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Opinión

Católicos y científicos: Mario Iceta, por Alfonso V. Carrascosa

Se acostumbra a creer que la Iglesia católica y la ciencia son antagónicas. Sin embargo escuelas de pensamiento como el materialismo filosófico no dudan en afirmar que si algo tiene el cristianismo es razonabilidad, y si hay una institución que ha promovido el avance del conocimiento esa es precisamente la Iglesia católica. Eso en términos generales, pero también en casos concretos es fácil comprobarlo.

Un hecho concreto más de compatibilidad ciencia-fe sería —si podemos hablar así- el caso de Mons. Mario Iceta, Arzobispo de Burgos que acaba de tomar posesión de su diócesis. Antes de dar paso a la información que sobre su curriculum académico cuelga de la web de la Conferencia Episcopal, decir que el estudio que da cuenta de la capacidad científica de un licenciado universitario es su tesis doctoral, puesto que debe incluir conocimiento original. Su curriculum abreviado dice:

‘Mons. Mario Iceta nace en Gernika (Vizcaya), diócesis de Bilbao, el 21 de marzo de 1965. Cursó sus estudios de Teología, primero en la Universidad de Navarra y posteriormente en el Seminario diocesano de Córdoba. El 16 de julio de 1994 fue ordenado sacerdote en la Catedral de Córdoba, diócesis donde se incardinó.Es doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad de Navarra (1995), con una tesis doctoral sobre Bioética y Etica Médica. Es también doctor en Teología por el Pontificio Instituto Juan Pablo II para el estudio sobre el Matrimonio y Familia de Roma (2002) con una tesis sobre Moral Fundamental.Igualmente es Master en Economía por la Fundación Universidad Empresa de Madrid y la Universidad Nacional de Educación a Distancia de Madrid (2004) y miembro correspondiente de la Real Academia de Córdoba en su sección de Ciencias Morales, Políticas y Sociales desde 1994. Fundador de la Sociedad Andaluza de Investigación Bioética (Córdoba, 1993) y de la revista especializada bioética y Ciencias de la Salud (1993)’.   

Don Mario tiene dos doctorados. Si el saber científico fuera incompatible con la fe católica no ocurriría esto, pero como se da la circunstancia de que ocurre todo lo contrario, pues contra factum non valet argumentum. Por obvio que pueda parecer a muchos, es poco conocido el nivel académico de los católicos, y más en concreto de los obispos.



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