Opinión

Católicos y Científicos: María Zambrano, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

Católicos y Científicos: María Zambrano, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

Se cumple el 90 aniversario de la Generación del 27, uno de cuyos principales puntos de encuentro fue la Residencia de Estudiantes de Madrid. Varias mujeres conocidas como “Las sinsombrero” formaron parte de dicho grupo. Algunas, como María Zambrano, eran creyentes, aspecto éste del que no se habla en las crónicas oficiales al uso en la actualidad. Hoy se le dedica el doodle de Google.

Se matriculó por libre en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid en 1921. Asistió a las clases de José Ortega y Gasset y de Xavier Zubiri en la Universidad Central de Madrid, completando así la carrera de Filosofía. Asumió un papel de mediadora entre Ortega y algunos escritores jóvenes, como Sánchez Barbudo o José Antonio Maravall. Ortega y Gasset –que murió en la Iglesia Católica y que huyó del Madrid republicano por miedo a ser asesinado, al igual que Zubiri ( filósofo también católico) y toda la Escuela de Filosofía de Madrid- diría de ella que era la discípula más inteligente que había tenido. Consiguió en 1931 ser profesora auxiliar de la Cátedra de Metafísica en la Universidad Central, hasta el año 1936, aunque ya por esta época trabajaba en la que sería su tesis doctoral «La salvación del individuo en Spinoza». Sería también profesora del Instituto de Bachillerato Cervantes (Madrid).

Suyas son citas como la siguiente:

“…la filosofía, al pretender guiar su vida y resolver los enigmas del universo, ha mantenido al hombre europeo en la más insípida desnutrición: ni le ha dado el alimento que necesitaba, el alimento de creencias, de fe, de esperanza, ni le ha enseñado tampoco a vivir heroicamente, al estilo de otro gran suplantador de religiones, al estilo Nietzsche…Así ha venido a suceder que el hombre europeo se ha ido vaciando lentamente, quedando indefenso, sin creencias; es decir, según Ortega ha mostrado con su genialidad, sin realidad, porque las creencias no son el añadido, sino la realidad, la realidad más real de nuestra vida”.

En su entorno la llamaban “La santita”. Todo lo que aportó, el mito creado sobre ella por el laicismo, sin duda más que merecido por sus capacidades, debe saberse que reposaba sobre la fe católica. Nada mejor que leer el magnífico artículo ya publicado en ECCLESIA sobre su religiosidad. Apoyó y participó en las Misiones Pedagógicas durante la primera etapa de éstas, es decir, con anterioridad a la Guerra Civil, ya que después dicho fenómeno educativo continuó. Su participación demuestra que en las Misiones Pedagógicas de esa etapa no hubo una exclusividad ideológica como pretende hacernos creer la sesgada historiografía de las mismas, sino que las puso en marcha un parlamento plural y fueron misioneras en ellas muchas personas, algunas de ellas católicas de la talla de Maria Zambrano.

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