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Opinión

Católicos y científicos: Jesús Carballo, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

Católicos y científicos: Jesús Carballo, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

Nació Jesús Carballo en Santiago de Compostela (1874) y murió en Santander (1961). Sus restos reposan desde 2008 en el Panteón de Hombres Ilustres de Santander. Se ordenó sacerdote en 1901, siendo también fraile salesiano. Además de los estudios eclesiásticos, cursó los de Música y Ciencias Naturales. Como científico, obtuvo su grado de doctor en 1922 con la tesis titulada «El Paleolítico de la costa cantábrica”.

Fue Carballo guía de la Familia Real en sus visitas a las cuevas de Altamira, El Castillo – que también enseñó a Santiago Ramón y Cajal-, Cullalvera y Morín, cuya excavación dirigió.  Y es que son muchos los curas y frailes españoles que además han sido y son científicos de prestigio. Carballo trabajó con otro cura científico, en este caso alemán, el famoso Hugo Obermaier (1877-1946), que creó en Madrid, donde se instaló, la cátedra de Historia Primitiva del Hombre.

Obermier y Carballo salvaron con el dinero del Duque de Alba las cuevas de Altamira, y pelearon hasta conseguir que fuese Monumento Nacional. Sorprendente: cuando muchos creen que la Iglesia es enemiga de la ciencia y de la teoría de la evolución, resulta que la joya más importante de la vida prehistórica del hombre en España la salvaron dos curas.

Carballo fue el primer español en utilizar la palabra espeleología, que la Real Sociedad de Historia Natural aceptó como denominación a la ciencia emergente de la que Carballo es considerado pionero en España. Carballo creó el Museo de Prehistoria de Santander del que fue director y descubrió restos de mamut en Pámanes (Cantabria) y restos de arte rupestre en Sepúlveda.

En 1910, Carballo presentó en el Congreso de Valencia de la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias una comunicación titulada “Fauna espeleológica de la Montaña”, en la que contaba el descubrimiento en cavernas de Cantabria de varias especies de las que no se tenía noticia en España: Ursus spelaeus, Hyena spelaea, Felis spelaeus, Bos primigenius, Rinoceros tichorhinos, etc. (osos, hienas, felinos, rinocerontes…).

En 1911, Carballo escribió sobre la “Mentalidad humana del troglodita cuaternario y del hombre primitivo”, y algo más tarde alguna novela de ambiente prehistórico, como por ejemplo, El Rey de los Trogloditas (1949), adelantándose a lo que ahora hacer Arsuaga sin parar, sobre el yacimiento de Atapuerca: es decir, fue pionero en divulgación y cultura científica antropológica. Precisamente en la Sierra de Atapuerca descubrió unas pinturas rupestres en la Cueva de Ibeas, en uno de sus viajes, de fecha muy anterior a los descubrimientos recientes sobre Homo antecesor, etc.

En la actualidad se transmite a la sociedad española desde posturas laicistas que la ciencia es patrimonio de unos pocos cuyo denominador común es o el agnosticismo o el ateísmo, con su correspondiente mitología materialista. Antes de que muchos de estos políticamente correctos nacieran, Carballo se ordenó sacerdote católico y peleó para que hoy esos mismos puedan disfrutar de las Cuevas de Altamira.

 

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