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Opinión

Católicos y científicos: Emiliano Aguirre, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

Católicos y científicos: Emiliano Aguirre, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

No todos los católicos que se quedaron en España tras la Guerra Civil eran fascistas. Ni siquiera franquistas. Ni siquiera nacionalcatólicos del nacional catolicismo entendido como ideología. Pero ese totum revolutum al que la historiografía laicista nos tiene acostumbrados, y que no es desmentido por quienes más réditos electorales consiguen con él – los socialistas sensu lato– aunque sepan que no es toda la verdad, progresa gracias a la ignorancia.

Y para eso nada mejor que hablar de Emiliano Aguirre (1925-), el padre de los yacimientos de Atapuerca, científico católico propagador de las ideas evolucionistas en conciliación con las creencias de la Iglesia Católica, hasta el punto de ser coautor del libro de la B.A.C. “La evolución”, donde un nutrido grupo de biólogos de la esfera católica como Francisco Bernis, Jose Antonio Valverde, Ramón Margalef, Salustio Alvarado, Miquel Crusafont, Bermudo Meléndez, entre otros, escribieron sobre el tema allá por el 1964 (M. Crusafont, B.  Meléndez y E.  Aguirre,  La Evolución, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1966).

Pero sobre todo, es cierto que a pesar de desencuentros puntuales – recogidos en obras como la de reciente aparición “Naturaleza y laboratorio”- la teoría de la evolución (hay que subrayar teoría, en el ámbito positivista,  porque nadie ha visto jamás transformarse una especie en otra, un pre-homínido en un homínido, etc.) es perfectamente compatible con la fé católica, cristiana incluso –salvo la secta de los equivocados creacionistas, que abogan por un literalismo bíblico, alejándose del Magisterio de la Iglesia- siempre que no se niegue desde el materialismo, es decir, ideológicamente, la existencia de Dios.

Proveniente de familia gallega católica de diez hermanos, comienza estudiando en las Damas Negras, los maristas, y sigue en activo, recibiendo junto al Cardenal Rouco el doctorado Honoris causa por la Universidad de Burgos en la misma ceremonia en 2007, Año de la Ciencia en España.

Al acabar el bachillerato ingresa en los Jesuitas, decidido a ser misionera. Algo que sus superiores no parecen permitirle. En 1942 ingresa en el seminario de Aranjuez, donde cursa dos años de noviciado y tres años de Letras. Entre 1947 y 1950 estudia Filosofía en Chamartín, en la Facultad Complutensis de la Iglesia. Por indicación también de los jesuitas fue dirigido hacia las ciencias naturales,  realizó cursos de verano sobre histología, anatomía y embriología microscópica del padre jesuita P. Jaime Pujiula. Terminó la carrera en 1955 en la Universidad Complutense de Madrid, licenciándose con Premio Nacional Fin de Carrera. Descubre pronto los yacimientos de Paracuellos del Jarama, del terciario, con Bermudo Meléndez y Leo Imperatori, paleontólogos importantes y católicos.

A los veintinueve años Emiliano se traslada a Granada para estudiar Teología (1955-1959), dando un seminario sobre Evolución en la Biblioteca de la Facultad de Teología de los jesuitas. Comenzó geológicas en Granada. Y descubrió treinta yacimientos nuevos. Pensionado en 1960 viaja a París para estudiar los fósiles de Granada, trabajando con celebridades tales como  con H. Tobien en la Universidad de Mainz y con A.C. Blanc en el Instituto de Paleontología Humana de Roma. Más tarde iniciaría su tesis doctoral sobre la morfometría de los elefantes, viajando a  Rusia, al Museo de Leningrado, donde estudia con el especialista en mamuts Vladimir Y. Garutt. iencias Antropológicas y Etnológicas en Moscú, pasa por Budapest donde es atendido por Miklos Kretzoi, que le facilita el estudio de los fósiles húngaros.

En 1974 obtiene una plaza de investigador en el CSIC en el Instituto Lucas Mallada. En 1969 se había creado en tal institución la sección de Paleontología Humana, que será dirigido por Aguirre hasta 1979, fecha en que se extingue el centro. También en 1974 abandonará a los Jesuitas, casándose al año siguiente. En 1976 localizaría el primer resto humano fósil en Atapuerca.

Católico, científico, paleontólogo, descubridor de Atapuerca…y podríamos seguir ¿se puede pedir más?



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