventos. Oficial 1º del Gobierno Civil de León, en 1837 comenzó a publicar su periódico satírico ‘Fray Gerundio’, en honor al padre Isla, creador del personaje cuyas historias llegaron a ser prohibidas por la Inquisición en el siglo XVIII.

Al comenzarse a publicar en Madrid, Lafuente se hizo muy popular, ganando mucho dinero. Se casó y, llegados los moderados al poder, se hizo escritor costumbrista. Al aparecerle competencia fue cuando comenzó su actividad científica en historia, con la que alcanzó sus más altas cotas de reconocimiento comenzando  desde 1850 la edición de su extraordinaria ‘Historia de España’. Fue elegido por unanimidad en 1852 para ingresar en la Real Academia de Historia. Al año el gobierno moderado lo nombró consejero de Instrucción Pública, cargo sin sueldo, es cierto, pero que suponía la entrada directa en la vida política y en los empleos del Estado. Se esforzó denodadamente por armonizar los principios del liberalismo con la fe católica y defendió que España estaba hecha para ser tan liberal como católica, tan libre como unida en la fe, y por eso, “con la unidad religiosa, creció la independencia nacional, y nacieron y crecieron las libertades populares”, según argumentó.

En 1861 alcanzó el rango de primer vicepresidente del Congreso. Luego como diputado, fue vocal de distintos organismos, como la Junta General de Beneficencia, el Consejo de Instrucción Pública, la Junta Consultiva de Ultramar, y además fue nombrado el 14 de julio de 1865 miembro del Consejo de Estado. También fue elegido para la Academia de Ciencias Morales y Políticas. Pero para la ciencia histórica fue el director de la Escuela Diplomática y el presidente de la Junta Superior de Archivos y Bibliotecas, dos empleos de la máxima relevancia para la profesionalización del oficio de historiador desde ahora en adelante.

Por Juan Sinisio Pérez Garzón conocemos todos estos detalles hasta aquí resumidos, y que recibió religión en la escuela, en los agustinos de Cervera, y continuó sus estudios en el seminario de León, lo cual no le privó de dejarnos un legado es incuestionable, cual es que su Historia de España influyó sobre las sucesivas generaciones de manuales de historia hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX. Se le considera creador de la historia nacional de España.

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