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Opinión

Católicos y científicos: Jovellanos, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

Católicos y científicos: Jovellanos, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

Gaspar Melchor de Jovellanos ( 1744 –1811), fue un escritor, jurista y político español –llegó a ostentar el cargo de Ministro de Gracia y Justicia- que vivió durante la Ilustración Española, período en el que se verificó en nuestro país un desarrollo científico y cultural bastante a la par que en otros países de nuestro entorno, y en el que la Iglesia Católica y sus miembros jugaron un papel crucial.

Sí, porque en el ideario colectivo Iglesia y ciencia, o religión y fe persisten como incompatibles, algo que no se ajusta a la verdad histórica al menos en España. Al respecto, uno puede hacerse una idea de lo mismo con tan sólo visitar la exposición “La vid, el vino y el CSIC. Dos siglos de investigación”, que se exhibe en el Real Jardín Botánico de Madrid, y en la que se alude a ilustrados como Simón de Rojas Clemente, discípulo del sacerdote valenciano y botánico de enorme prestigio internacional, Cavanilles, que formó escuela con otro cura científico botánico, José Celestino Mutis, todo ello en el incomparable marco de uno de los jardines botánicos más bellos del mundo, cuyo primer director, José Quer, fue también un ilustrado católico, como lo fueron los arquitectos que diseñaron y construyeron el jardín, Sabatini y Villanueva, etc., etc., etc.

Jovellanos, que fue miembro de la Real Academia de la Historia (1779), de la Real Academia de San Fernando (1780) y de la Real Academia Española (1781), intentó disminuir el poder de la Inquisición, y jamás apostató de su fe, que recibió como tantos a través de su familia y de la escuela: recibió religión en la escuela. Cursó estudios eclesiásticos aunque no se ordenó sacerdote. Pero en palabras de un experto en Jovellanos, don Javier Gómez Cuesta, párroco de san Pedro de Gijón, renunciar a la carrera eclesiástica no significó apostatar de su fe “Prueba de su gran nobleza es que de aquel compromiso de fe nunca se apeó. Fue un católico practicante y jamás dejaría de manifestarlo. Creo que pudo afrontar el exilio en Mallorca merced a la fe que tenía. Allí hizo sus comentarios a los salmos, que conocía muy bien, así como las escrituras; mantuvo grandes charlas con el abad de Valdemosa, rezaba el oficio a diario… Del expolio que sufrió su equipaje en Zaragoza pudo salvarse uno de sus comentarios a los salmos”.



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