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Opinión

Católicos y Científicos: «Julio Casares Sánchez», por Alfonso V. Carrascosa

Julio Casares Sánchez nació en Granada en 1877 y falleció en Madrid en 1964. En este 2022 hace 145 años de su nacimiento, coincidiendo tal efeméride con los 80 años de la fundación del Instituto Miguel de Cervantes de Filología Española (CSIC), del cual fue director y que desde 2007 recibe el nombre de Instituto de Lengua Literatura y Antropología del CSIC. Además, coincide con el 500 Aniversario del fallecimiento de Elio Antonio de Nebrija, probablemente mayor filólogo hispánico de todos los tiempos https://www.revistaecclesia.com/catolicos-y-cientificos-elio-antonio-de-nebrija-por-alfonso-v-carrascosa/.

En la web de la Real Academia de la Lengua encontramos una sucinta biografía de Julio Casares Sánchez, algo inabarcable en detalle en un espacio como este, por lo que la transcribimos íntegra:

Biografía

«Tomó posesión el 8 de mayo de 1921 con el discurso titulado Nuevo concepto del diccionario de la lengua. Le respondió, en nombre de la corporación, Antonio Maura y Montaner.

Decimoquinto secretario perpetuo, fue elegido el 7 de diciembre de 1939, y ocupó el cargo hasta su fallecimiento, en 1964.

Nacido en Granada el 26 de septiembre de 1877, Julio Casares fue lexicógrafo, diplomático, crítico literario y traductor. Hizo estudios de Derecho, compaginados con clases de violín y lenguas modernas. Según se recoge en la biografía publicada en su web oficial, estaba acreditado «su conocimiento y dominio de hasta 18 idiomas».

En 1896, Casares comenzó su carrera diplomática y obtuvo una plaza, por oposición, en el Ministerio de Estado. Destinado en París, aprendió japonés en la Escuela Superior de Lenguas Orientales; dos años más tarde se estableció en Japón, en donde completó sus estudios. Consiguió una plaza de traductor de lenguas escandinavas en la Oficina de Interpretación de Lenguas del Ministerio de Estado, en donde poco después (1915) ascendió a jefe de Interpretación de Lenguas, puesto que ocupó hasta su jubilación en 1947. Fue delegado español en la Sociedad de Naciones de Ginebra y director de la Revue Pédagogique, boletín informativo de esta organización»

“En las primeras décadas del siglo XX desarrolló otra inquietud con la que obtuvo prestigio en el mundo cultural madrileño: la crítica literaria […]. Con estos ensayos, en los que trata Casares de mostrar los resultados de sus lecturas personales, se le abren las puertas de muchos periódicos nacionales que requieren su colaboración”, según explica Jorge Martínez Montoro en el Diccionario biográfico español. Asimismo, colaboraba con reflexiones lingüísticas sobre incorrecciones ortográficas, léxicas y gramaticales. Estos artículos fueron recopilados en varios libros, como Crítica profana (1916), Crítica efímera (1919), El humorismo y otros ensayos (1941), El diccionario como instrumento y el diccionario como símbolo (1942), Divertimentos filológicos (1947), Cosas del lenguaje (1961) y Novedades en el diccionario académico (1965).

Su pasión por las lenguas lo llevó a interesarse por la lexicografía. Publicó dos diccionarios bilingües: el Nuevo diccionario francés-español y español-francés (1911) y el Diccionario breve francés-español y español-francés (1921). En 1942 apareció su obra más conocida: la primera edición del Diccionario ideológico (de la idea a la palabra y de la palabra a la idea), obra en la que «por primera vez la totalidad del vocabulario español aparecía como un cosmos ordenado, a disposición de quienes quieran indagar su ordenación interna, su peculiar estructura, su “forma interior”, en la terminología humboldtiana. Cumplía así Casares uno de los postulados de la lexicografía y semántica actuales, que desde Trier y von Wartburg hasta Ullmann y Matoré, preconizan el estudio de las palabras por campos de significación», según destaca Rafael Lapesa en una necrológica publicada en 1964 en el BRAE.

