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Opinión

Católicos y científicos: Jaime Almera, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

Católicos y científicos: Jaime Almera, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

Jaime Almera (1845-1919) –o Jaume Almera- fue un presbítero español que dedicó parte de su actividad profesional al cultivo de la investigación científica. Hizo los estudios eclesiásticos a la vez que los de ciencias físicas y naturales, de los que acabó siendo doctor. Estos últimos los cursó en obediencia a su obispo, que quería que fuese profesor de ciencias naturales en el seminario conciliar. Se cumplen en la actualidad los 50 años de la fundación del Instituto de Ciencias de la Tierra del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) que lleva su nombre.

Pronto incorporó actividades prácticas a sus clases, y a partir de las colecciones que fue haciendo terminó montando un museo, el Museo de Pleontología y Geognosia del seminario de Barcelona. Por la necesidad de clasificar los fósiles, comenzó a estudiarlos, y acabo haciéndose socio de la Societé Géologique Française. En 1879 por el incremento de su actividad científica es elegido miembro de la Real Academia de Ciencias y Artes de Barcelona, de la que fue su presidente (1907-1908). Se convirtió en un experto de fósiles de moluscos españoles. Participó ya como experto en la elaboración del Mapa Geológico español, tarea en la que brilló por su exactitud y minuciosidad. Acabó siendo un geólogo con fama internacional.

Tras ser nombrado decano del capítulo de canónigos de la sede episcopal de Barcelona, daba su suldo íntegro al Hospital General de la Santa Cruz, del cual era administrador. En el Congreso Geológico Internacional de Londres de 1888, presentó un trabajo sobre moluscos marinos del género Cancellaria en el que aportaba la lista de más de 600 especies de moluscos fósiles españoles. En 1894, en el Congreso Geológico Internacional de Zurich, presentó un trabajo sobre los Graptolites del Tibidabo. Escribió el “Catálogo de los moluscos fósiles pliocenos de Cataluña” (1892) con el eminente paleontólogo Arturo Bofill. En el Congreso internacional de católicos de Bruselas de 1894, presentó un estudio sobre la flora pliocénica y en el de Friburgo leyó una memoria sobre mamíferos fósiles. Ingresó en 1878 en la Sociedad Geológica de Francia tres años después en la Real Academia de Ciencias y Artes de Barcelona, siendo además miembro académico corresponsal de la Academia Romana Pontificia (1895) y socio de la Sociedad Aragonesa de Ciencia Naturales (1902). También fué miembro de la Real Sociedad Española de Historia Natural.

La magnitud internacional y científica de su figura se aprecia en que varias especies llevan su nombre, entre ellas en el neuróptero descubierto por el jesuita Longinos Navás: Chrysopa almerai (en la foto). También tradujo alguna obra científica de gran importancia como “Lecciones elementales de Química moderna” (1874) de Wurz. Otro caso más de religión en la escuela y cura católicos que además es científico de prestigio internacional. ¿Cómo puede haber gente convencida de que la Iglesia Católica es enemiga de la ciencia?



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