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Opinión

Católicos y científicos: Laín-Entralgo, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

Católicos y científicos: Laín-Entralgo, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

Pedro Laín-Entralgo nació en Urrea de Gaén, provincia de Teruel, en 1908, se doctoró en medicina y se licenció en ciencias químicas.

Con el paso del tiempo llegó a ser miembro de la Real Academia Española, de la que fue director, de la Real Academia Nacional de Medicina y de la Real Academia de la Historia, así como Rector de la Universidad Complutense de Madrid, cargo este último del que dimitió en 1956, por el excesivo intervencionismo de Franco en la vida universitaria. Recibió el Príncipe de Asturias a la Comunicación y Humanidades en 1989.

Pero Laín-Entralgo destacó también como humanista y escritor, y fue pionero en la puesta en marcha de lo que hoy es una disciplina científica de las ciencias humanas: la historia de la ciencia. En ella fue quizás pionero otro científico católico del que ya me ocuparé, Celso Arévalo. El principal logro de Laín fue el de …aplicar el método histórico al estudio de la medicina en todos sus campos y facetas…en palabras de su más importante discípulo, el Prof. Jose Mª López-Piñero, de la Real Academia de Historia, quién no dudó en afirmar que su maestro fue …el Cajal de su especialidad… y que desgraciadamente Pedro Laín Entralgo sigue siendo una persona apenas conocida en nuestro país, quizá porque en España somos destructivos con nuestras grandes figuras. Para que esto no ocurra, vaya este homenaje para quien puso en marcha la primera escuela de investigación científica española en Historia de la Ciencia, hombre además de profundas convicciones religiosas, que comentó y resumió como que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza; el hombre entero pervive tras la muerte y durante su vida terrena, al hombre le es posible comunicarse con Dios.

Zubiri o Morente eran leídos habitualmente por él. Escribiría “…pediré a Dios que me permita siempre decir con verdad y sencillez: «iSeñor, ayúdame a ampliar, ayúdame a gozar mi propio límite!» Porque si Dios está en lo más hondo de nosotros, también está –¿no es cierto, amigos?– en la cuerda que nuestro talón roza al dar con buen ánimo nuestro máximo salto” y también que el hombre es “…titular de una vida que no muere con la muerte…”.



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