Opinión

Católicos y científicos: José Antonio Calderón Quijano, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

Católicos y científicos: José Antonio Calderón Quijano, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

Se cumplen 75 años de la fundación de la Escuela de Estudios Hispanoamericanos del CSIC (EEHA). Al frente de su puesta en marcha se encontró Jose Antonio Calderón Quijano. Este gordito con cara de buena gente era un profundo creyente que, con la fundación de la EEHA dio un enorme impulso al estudio del americanismo, impulso que llega hasta nuestros días y que es ejemplo de compatibilidad ciencia-fe.

Ya el 19 de abril de 1996, al año de morir el Dr. D. José Antonio Calderón Quijano, la EEHA le rindió homenaje dando su nombre a una nueva Aula inaugurada entonces con un exposición de la ingente cantidad de obras suyas, algunas publicadas durante su fecundo mandato como Director de la EEHA. Fue entonces cuando la Dra. Lourdes Díaz-Trechuelo dio testimonio de la fe de su maestro del siguiente modo:

“Quedaría incompleto este mal trazado cuadro si no hiciera referencia a su fe católica, raíz fecunda de la que brotaban sus virtudes humanas y sobrenaturales. Una fe que él vivió hasta sus últimas consecuencias, sin ningún alarde y con total sencillez”.

Añade Díaz-Trechuelo que en 1949 José Antonio Calderón obtuvo por oposición la cátedra de Historia de América de la Universidad de Barcelona, pero a los pocos meses, para el curso 1949-1950, era ya catedrático de la misma disciplina en Sevilla, donde comenzó un fecundo magisterio que sólo la muerte pudo interrumpir: al mismo tiempo que enseñaba en la Universidad tuvo en la Escuela los cargos de jefe de publicaciones y de la Biblioteca, secretario de la institución y Director de esta casa durante veintidós años

Dirigió treinta tesinas y diecisiete tesis doctorales. A su ingente labor científica añadir que recibió las Grandes Cruces de las órdenes de Isabel la Católica, Alfonso el Sabio y del Mérito Civil, otorgadas por el Gobierno español. La República Italiana lo nombró Gran Oficial del Mérito, y Perú le concedió la Encomienda de la Orden del Mérito Civil. Fue Colaborador Honorario del Instituto «Gonzalo Fernández de Oviedo» del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, y Socio de Mérito de la Real Sociedad Colombina Onubense. Las Academias sevillanas le abrieron sus puertas y fue miembro numerario de la de Buenas Letras y de la de Bellas Artes, y lo mismo en la Hispano Americana de Cádiz y en la Provincial de Bellas Artes de aquella ciudad. Fue también miembro correspondiente de la Real Academia de la Historia, de la Panameña de la Historia y de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística.

Un científico católico más, hecho concreto de la compatibilidad ciencia-fe, de la que probablemente se hable poco en las conmemoraciones a celebrar.

 

 

Print Friendly, PDF & Email