Opinión

Católicos y científicos: José María Villaverde y Larraz, por Alfonso V. Carrascosa

Se cumple el centenario del Instituto Cajal, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), momento que parece propicio para recordar a un miembro de la denominada Escuela Neurohistológica de Cajal formada por nuestro primer premio Nobel en Fisiología o Medicina, Santiago Ramón y Cajal, el médico católico hasta la médula José María Villaverde y Larraz (1888-1936) que fue asesinado en la Guerra Civil.

Discípulo directo de Santiago Ramón y Cajal en Madrid, donde recibió el doctorado en 1919. Villaverde estudió más tarde con Alois Alzheimer y en Zurich con Eugen Bleuler, de forma que a su vuelta a España se convirtió en su principal valedor. Villaverde tradujo al castellano el Lehrbuch der Psychiatrie de Bleuler en 1924, tarea para la cual se necesitaba la creación de un vocabulario psiquiátrico nuevo. El mismo señaló que hasta entonces no había habido en España una terminología realmente psiquiátrica. Como discípulo de Bleuler, Villaverde también pasó por una fase psicoanalítica, en el Hospital del Buen Suceso de Madrid, que terminó como en otros psiquiatras, dejando de creer en Freud por reduccionista y simplista, incapaz de explicar la realidad, como todo lo ideológico. Según Olga Villasante, autora de su biografía para el Diccionario Biográfico Español, debido sus convicciones católicas —la Iglesia católica fue de las primeras instituciones en criticas las teorías de Freud como ideológicas más que científicas— Villaverde terminó escribiendo duros ataques al psicoanálisis, del que discrepaba tanto por su estilo teórico como por haber dado demasiada relevancia a la etiología sexual de los desórdenes psicológicos. Villaverde completó su formación neurohistológica con  Pío del Río Hortega, discípulo de Cajal.

Villaverde también destacó en psiquiatría forense siendo perito de la defensa en sonados procesos de la época, como el del “crimen de Galapagar” o el del “crimen de Aravaca”, o en el terreno de la Higiene mental, colaborando con asociaciones como la “Agrupación española de padres y protectores de anormales mentales y enfermos mentales”. Villaverde hizo en los ámbitos de la neurología, la psiquiatría, la histología y la psicología 111 publicaciones a la altura de 1934. Ese mismo año Villaverde obtuvo la plaza de profesor de neurología psiquiátrica del Manicomio de Alcalá de Henares de la Diputación Provincial y ocupó la vacante que Cajal había dejado en la Academia Nacional de Medicina.

El doctor Villaverde era, como su maestro Cajal, conservador y monárquico, así como católico practicante. Además participó en el partido Renovación Española, monárquico y católico.  Al estallar la guerra se ausentó de su domicilio en Madrid, trasladándose a vivir a una pensión donde el 29 de septiembre de 1936 fue detenido por miembros del Frente Popular, ahora tenidos por la memoria histórica como adalides del desarrollo científico español, y tras pasar por la Checa de Fomento, acabó con su vida en Paracuellos del Jarama (Madrid) en 1936. Su asesinato contrasta con la actitud que Villaverde había tenido a principios de abril de 1931, antes de la proclamación de la República, con ocasión de la solicitud fiscal de pena de muerte para el doctor José Bago, implicado en la sublevación republicana de diciembre de 1930 en San Sebastián. En esa ocasión Villaverde firmó, junto a un nutrido grupo de profesionales, una carta solicitando la benevolencia del tribunal. Entre los firmantes se contaban Juan Negrín, Gonzalo Rodríguez Lafora, Sanchís Banús, Gregorio Marañón, Jiménez Díaz.

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