Considerado un académico muy activo, dirigió tres ediciones del Diccionario, revisó la segunda edición del Diccionario manual, se ocupó de las Nuevas normas de prosodia y ortografía, dirigió el Seminario de Lexicografía, coordinó el Diccionario histórico de la lengua española y fue miembro de la Comisión de Gramática.

Además, acercó la labor de la Academia al público con sus artículos en ABC, aparecidos a lo largo de cinco años, el último en 1964, bajo el título «La Academia trabaja». Julio Casares murió en Madrid el 1 de julio de 1964».

Una más extensa biografía se encuentra en https://dbe.rah.es/biografias/11121/julio-casares-sanchez. Incluso disfruta de una web personal https://juliocasares.es/. En ellas tampoco se menciona su faceta católica. Sin embargo sí encontramos la misma claramente referida en la Tesis doctoral de Elisa Isabel García Girón ‘Julio Casares Sánchez. Biografía social, cultural y política de un hombre público’ ( Tesis Doctoral, Universidad de Granada,2005). Por lo que parece una clara exposición de sus profundas convicciones católicas se hayan en sus ‘Memorias’, hasta ahora inéditas.

Familia tradicional católica

En dicha obra se comenta que Julio Casares provenía de una familia tradicional católica, de diez hermanos, de padre empleado de telégrafos. Estudió en los Escolapios de Granada, por tanto recibió religión en la escuela, algo de lo que hoy algunos abominan porque creen, sin base científica alguna, que la Iglesia Católica es enemiga de la ciencia. Pues veamos un ejemplo más de lo contrario. A los cinco años tuvo su primer violín, a los nueve dio su primer concierto en ‘Conciertos sinfónicos de la Alhambra’. Fue calificado de niño prodigio por la prensa. Se trasladó a Madrid con toda la familia, y siguió estudios musicales en el Real Conservatorio, donde conoció a su novia, que terminaría siendo su esposa, con la que formó una numerosa familia. Tocó en el Teatro Real y otros lugares de Europa, pero abandonó la carrera musical sobre 1892. Se licenció en Derecho, renunció a una plaza a Correos y Telégrafos, ganada por oposición, y sacó otra de Joven Aspirante a Lenguas. Hacia el 98 traducía más de 20 idiomas, caso extraordinario reconocido internacionalmente.

En esta tesis doctoral se menciona su probable ideología liberal-conservadora, con la que se sumó al conocido como Regeneracionismo. Hizo carrera diplomática, y en 1910 se convirtió por oposición en funcionario del Ministerio de Estado como Jefe Interpretación de Lenguas. Fue en 1921 designado representante Sociedad de Naciones, donde llegó a proponer el conocido como ‘Tratado Casares’ que regulaba la lucha contra la droga y el control contra los estupefacientes. Apoyó neutralidad España 1ª Guerra Mundial. Entró a la Real Academia en reconocimiento a sus aportaciones. Ejerció una discreción extrema en lo político, aunque se le ha llegado a alinear con la Democracia Cristiana, en la que nunca militó. Escribió en diarios, en ABC durante 40 años, también en El Debate, ambos de perfil católico. En la Guerra Civil perdió a un hermano y varios sobrinos. Luego perdería a dos de sus siete hijos, por diversos motivos. Poco a poco fue alejándose de la política, manteniéndose más cerca de la Monarquía que de la dictadura de Franco.

