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Opinión

Católicos y científicos: Jorge Juan, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

Católicos y científicos: Jorge Juan, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

Jorge Juan (1713-1773) es muy conocido, y existen numerosos datos de él en internet.

No abunda precisamente en los hechos sobre los que queremos insistir aquí, que no son otros que aquellos que dan cuenta de que, sea cual fuere el nivel intelectual o la importancia que cada uno le dé –hay coincidencia en admitir su extraordinaria importancia en varios ámbitos del saber- se conozca que recibió religión en la escuela, y que fue católico practicante, como todos los que llevaron adelante la Ilustración Española.

Científico, además de humanista e ingeniero naval, recibió las primeras letras en el colegio de la Compañía de Jesús de Alicante bajo la tutoría de su tío don Antonio Juan, canónigo de la colegiata. Otro tío suyo, también católico practicante y Caballero de la Orden de Malta le mandó a Zaragoza para que prosiguiese sus estudios.

En 1734, todavía estudiando, se embarcó junto con Antonio de Ulloa, científico también católico al que se le atribuye la fundación del primer Gabinete de Historia Natural, antecesor del actual Museo Nacional de Ciencias Naturales, participando en la medición del meridiano terrestre y demostrando que la Tierra era achatada por los polos. Carlos III le encargó la dirección de Real Observatorio Nacional, en Madrid, en el Cerro de San Blas, observatorio por cierto cuyo telescopio –uno de los mejores de Europa de la época- Napoleón destruyó.

Perteneció desde los doce años a la orden de los Caballeros de Malta, orden religiosa católica en la que acabaría recibiendo el título de Comendador de Aliaga. Defendió la teoría heliocéntrica y la física newtoniana llegando a decir “No hay reino que no sea newtoniano y por tanto copernicano, más no por eso pretendo ofender a las Sagradas Escrituras” como hoy se acepta por la Iglesia Católica. Son numerosas las expresiones de creyente que emplea en su obra “Estado de la astronomía en Europa”, y en cuya obra argumenta porqué no se debe contraponer ciencia y religión. También en ella encontramos una semblanza de vida religiosa intensa que nunca abandonó.

En España el desarrollo científico lo han llevado a cabo los católicos hasta bien entrado el siglo XX, en el que se fundaron la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, en cuya puesta en marcha colaboraron católicos, y el CSIC, que echó a andar de la mano de un presidente, un secretario general y sus vicepresidentes, todos creyentes. En España, lo del materialismo y el ateísmo es muy reciente: el desarrollo universitario y científico ha sido cosa de la Iglesia Católica, como institución o a través de sus miembros.



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