Opinión

Católicos y científicos: Inocencio Jiménez Vicente, por Alfonso V. Carrascosa

Inocencio Jiménez Vicente (1876-1941) fue un abogado catedrático de universidad, que formó parte de la junta directiva de la Residencia de Estudiantes de Madrid y fue vocal de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas. Desarrolló como creyente convencido una importante obra social católica, siendo Fundador del Reformatorio del Buen Pastor en Zaragoza (1921), promoviendo sindicatos agrarios, cooperativas y grupos católicos, y fundando el Grupo de la Democracia Cristiana  en 1919. Depurado por el Frente Popular pudo salvar la vida huyendo.

Bautizado en la parroquia de San Pablo de Zaragoza, se licenció en Derecho por la Universidad de Zaragoza (1901), con Sobresaliente y Premio extraordinario, y se doctoró con la calificación de Sobresaliente en la Universidad Central ( 1904), tras cursar el bachillerato en las Escuelas Pías de Zaragoza, como Cajal: o sea, religión en la escuela, y no parece que le fuera mal la cosa como los laicistas se empeñan mintiendo en incompatibilizar. Se casó con Juana Salas, que fue nombrada en 1934 presidenta de la Confederación de mujeres católicas de España. Tuvieron tres hijos, José Antonio, que llegaría a ser Catedrático de Geotecnia, Vicente, que falleció con doce años, y María Natividad, que ganó el premio Duque de Alba de la Real Academia Española por un estudio sobre Forner y publicó una Historia de la Asistencia Social en España.

Recibió pensión de la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas JAE (1912), realizando estancias en Francia, Bélgica y Suiza, para ampliar sus estudios penitenciarios con trabajos como “Sociología en sus relaciones con las Ciencias Jurídicas”. En 1913 acompañó a un grupo de obreros que salieron a conocer las asociaciones obreras en diferentes zonas de Francia, Bélgica e Italia.

Desarrolló carrera docente iniciándola en 1902, como Auxiliar interino y gratuito o meritorio de la Facultad de Derecho de la Universidad de Zaragoza, comenzando a cobrar en 1904, año que pasó a ser Auxiliar numerario del tercer grupo. En 1906 ganó por oposición la cátedra de Derecho Penal en la Facultad de Derecho de la Universidad de Zaragoza. Su prestigio académico-científico le llevó —como a otros muchos católicos practicantes de los que ya hemos hablado aquí en Ecclesia Digital— a incorporarse como vocal a la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE), creada en plena Monarquía Parlamentaria Católica por Alfonso XIII en 1906. También acabó formando parte de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, al igual que la Residencia de Estudiantes en 1910, de la que fue miembro del Comité Directivo desde 1929.

Además ostentó multitud de cargos durante la denominada Edad de Plata, entre otros: Consejero delegado de la Caja de Previsión Social de Aragón y del Consejo del Instituto Nacional de Previsión. (1921-), Vicepresidente del Instituto Nacional de Previsión (1924-1931) y Presidente (1931-), Vicepresidente del Tribunal de Menores de Zaragoza, Miembro de la Sociedad General de Prisiones, del Consejo Superior de Menores, del Instituto Internacional de Sociología, Miembro del Patronato de Presos Libertos, Vocal de la Comisión de Libertad Condicional. En 1924 se le concedió la medalla de oro de Penitenciaría. Participó en la elaboración del Código Penal de 1928 y en la creación del periódico “El Noticiero”, colaborando en otros como “Paz Social”.

Durante la Guerra Civil fue profesor de la nueva Facultad de Ciencias Jurídicas, Políticas y Económicas creada en 1937 en la Universidad de Valencia, siendo depurado por el gobierno del Frente Popular por no ser adepto a su causa, pasándose inmediatamente a Zona Nacional en 1938 para evitar ser asesinado. Al terminar la Guerra Civil ganó una cátedra de Doctorado de Estudios superiores de Derecho Penal y Antropología criminal en la Universidad de Madrid. Además fue Vocal de la Comisión para reorganizar la vida universitaria, participando en la preparación del proyecto de la Ley de Reforma Universitaria de 1943.

Entre sus principales obras destacan:

  • La acción social en Bélgica; Zaragoza, 1904.
  • Vademécum del propagandista de sindicatos obreros; Zaragoza, 1909.
  • Vademécum del propagandista de sindicatos agrícolas; Zaragoza, 1909.
  • Veinte años de Previsión Social; Madrid, 1929.
  • Memorias del Instituto Nacional de Previsión desde 1931 hasta 1935. El Seguro Social y el privado; Madrid, 1934.
  • Las inversiones de los Fondos de Previsión; Madrid, 1927.
  • Id.; Madrid, 1934.
  • La unificación de los Seguros Sociales; Madrid, 1936, tercera edición.
  • La obra de los Homenajes a la Vejez; Madrid, 1934.
  • Los Tribunales Tutelares de Menores; Zaragoza, 1932 (lección inaugural del curso 1932-1933 de la Universidad de Zaragoza).

En el Homenaje a la memoria de Inocencio Jiménez (1943), en su Discurso del Excmo. Francisco Caballero Ibáñez, alcalde de Zaragoza, dijo de él: ‘Católico sincero, practicó el lema de que la vida sirva para la acción. Y así, con esta norma y sus profundos conocimientos científicos, dio vida a instituciones tan zaragozanas como la Asociación del Buen Pastor, los Tribunales Tutelares de Menores, los Reformatorios y demás obras auxiliares. En ellas, el apóstol buscaba salvar las almas; el jurista, actuaba un derecho fecundamente preventivo; el penalista, experimentaba un derecho sancionados…Con el mismo entusiasmo que trabajó en la Universidad, don Inocencio luchó en el periodismo, en la Acción Católica, en el Sindicalismo Agrario y en las de Previsión Social…Como apóstol social, don Inocencio Jiménez fue de aquellos “excelentes” católicos, en frase de Pío XI al hablar de los frutos de la “Rerum Novarum”, que colaboraron con los gobernantes como promotores de la nueva política social que señalaba el Papa y que ayudaron a ambas partes interesadas, pero de un modo especial a los obreros, fundando aquellas asociaciones preconizadas por León XIII’.

Por Alfonso V. Carrascosa

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