Opinión

Católicos y científicos: Manuel de Falla, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

 

Católicos y científicos: Manuel de Falla, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

Como en tantas manifestaciones culturales, la historia de la música está plagada de personas que profesaron la fe católica, lo cual no sólo no fue limitante en su contribución a esta manifestación artística, sino que actuó más bien como fuerza catalizadora de las más altas cotas de creatividad. Menos conocidos son quienes profesando la fe católica han sido músicos célebres en la España contemporánea, como es el caso de Manuel de Falla (1876-1946).

Ahora se le recuerda en una exposición que está teniendo lugar en la Residencia de Estudiantes titulada “Poetas del cuerpo. La danza de la Edad de Plata”. Falla fue el músico español más importante de esa época, el alma musical de la Edad de Plata. Supuso una ruptura con la tradición anterior. Contemporáneo con la Generación del 27, Falla y Turina volvieron a España como consecuencia de la Gran Guerra del 14. Falla y Federico García Lorca encarnaron la unión de la música con el resto de la actividad cultural, poesía y danza incluida, colaborando por ejemplo, en el Concurso de Cante Jondo de Granada (1922). La generación del 27, que se da a conocer en un acto de homenaje, en Sevilla, a don Luis de Góngora, y Falla pone música a su Soneto a Córdoba. (En el autógrafo, la dedicatoria reza así: «Homenaje a la poesía española»). Junto a Falla se articula un grupo de importantes músicos en Madrid: Ernesto y Rodolfo Halffter, Bacarisse, Pittaluga, Rosita García Ascot. Y todo esto lo hizo desde su posición de católico practicante.

Aterrado por la Persecución Religiosa desencadenada ya antes de la Guerra civil en su querida Granada natal por el Frente Popular –cuyos miembros Falla comentó en una de sus cartas que planearon incluso la destrucción de la Alhambra- escribió como cristiano a Manuel Azaña rogándole pusiera coto a los desmanes. Lo mismo hizo con las autoridades militares sublevadas, a las que llegó a escribir:

“Y a Dios le pido que el santo grito de ‘Viva Cristo Rey’ que tantos mártires lanzan al morir, tenga fecunda eficacia en el convencimiento y en las obras de los cristianos españoles que aún vivimos”.

Su música estaba impregnada de fe católica. En 1916, a comienzos del verano, las tradicionales fiestas granadinas del Corpus Christi programaron, dentro de su ciclo sinfónico, la audición de Noches en los jardines de España, cuya primera parte lleva por título «En el Generalife». El Palacio de Carlos V escuchó el 26 de junio al propio Falla ejecutar la parte de piano. Entre el público presente se hallaban Serge Diaghilev, creador y director de los Ballets Russes, y Léonide Massine, coreógrafo y bailarín de la compañía, que entonces actuaban en el Teatro Real de Madrid, hecho crucial en el desarrollo de la danza durante la Edad de Plata.

Tuvo durante toda su vida director espiritual. En 1905 sufrió un frustrado noviazgo con su prima María Prieto Ledesma, escribiéndole el padre Fedriani el 5 de abril de 1905:

“Tú estate muy tranquilo, hijo mío, déjate de majaderías, sentirás que si está de Dios, y cuando esté de Dios, será ysi no sucede, para tu bien será”. En 2015 se publicó “Manuel de Falla, un católico para nuestro tiempo”, libro póstumo del sacerdote carmelita Fray Juan de Jesús María Alamillos Medina.

Hago alusión a todo esto porque en la mencionada exposición nada se comenta y lo creo oportuno e interesante simplemente a nivel científico. Por otra parte entiendo que al mencionarlo contribuyo a debilitar las mentiras laicista de que no se puede ser un agente determinante en la cultura de la Edad de Plata y a la vez católico ferviente: muchos católicos como Manuel de Falla contribuyeron al arte de la época, y quienes hoy hacen historia con el prisma ideológico heredero del Frente Popular silencian estos hechos.

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