Amplia y rica carrera

Fue director del Instituto Miguel de Cervantes de Filología Hispánica, que fue rebautizado en 2007 y por ello ahora carece de historia incluso en su web. Julio Casares, fue por tanto de familia liberal-conservadora de profundas convicciones católicas que él heredará sin fisuras. En relación al efecto que le produjo recibir religión en la escuela de los escolapios dejó escrito en sus memorias: ‘Son tantos los motivos de gratitud que me acuden a la memoria al evocar mi paso por las Escuelas Pías…Citaré tan sólo el hecho, cuyo mérito excepcional apreciarán los doctos, de que un maestro ilustre, que no citaré para no ofender su modestia, lograse hacerme fácil y atractivo el aprendizaje del latín ¡a la edad de nueve años! ‘ refiriéndose al padre escolapio Jiménez Campaña. Fue lector empedernido de Fray Luis de Granada y de san Juan de la Cruz. Refiriéndose en sus Memorias al éxito de sus oposiciones dice ‘…he llegado a ser con la ayuda de Dios un número de escalafón’. Sobre la obra de Wenceslao Fernández-Florez dejó escrita una reflexión en el artículo ‘Volvoreta’ en 1919: ‘ En esta colección formada con ensayos filosóficos, cuentos trascendentales, pensamientos y máxima donde alternan las páginas delicadamente humorísticas con bocetos poéticos y profundas meditaciones a cerca de los más graves problemas de religión, moral social…¿Qué significan la religión, el arte y la filosofía sin el eterno anhelo de la Humanidad para desentrañar la “tesis de la obra” y comprender el papel tragicómico que en ella le ha correspondido?’.

En su obra ‘Crítica efímera’ (1919) manifiestó sin ambages su profundo respeto a la fe católica. Propugnó una modernización, internacionalización, de la sociedad, sin renunciar al catolicismo. Rechazó los anticlericalismos y las políticas y políticos que los defendieron. Manifestó su desacuerdo con posturas extremas como el control ideológico ejercido en Rusia por el comunismo. También rechazó el fascismo, los asesinatos planificados en los campos de concentración. Le afectaron mucho los atentados contra la fe católica perpetrados a lo largo de la Edad de Plata y en especial durante la la República. La Guerra Civil le sumió en un profundo dolor y tristeza, refugiándose en su fe, la música y la familia, dice la autora de la tesis doctoral.

Más que elocuente resulta el relato en sus Memorias de su detención en Arturo Soria por dos mozalbetes ‘demócratas’ del Frente Popular que le hicieron subir a un camión…la inminencia de la muerte le llevó a relatar literalmente que ‘…La primera reacción, recuerdo, fue la de encomendarme a Dios, pedirle un acto de verdadera contrición y a ser posible, ánimos para morir con dignidad…’ le salvó disponer entre su documentación del carnet de Delegado en la Sociedad de Naciones, ante comentarios como ‘…tenemos mucho trabajo que hacer…’. ‘Cuando acabe la Guerra, si Dios quiere que se acabe como esperamos las personas decentes, se publicarán por docenas en forma cruda o novelada, testimonios directos e irrecusables de quienes presenciaron las atrocidades más abyectas y monstruosas que puede concebir una mentalidad criminal. Estos relatos darán, a quien quiera informarse, una visión aproximada del infierno que estamos viviendo varios millones de personas’, dejaría también escrito en sus memorias.

La elección secretario perpetuo de la RAE sucedió pocos meses antes de estallar la Guerra Civil, por lo que fue un intelectual de altísimo prestigio reconocido en la Edad de Plata, en la que no me cansaré de decir que hubo de todo pero sobre todo católicos en las filas de la ciencia y la vida académica.

‘Como hombre muy creyente, se sintió, al menos atraído, por todos aquellos grupos que otorgaron prioridad a los ideales de la fe católica’, dice la autora de la tesis doctoral, añadiendo que vivió un ambiente de ‘Profunda fe y religiosidad, heredada sin recortes’.

Casares fue muy sensible a las políticas anticatólicas, rechazándolas. Simpatizó con posturas políticas respetuosas con el catolicismo al que tanto quiso y con el que tanto se identificó y amó, llegando incluso a criticar lo criticable del mismo. Cercano a la monarquía parlamentaria, permaneció firme en él el concepto de ética, fe católica y moral sumado a una cierta liberalidad e independencia ideológica.

En este 500 Aniversario de Nebrija y 80 Aniversario de la fundación del Instituto Miguel de Cervantes de Filología Hispánica del CSIC, del cual el actual ILLA es heredero directo, junto con el 145 aniversario de su nacimiento, bueno es que rindamos este merecido homenaje a Julio Casares Sánchez, en el que fe católica, ciencia, y academia se conjugaron de manera armoniosa, como en tantos y tantos otros.



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