Católicos y científicos: José María Otero Navacués
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Católicos y científicos: José María Otero Navacués

Por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

El 27 de noviembre de 2012 tuve el honor de ser invitado a la presentación del libro “José María Otero Navascués. Ciencia y Armada en la España del siglo XX”, que se realizó en el Salón de Actos del CSIC (c/ Serrano 117, Madrid), acto en el que  intervinieron Emilio Lora-Tamayo D´Ocón, Presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas;  Carlos Pérez Fernández-Turégano, Autor del libro;  Javier Otero de Navascués Domínguez – decimocuarto y último hijo del personaje- y Esperanza Aguirre y Gil Biedma.

Fue una auténtica gozada porque parecía un acto propio del Año de la Fe, ya que se habló de la altísima calidad científica al tiempo que de las profundas convicciones católicas que presidieron su vida. http://publiblogdelcsic.blogspot.com.es/2012/11/se-presenta-el-libro-jose-maria.html.

Jose Mª Otero Navascués (Madrid 1907-1983), Marqués de Hermosilla, fue un militar científico español, dedicado a las ciencias físicas, interesado en principio por la metalurgia pero finalmente decantado por la óptica. Nació el año en que Alfonso XIII fundó la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE), un año después de que Santiago Ramón y Cajal recibiera el Premio Nobel de Fisiología o Medicina por el descubrimiento de la neurona, momento del nacimiento de la moderna neurociencia, cuestión directamente relacionada con este Año de la Neurociencia 2012. Tras la Guerra Civil fue fundador del Instituto de Óptica Daza de Valdés (CSIC). Se le atribuye el descubrimiento de la miopía nocturna. Por haber sido director de la Junta de Investigaciones Atómicas y director de la Junta de Energía Nuclear (presidente de 1958-1974) –en la que se instaló el primer reactor nuclear de España- y por haber construido la primera central atómica –la de José Cabrera, en Guadalajara- se le considera el padre de la energía nuclear española, en la que España llegó a ocupar el séptimo lugar en el mundo. Llegó a presidir el Comité Internacional de Pesas y Medidas, y fue nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Valencia, Rouen y Lovaina.

De familia católica, fue un hombre de misa diaria, y según Manuel Lora-Tamayo “…de gran sentido moral y profunda religiosidad…”. Hizo explícitamente patente su fe en su vida pública. Impartió una conferencia en la Asamblea General de los Organismos Internacionales Católicos (APJON), celebrada en París (12-15 de marzo de 1954), titulada “El científico católico en los mediados del siglo XX”. Reconoció en dicha conferencia la existencia de científicos que antes que él estudiaron o comentaron el fenómeno de la miopía nocturna, su gran descubrimiento. En sus discursos empleó a menudo un lenguaje científico y teológico. Tuvo relación con la Federación Internacional de Hombres Católicos (Unum Omnes), Pax Romana, Acción Católica, Asociación Católica de Propagandistas (en 1962) –a la que llegó a pertenecer- y uno de sus más interesantes logros fue la puesta en marcha de la Obra Católica de Asistencia Universitaria, dedicada a la acogida de estudiantes cristianos perseguidos en países socialistas. Por sus servicios a la Iglesia universal Otero recibió del Vaticano la Gran Cruz de san Silvestre y el nombramiento de Comendador con placa de la Orden de san Gregorio Magno.

A los 26 años se hizo de Acción Católica, concretamente en 1933. Iniciada la Guerra Civil, se refugió en la Embajada de Noruega, en Madrid, para evitar ser asesinado por los demócratas del Frente Popular. De sumo interés sobre este particular es la lectura del libro de Schlayer, Cónsul de Noruega en España (“Diplomático en el Madrid rojo”.Ed. Espuela de Plata, 2008). En 1941-42 en nombrado vocal colaborador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. En 1946 fue nombrado vicepresidente 2º del Consejo Superior de Hombres de Acción Católica. También fue nombrado vicepresidente de la Federación Internacional de las Asociaciones de Hombres de Acción Católica (FIHC), en 1951, de la que acabaría siendo presidente en 1954, dedicándose con intensidad a la protección de los católicos en los países socialistas. En 1952 fue nombrado vicepresidente de la Comisión Española de la UNESCO. Fue impulsor de la creación de la Obra Católica de Asistencia Universitaria (OCAU), organización internacional que dio becas para estudiantes exiliados de los países socialistas, respondiendo así a la súplica de Pío XII para que se les ayudara, y estando en ella involucrado el entonces obispo de Madrid, don Casimiro Morcillo. En 1946 fue nombrado su presidente.

Su relación con el CSIC comienza como secretario del I. de Física Alonso de santa Cruz, del cual fue director Julio Palacios – con quien había colaborado en el Laboratorio de Investigaciones Físicas-  en el que surgió la Sección de Óptica, de la que Otero fue nombrado jefe en 1940. En 1946 se creó el I. de Óptica Daza de Valdés, del que Otero fue nombrado director. Ya fundó con anterioridad el Laboratorio de Óptica en el Ministerio de la Marina, en 1934, vinculado al Laboratorio de Investigaciones Físicas. Gestiones directas de Otero posibilitaron la recuperación para la investigación de un histórico, Miguel Catalán, a quien Franco había dejado sin cátedra, consiguiendo para él la devolución de su cátedra y nombrándole jefe del Depto. de Espectros del I. de Óptica Daza de Valdés.

Además, en el campo docente, creó los estudios de óptica. En 1956 fundó en el CSIC la Escuela de Anteojería, y en 1972 la Escuela Universitaria de Óptica de la UCM, y la de Tarrasa, de la UPB. Creó además el Centro de Investigaciones de la Armada (CIDA), la Empresa Nacional de Óptica (ENOSA). En 1964 creó el I. de Estudios Nucleares de la JEN. Ofreció un proyecto en El Escorial para la construcción del CERN. En 1953 involucró al CSIC Comité Internacional Permanente de Pesas y Medidas, siendo nombrado vocal por España – era ya miembro del Comité Consultivo de Fotometría (CIPM), que presidió en 1954- y presidente en 1968.

Para ver sus nombramientos y cargos, visitar la página de la Real Academia de Ciencias http://www.rac.es/2/2_ficha.php?id=309&idN3=39&idN4=53&i=2, o mejor, comprar el libro.

 

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Sobre el autor Alfonso V. Carrascosa Santiago

Alfonso V. Carrascosa es Doctor en Ciencias Biológicas y científico del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), dedicado a la investigación en Historia y Documentación de las Ciencias Naturales en España (HISTORNAT). Coordina el Grupo de “Historia de la Microbiología Española” de la Sociedad Española de Microbiología (SEM), y realiza difusión de la cultura científica. “Como es obvio, lo manifestado en sus artículos no tiene por qué coincidir con el posicionamiento, ni reflejar los puntos de vista de las instituciones en las que desarrolla su actividad”.

Alfonso V. Carrascosa Santiago

Alfonso V. Carrascosa es Doctor en Ciencias Biológicas y científico del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), dedicado a la investigación en Historia y Documentación de las Ciencias Naturales en España (HISTORNAT). Coordina el Grupo de “Historia de la Microbiología Española” de la Sociedad Española de Microbiología (SEM), y realiza difusión de la cultura científica. “Como es obvio, lo manifestado en sus artículos no tiene por qué coincidir con el posicionamiento, ni reflejar los puntos de vista de las instituciones en las que desarrolla su actividad”.

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