Opinión

Católicos y científicos: José Arévalo Baca, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

Católicos y científicos: José Arévalo Baca, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

Se celebra el próximo 1 de octubre el día mundial de las aves. En el Museo Nacional de Ciencias Naturales se van a llevar a cabo este fin de semana unos actos conmemorativos de la efeméride, haciéndola coincidir con el centenario del nacimiento de Francisco Bernis Madrazo, “El Bernis”, como le llamábamos en la facul, que fuera catedrático de la Complu y probablemente el más importante ornitólogo español del siglo XX. Y precisamente relacionado con la ornitología y en homenaje a “El Bernis” que tantas y tan buenas clases me dio, nuestro personaje.

Se trata del primer compilador exhaustivo de nombres de aves y pionero del espíritu conservacionista con el que se las debía de tratar, José Arévalo Baca (1844-1890) fue uno de esos pioneros de la conservación ajenos a la Sociedad Española de Historia Natural, pero relacionado eso sí con la Real Academia de Ciencias Físicas, Exactas y Naturales.

Catedrático de Valencia y autor de la obra “Aves de España” (1887) de la que “El Bernis” llegaría a escribir “ Desde esa fecha [1887], este fue el más compendioso tratado sobre aves en España. Libro de obligada consulta durante los siguientes 30 o 40 años” (Bernis, 1998). De las primeras alusiones preclaras de Arévalo Baca se encuentran las realizadas en torno a la Laguna de Fuente Piedra, cuya desecación, propugnó, tendría graves consecuencias sobre la flora y fauna próxima, teniendo en cuenta que en la época las zonas lacustres eran tenidas como insalubres. También se dedicó a defender el valor de las especies más allá de su utilidad desde el punto de vista humano, cosa que no hacían los krausistas – a los cuales se les venera en la actualidad – que dividían las especies en útiles e inútiles. Decía Arévalo, adelantándose a toda la obra de Félix Rodríguez de la Fuente, que logró dar la vuelta a la legislación franquista anti-rapaces y anti-lobo, que “…las aves de rapiña tienen una misión que cumplir provechosa en general y que si consumen para su alimento algún animal de que hace uso el hombre, en cambio libran al agricultor de varios que perjudican mucho a sus plantíos”. Krausistas como Salvador Calderón, una decena de años después de dichas declaraciones de Arévalo Baca, decía refiriéndose al águila real que “como todas las falcónidas, es más bien perjudicial que útil”.

La cosa es que José Arévalo Baca era católico, calificado de “dogmático” por algunos de quienes han glosado su figura. Lo mismo sucedió con Celso Arévalo, que también trabajó en el Museo Nacional de Ciencias Naturales, y fue pionero de la ecología en España.

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