Revista Ecclesia » Católicos y Científicos: Jaime Ferrán, Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC
Opinión

Católicos y Científicos: Jaime Ferrán, Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

Católicos y Científicos: Jaime Ferrán, Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

Jaime Ferran (Tarragona 1851, Barcelona 1929) es probablemente el microbiólogo español más importante del siglo XX. Y decir eso es decir mucho, porque ha sido el desarrollo de la microbiología el que ha permitido que la esperanza de vida se dispare en el mundo occidental, frente a otras zonas donde la lucha por la supervivencia humana sigue librándose frente a los microbios fundamentalmente.

Una figura de su relevancia no escapó a la atención del CSIC – cumplió 70 años en 2009- que creó un Instituto de Microbiología “Jaime Ferrán” dedicado a su persona en 1950. Su vida y actividad han sido estudiadas abundantemente, sin embargo la faceta de sus creencias es absolutamente desconocida, como en tantos otros científicos de la época.

El Dr. Jaime Ferrán y Clúa, se licenció en Medicina en la Universidad de Barcelona en 1873. Se interesó por la microbiología con las investigaciones de Pasteur, también católico y científico. Desarrolló la primera vacuna contra el cólera, otra antitífica, otra antituberculosa, otra contra el tétanos, y obtuvo también éxitos importantes en la investigación contra la erisipela del cerdo y del carbunco y en la vacuna antipestosa. Mantuvo una estrecha amistad con el rey D. Alfonso XIII, aunque al morir sus enormes contribuciones a la ciencia médica no habían merecido el más mínimo reconocimiento de las autoridades españolas. No obstante sus extraordinarios avances fueron objeto de durísima polémica, que tanto sufrió, capitaneada entre otras entidades por El Ateneo de Madrid, donde se reunía la intelectualidad progre de su época.

En cuanto a su fé católica, fue pronto bautizado, como consta en su partida de bautismo:

“Don Joaquín Ibañez cura Regte de la Parroq Igla de la Villa de
Corbera del Obispado de Tortosa Prova de Tarragona Certifico:
que en uno de los libros de esta Parroquia a mi cargo, titulado de
Bautismos que principia en el año 1840 y concluye en el de 1844,
el fol. 100, entre otras, se alla la partida que a la letra dice, “En
la Parroquia Iglesia de la Villa de Corbera,Obispado de Tortosa,
día primero de Febrero del año mil ochocientos cincuenta y uno:
Yo el abajo firmado bauticé solemnemente según rit[…] la Santa
Iglesia a un niño que nació a las siete de la mañana del mismo
dia y puse por nombre Jaime, hijo de los consortes Juan Ferran y
de Liberata Clua, vecinos de la misma. Abuelos paternos, Juan
Ferran natural de Riudoms y Magdalena Llombart, natural de
Mora de Ebro: Maternos Jaime Clua y Rosa Homdedeu, natural
de […]. Padrinos lo fueron Jaime Clua y Magdalena
Llombart, á quienes advertí el parentesco espiritual y demás
obligaciones de padrinos. Juan Clua, Pbro. […].
Cuya partida concuerda fielmente con su original al que me
refiero y remito. Y […] libro la presente […] y sello con el de […] oficio parroquial en Corbera seis de setiembre de mil ochocientos
sesenta y uno.

Joaquín Ibáñez […]”

Lo más interesante de sus creencias se recoge en el libro “Todo por el amor de Dios y el de todos mis hermanos”, escrito por María del Milagro Descarrega Vallobá (2ª Ed. 1996, Ed. María del Milagro Descarrega Vallobá D.L.T. Nº 260-1992, 303 pp). En esta obra se recoge el testimonio oral de su prima Pilar, que estuvo años haciendo de maestra del hijo pequeño de Jaime Ferrán, quien decía:

El que no tiene fe en Dios es que no tiene cabeza. Porque nada anda sin que le des cuerda, como un reloj, como un coche. ¿Pero quién pone en marcha esta gran obra de la creación? Tantos planetas que giran alrededor del Sol; la Tierra, que es el planeta donde vivimos, con sus movimientos de rotación y traslación que es el día y la noche, los 365 días que tiene el año. Y la luna que gira alrededor de la tierra y tantas cosas, como el agua que nos da vida; como el aire que respiramos, que sin él nos moriríamos. Sólo Dios lo puede poner en marcha. Esto es la pura realidad, pues si nos faltase, chocaría una cosa con la otra y todo estallaría. En cambio yo sé que todas las noches que he pasado sin dormir por todas las vacunas que he descubierto, que puedo morir tranquilo, pues sé que todos mis trabajos no se perderán, pues vendrán otros haciendo lo mismo que yo”. (pág. 6, Prólogo).

Ferrán era primo hermano del padre de Doña María del Milagro Descarrega, por lo que ella siempre le consideró tío –el tío Ferrán– cuya madre murió teniendo él tres años, y esa señora era hermana de la abuela de la escritora del libro. El padre de Ferrán era médico y estuvo en Corbera D’Ebre hasta que se trasladó a Tortosa. En Tortosa, Ferrán terminó sus estudios. En Mora d’Ebre el último profesor que tuvo fue el Domino, hasta que dijo que él no le podía enseñar más. Por eso su padre se trasladó a Tortosa, para que pudiera seguir estudiando. Cuando venía a Mora de vacaciones las pasaba con su familia, hasta que nació el padre de la escritora y pidió que se llamase como él, Jaime, Jaime Descarrega (y su madre Ana Vallobá). La autora vuelve sobre el mismo argumento en la pág. 249-250:

Me gustaría recordar nuevamente las palabras de mi tío el Dr. Jaime Ferrán, las sé por mi prima Pilar, quien estuvo como institutriz de su hijo pequeño Santiago. Y como mi padre le entusiasmaba todo lo que estuviera relacionado con su primo; Pilar cuando venía y no hacía otra cosa que hablar de él. Una de las cosas que más recuerdo y que figuran en el prólogo de mis memorias, es que decía que “El que no cree en Dios, es un ignorante o no tiene cabeza” y así lo comentaba: “Yo sé lo que cuesta crear algo, toda mi vida la he dedicado al estudio y la investigación y sé las noches que he pasado en vela, pero me anima el pensar que todo mi esfuerzo no se perderá, pues vendrá otro detrás de mí y lo pondrá en práctica. ¿Pero quien puede poner en marcha lo que Dios ha hecho? ¡Nadie es capaz de ello! Así que Dios tiene que existir a la fuerza. Esta gran máquina de la creación ¿quién la pone en marcha? Yo con mi humilde razonar pienso: no hay nada que nade sólo, sin una mano que le empuje; un reloj no va si alguien no le da cuerda, ni un coche, ni una máquina de tren, etc…”. Pienso entonces en mi tío Ferrán y en esta gran máquina de la creación, con tantos planetas que giran alrededor del Sol. La Tierra donde habitamos, con sus movimientos de rotación y traslación, que son el día y la noche y las cuatro estaciones del año. La luna que gira alrededor de la Tierra. ¿Todo esto, quién lo pone enmarca? Hasta la cosa más insignificante, si faltara moriríamos. El aire que respiramos nos da vida; como las plantas, el sol, la lluvia. Todo lo necesitamos para poder vivir. Por esto las palabras de mi tío, quien quiera meditarlas un poco, verá que tiene toda la razón.

Hechos concretos de la compatibilidad de ciencia y religión o de razón y fe, son vidas como las del Dr. Ferrán.

Foto: El Dr. Ferrán vacunando



O si lo prefieres, regístrate en ECCLESIA para acceder de forma gratuita a nuestra revista en PDF

HAZME DE ECCLESIA

Añadir comentario

Haga clic aquí para publicar un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Cada semana, en tu casa