Opinión

Católicos y Científicos: Julia Ochoa Vicente, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

Católicos y Científicos: Julia Ochoa Vicente, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

Julia Ochoa Vicente (Navarra, 1881 – Roma, 1977) fue una mujer que se dedicó a la investigación científica en pedagogía en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas CSIC sin abandonar la religión católica, que profesó toda su vida, formando parte de la Institución Teresiana que fundara el mártir san Pedro Poveda, cuya memoria hemos celebrado recientemente.

 

Obtuvo el título de maestra en la Escuela Normal de Bilbao, continuando después sus estudios en la Escuela de Estudios Superiores del Magisterio en Madrid, Sección Ciencias, tras lo cual sacó en 1919 una plaza de profesora numeraria de Escuela Normal con destino a Cuenca, donde trabajó de 1919 hasta 1928, siendo nombrada concejal del Ayuntamiento de esta ciudad y más tarde promocionada a Tercer Teniente Alcalde durante el gobierno de Primo de Rivera. Tras la Guerra Civil pasó a la Escuela Normal de Salamanca en la que fue Profesora Numeraria de Pedagogía de 1938 a 1939. En años sucesivos recorrió las Escuelas Normales de Madrid, Guadalajara y Toledo.

Finalmente de 1941 a 1961 se dedicó a la investigación científica en pedagogía en el Instituto San José de Calasanz del CSIC de Madrid, siendo encargada de la Sección de Bibliografía Pedagógica, donde continuó el trabajo científico de su maestro, Rufino Blanco Sánchez, asesinado en las matanzas de Paracuellos en 1936. Participó activamente en muchos congresos pedagógicos. Su obra fundamental fue “Bibliografía Pedagógica de las Obras publicadas en los años 1930-1935” (Madrid, Instituto de Pedagogía San José de Calasanz, CSIC, 1947). Asimismo, fue autora del número bibliográfico anual de la revista Bordón, que se publicó desde 1949.

El Instituto San José de Calasanz de Pedagogía del CSIC fue creado en 1941. El entonces Ministro de Educación, José Ibáñez Martín, de la Asociación Nacional Católica de Propagandistas y fundador del CSIC, refiriéndose a san José de Calasanz dijo : “significó una auténtica revolución docente en las horas inmortales de nuestro Siglo de Oro. Contra las supuestas novedades educativas con títulos y etiquetas exóticas, la pedagogía calasancia fue la genial anticipación de nuestra Patria a la más pura forma del humanismo docente y al más audaz ensayo de pedagogía social de los tiempos modernos”. Este centro de investigación continuó después de la Guerra Civil con las innovaciones pedagógicas conquistadas en años anteriores principalmente durante la monarquía parlamentaria y católica de Alfonso XIII, innovaciones que no fueron ni mucho menos monopolio ni del laicismo ni de la Institución Libre de Enseñanza, como los laicistas siguen intentando hacernos creer.

Para dirigir el Instituto se nombró al padre Manuel Barbado Viejo, porque se tenia muy claro que la religión no era incompatible ni con la ciencia ni con la escuela. En torno al Instituto se recuperó la confesionalidad de la enseñanza. El 50% de la plantilla del mismo fueron mujeres: ¡La paridad conseguida en un ambiente confesional! ¡Algo que hoy es difícil de ver en instituciones regidas por ateos, materialistas, laicistas o progres! Siendo vicesecretaria del instituto Julia Ochoa Vicente, en 1944, se incorporó Maravillas Segura Lacomba para hacerse cargo de las Misiones Pedagógicas, que ni empezaron en 1931 ni terminaron en 1936, teniendo además desde sus inicios las mismas una clara inspiración católica. Gloria Higuera se encargó de la Biblioteca de estas Misiones.

Julia Ochoa fue Administradora General, Presidenta de la asociación de Cooperadoras Técnicas, Secretaria General, Consejera de Gobierno y Vicedirectora General de la Institución Teresiana

Una mujer, científica, católica, profesional de la pedagogía. Para que luego digan algunos que si la Iglesia Católica esto, o que si la Iglesia Católica aquello.

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